martes, 25 de junio de 2013

Entre col y col... Campeonato de Madrid de veteranos

Pues va a ser que “entre col y col, una lechuga” no es el caso y que lo vamos a dejar en algo así como… entre 800 y 800, ¡allá que van un 400 y un 200!




Se me acumulan las crónicas y las pruebas, pero es que ciertamente, esto de la pista es un “no parar”, si quieres puedes estar compitiendo todas las semanas, en diario, en finde, por la mañana o por la tarde, en cualquier lugar. Pero bueno, no es mi caso… al final lo que he intentado es entrenar todo lo bien que he podido, porque no he tenido mucho tiempo, ni para hacer fuerza, series más adaptadas, técnica, etc. etc. Así es que, de momento es todo lo que ha estado a mi alcance durante este último mes.

He descubierto la pista, he descubierto una distancia que me gusta y en la que podría estar cómoda… ¡aún sufriendo! lo de las posibilidades y las marcas, habrá que dejarlo para otro año, je je je, pero bueno, el 800 es una distancia que me gusta, ¿será porque el 8 siempre ha sido mi número favorito? ¡qué casualidad! Y mientras tanto, por el camino estoy aprendiendo, haciendo cosas que nunca me habría imaginado, sensaciones diferentes, encontrando una madurez mental y descubriéndome a mí misma… increíble lo que te puede aportar el atletismo y todo por casualidad.

Así es que, de esta guisa y en este plan, llego al Campeonato de Madrid de veteranos. Pero para mi sorpresa no iba a disputar el 800, sino que en “plan entrenamiento”, me toca inscribirme a competir un 400 y un 200… ¿no querías té? ¡pero si ni siquiera sé cómo salir de tacos! ¡voy a reventar! Pues ahí estaba, afrontando otra cosa más, una competición de velocidad y es que a lo más que había llegado era a hacer series de este tipo en los entrenamiento, pero competir… eso era harina de otro costal. Y justo la semana de antes, gracias a una súper “máster class exprés” que me dio la profesora de atletismo de mi peque, estaba intentando aprender a salir de tacos, con los chiquillos de velocidad que me quitaron las pegatinas hasta de las… ¡qué manera de correr! Fue un entrenamiento bonito de dos horas en las que me di cuenta de todas mis carencias, pero me lo pasé muy bien… gran escuela de atletismo la de Fuenlabrada.

Llega el día, 16 de junio de 2013 en Majadahonda… allá que me voy con Mario y los niños, un calor de morirse, pero un ambientazo increíble… pruebas por todas partes, peso, longitud, jabalina, velocidad, medio fondo… se respiraba ganas, energía, competitividad y nervios. Como es habitual, me confirmo y después de los saludos correspondientes, unos 40 minutos antes de la primera competición, me pongo a calentar, un trote, movilidad, un poquito de técnica de carrera, lo típico y mientras, la duda “¿salgo de tacos? ¿cómo lo voy a hacer si no tengo ni idea? seguro que me estampo o cualquier cosa”. Dándole vueltas al asunto, me paro a hablar un ratito con el entrenador de las Canguras y me aconseja que si no sé salir bien de tacos que no lo haga, que voy a perder más que a ganar, no voy a saber aprovecharlo y además, en veteranos no es obligatorio… con lo que vi el cielo (gracias por ese y los otros consejos).

Por fin, la hora del 400ml, nos llaman los jueces, una única serie y a la calle 3. Veo a algunas chicas colocarse los tacos, otras van a salir también de pie (menos mal, no soy la única) y se hace el silencio, oigo mi respiración, “a sus puestos”, avanzo hasta la línea, me late más fuerte aún, “listos”, ya no oigo nada más, me concentro, aguanto la respiración mirando al suelo y se oye el disparo. Salgo todo lo rápido que puedo, todo lo que me dan las piernas, sólo puedo pensar, “una vuelta y ya está” y veo a las chicas por delante de mí, tengo que seguirlas, intentar no quedarme atrás, ya voy por el 200 y casi no me he dado cuenta, pienso que me quedan 40’’ a lo sumo, pero noto la fuerza del lactato y casi no puedo avanzar, últimos 100 m, un esfuerzo más y lo tienes, ¡qué dolor!, veo la meta y las primeras chicas que la cruzan, no paro, hasta el final no se para, ahí está por fin y la cruzo, creo que en cuarto lugar.







¡Guau! Me tiro al suelo sin fuerzas, tengo la sensación de que lo he dado todo, no sé cuál ha sido mi tiempo porque no llevaba el crono, se acerca Mario a darme la enhorabuena y me dice que he hecho 1:08.52, ¡ni me lo creo! ¡qué subidón! El resto de compis del club me felicitan también y yo flipando… con las mismas, me voy a soltar un poquito, hago unos estiramientos y me siento a esperar mi siguiente prueba que no sé cómo voy a hacerla después de haberme vaciado de esa forma.

Unos 40 minutos después, vuelvo a calentar, sólo un poquito de técnica de carrera y unos progresivos para irme a la curva del 200. Increíble la sensación, otra vez la tensión, los nervios, las chicas colocándose, esta vez corro en la calle 2 y en la primera serie (luego habría otra), de nuevo sin salir de tacos. Ya estamos todas, por segunda vez en el día escucho las palabras “a sus puestos”, de nuevo avanzo hasta la línea de salida, “listos”, sólo veo el tartán y todos mis músculos están en tensión, se oye el disparo y no sé cómo lo hago, pero mirando al suelo salgo todo lo rápido que me dan las piernas, hago la curva y escucho los gritos de ánimos, enfilo la recta del 100, el dolor prácticamente me paraliza, pero veo a la segunda chica tan cerca que decido ir a por ella, imposible, casi sin fuerzas cruzo la meta entrando la tercera.








¡Bestial! La verdad es que no soy capaz de describir el dolor de las piernas, casi bloqueadas y la sensación de haberlo dado todo otra vez, ahora sí que me había vaciado, ahora sí que no me quedaba nada, ahora otra vez… contenta y con un tiempo de 30.98. ¡En mi vida había hecho un 200 a esta velocidad! ¡nunca antes había vivido todas estas emociones y sensaciones en un mismo día! Y yo pensando que no podía flipar más, pues todavía me quedaba algo para eso, je je je. Gracias otra vez a Mario, a mis pequeños y a mis compañeros que me felicitaron y animaron, “¡menuda curva que te has hecho! ¡ha sido la caña!”, ¡jaaaa, cómo mola!.

Con estas palabras, las felicitaciones, los ánimos por seguir avanzando y mejorando, se termina el día… al final, subiendo al pódium por dos veces y según mi categoría:
-          Segunda en el 400ml
-          Primera en el 200ml







Fue un bonito día, un gran día, me lo pasé muy bien con el ambiente, con la gente, mis compañeros, con Mario y los niños, con las pruebas, con mis retos, con mis miedos… y aunque la velocidad no sea lo mío, tengo que decir que me resultó divertida y excitante, nunca se sabe dónde puede estar el sitio de cada uno.


lunes, 24 de junio de 2013

Mi segundo 800

Pues vuelta a la pista, aunque esta vez ya había pasado por aquello de las dos vueltas, fui más pardilla aún por el desconocimiento del nivel de la prueba.

Miércoles 29 de mayo de 2013, XV Trofeo de Fuenlabrada, un meeting con bastante nivel, la verdad, aun estando ahí perdido en Fuenlabrada.




Ya cuando vi en la lista de inscritos las marcas me dije “¡leche! ¿a dónde voy?” y por supuesto, estuve acojonada durante los dos días de antes, dándole vueltas, ¿tenía algún sentido que me presentase a esa prueba? pero en fin, al final la cuestión era probar, hacer de nuevo esa “media” distancia, volver a retar a mi cuerpo contra aquellos 800 m y ver hasta dónde podía llegar.

Hasta el mismo día por la mañana estuve dudando de si hacerla o no, pero al final… ¿quién dijo miedo? ¿miedo a qué? ¿al ridículo? ¿a quedar la última? bueno… ¿y? Tenía que probar si de verdad me vendría abajo con una prueba de estas características, sabía que estaba fuera de lugar, pero quería probarme a mí misma que eso no me importaba, que un fracaso así no me iba a apartar de lo que quería hacer y de lo que pretendo hacer en un futuro, tengo que encontrar la fórmula, mi sitio… me gusta el 800 y quiero ir a por él.

Es evidente que ese día no me iba a servir de mucho, poco podía sacar de provecho con el nivel que había, pero al menos conseguí vencer mis dudas, al menos conseguí vencerme a mí misma, al menos conseguí ser valiente por intentarlo y no dejar de hacerlo.

“Tú a lo tuyo, haz tu carrera”.

Así fue que me presenté en el polideportivo Fermín Cacho de Fuenlabrada por la tarde. Primero mi pequeño corría 500 ml, lo cual me emocionaba mucho porque me encanta verle correr y pensé “¡madre mía! ¡si yo sólo tengo que correr 300 m más!”, este chiquitillo sí que es valiente… porque allí salió, disparado con todo lo que tenía dentro, dando algo más que una vuelta a la pista sin desfallecer, sin parar, hasta que llegó a la meta tan feliz y tan contento, eso sí, más rojo que un tomate. ¡Bien hecho Bruno!





Y llegó mi turno, así es que me fui a calentar, un trote, un poco de técnica de carrera, unos estiramientos y por fin, los últimos progresivos… ¡qué nervios! no sabía si sería calle libre, por calles y yo sin nada de idea al respecto, con lo que me volvieron a surgir las dudas. Mientras tanto, veía a las atletas por allí entrenando, tan seguras de sí mismas, concentradas, alguna con una planta espectacular y pensé “esta tía tiene que correr un huevo”. ¡Ay, qué paquete soy! Que si corría… allí estaba Khadija Rahmouni, campeona de España de 800, mientras yo intentaba probarme haciendo el ridículo y así me pasó.

Por fin nos informan los jueces, una única serie y  por calles, yo por supuesto, ni puñetera idea de lo que me iba a encontrar, por no saber… no sabía ni cuando podía ir a la calle 1, tuve que preguntar en el último momento casi (otro síntoma más de mi ignorancia), así es que… hasta que no pasara los conos azules, nada de nada… ¡ahí clavé el pensamiento en el que sólo había cabida para el color azul! Y para remate, me toca la calle 8, nadie por delante, ninguna referencia y a ver cómo salgo yo de ésta. Así es que con todos mis nervios y mi arsenal de dudas, esperé el disparo de salida… ¡y a correr!




En mi mente sólo estaban los conos azules, así es que empecé a correr casi en su busca sin darme cuenta del ritmo, de si me adelantaban o no (aunque me extrañó que no me pasara nadie) y una vez allí, a la calle 1 que fue cuando ya me encontré con todas las corredoras. No sabía nada de cómo iba, sólo vi a Mario en el 200 gritando “¿pero dónde vas loca?” y entonces comprendí que me había pasado, mi mejor 200 en 32’’ y claro, llegué al 400 en 1’12’’ con lo que, había firmado mi sentencia de muerte… ya notaba las piernas tocadas y las corredoras se iban. En el 500 se retiró la primera chica, más adelante se debieron ir otras dos (no me di cuenta) y cuando iba por el último 200, pensé que me iba a morir, iba la última como era de esperar y entonces se me pasó por la mente retirarme, no podía, ya no me daban las piernas, me estaba resultando un auténtico suplicio y de nuevo, otra de las chicas (con la que había corrido la otra vez), se retiró justo delante de mí a unos 150 m de la meta.

Fue cuando me di cuenta de que aquello no tenía mucho sentido pero a pesar de todo, me dije a mí misma que no iba a abandonar, que eso sería lo último que haría… aunque llegara la última, casi andando porque el ácido láctico me bloqueó las piernas, aunque hiciera el ridículo más espantoso, aunque mis hijos me vieran llegar la última, era mejor eso… demostrarles que no hay que rendirse a pesar de todo, que hay que intentar vencer cualquier adversidad… que eso siempre es preferible a retirarte y bajar los brazos, que hay que luchar hasta el último aliento para sentirnos satisfechos con nosotros mismos, por el esfuerzo y por “haberlo intentado”. Ganar no es lo único en la vida y por supuesto, perder o llegar el último, tampoco es ningún trauma.




¡Qué últimos 100 m más largos! Ni oía, ni veía, parecía que la meta no llegaba nunca pero al final, la pasé… me vencí a mí misma y eso fue suficiente. Eso sí, nada más llegar tuve que echarme al suelo porque la cabeza me estallaba, increíble el esfuerzo, increíble lo que es el cuerpo, increíble la sensación de no poder avanzar nada en 800 m, increíble nuestra capacidad de sufrimiento y sobre todo de superación… increíble carrera e increíbles los abrazos y los besos de mis hijos, saben a gloria y son el mejor premio.

Así sencillamente, me inmolé en este 800, no conseguí mejorar mi primera y única marca, pero viví otra experiencia más. Ya sé lo que es ir en una serie rápida y con nivel, por mucho que quieras hacer tu carrera, el ritmo te lleva, es muy complicado regularte y sobre todo, cuando no tienes nada de experiencia como es mi caso. Pero bueno, algo aprendí de esto… procuraré mirar con más detenimiento la lista de inscritos y en otra ocasión que vea grandes nombres o grandes marcas, mejor me voy a las gradas y disfruto de la carrera desde allí.

Sólo me queda… seguir probando, seguir corriendo, seguir mejorando.


viernes, 24 de mayo de 2013

¿Qué me espera al final del túnel?

Parece probable, es posible, quizás… este periodo de reflexión pudiera estar llegando a su fin. Aún sigo dando vueltas y vueltas, muchas incógnitas rondando mi cabeza y es que no consigo destapar mi verdadera realidad.

Saber lo que quieres, lo que te gusta, lo que te apetece… a veces no es fácil, se mezclan en la coctelera sentimientos, decisiones complejas, cualidades, capacidades, actitudes y aptitudes, que dan lugar a una bebida difícil de digerir y entonces… decides si coges aire y te la tomas de un trago, sin apenas respirar y pensar… o si te la vas tomando a sorbitos poco a poco, con lo que irás saboreando el sabor a veces amargo, otras dulce, en segundos agrio y otras delicioso… complicado, ¿verdad?




Así es que mientras tanto, con esta bebida en la mano comienza el recorrido, voy a intentar cruzar el túnel y espero que allí, al final, esa luz que se ve chiquitita, me dé paso a la realidad, a mi realidad y me descubra lo que está ahí escondido y no consigo ver.

Y esa luz, hoy es el maratón de Berlín… mientras voy recorriendo este camino oscuro, voy a intentar vivir de nuevo la experiencia de correr un maratón (después de Nueva York hace dos años) y para ello llevo mi isotónico especial. Así es que me espera un entrenamiento completamente diferente a lo que he estado haciendo estos dos últimos años, un entrenamiento que más o menos conozco por la experiencia ya vivida: una carga diferente (más amplia en km), unos ritmos diferentes(quizás más lentos) y aunque la distancia ya la conozco, estoy segura de que será diferente porque igual que dicen aquello de “cada embarazo es un mundo”, en este caso podemos aplicar el mismo símil y decir “cada maratón es un mundo”.

Aún me cuesta retomar los entrenos, tomar conciencia de que tengo que volver, de que ha llegado el momento de luchar de nuevo y de que ahí está… el objetivo. Pero el objetivo no es cruzar la meta en Berlín, que por supuesto voy a hacer, sino que este maratón es un medio para llegar a mi meta personal, a encontrarlo, a encontrarme.

¡Vamos allá! Empieza el recorrido y bebo el primer sorbito.

Sábado 18 de mayo, me encuentro en la Universidad de Fuenlabrada y voy a afrontar mi primer reto en pista: control 800 ml.




¿Así sin más? La verdad es que habiendo decidido hacer un maratón, después de algo más de un mes prácticamente parada, afrontar la pista con lo que supone en cuanto a esfuerzo, disciplina, entrenamientos, estado emocional… suena un poco, cuanto menos, raro o incomprensible. Pero, fíjate lo que son las cosas que cuando creía que ya no haría pista, aquí estoy, entrenándola y hasta compitiendo. No lo voy a negar, reconozco que mi decisión de parar un tiempo, me había dejado un cierto regusto amargo por no ser capaz de llevar a cabo algo que me había planteado… había decidido ponerme en esa línea de salida y por mis “historias varias”, el de repente asumir que no sería así, me tenía dando vueltas y vueltas, insatisfecha con la decisión, insegura y sobre todo, cabreada conmigo misma porque me sentía vencida.

Y como dicen por ahí “la ocasión la pintan calva” y casi sin pensarlo, me surge de nuevo esta posibilidad y tras mucho meditar, pensar… al final tomo la decisión de ir a por ello. Pero esta vez me digo “¿seguro? ¿y qué? pruébate, vive la experiencia, no sabes lo que te vas a encontrar y si no sale… ¿qué importa? si eres consciente de tus posibilidades dadas las últimas semanas, si no esperas nada de ello y simplemente te sientes con la capacidad de no hundirte con el resultado (aunque quedes la última), ¡hazlo! puedes, vívelo y al menos hablará tu propia persona y sabrás lo que es porque podrás decir: yo lo he hecho” y aún sabiendo del posible desastre que podía suponer, lo hice y puedo decir que estaba muy convencida de que me daba igual lo que resultase, porque ese era el verdadero reto (no hacer el 800), sino asumir mi realidad atlética, mi ubicación, mi yo, a pesar del miedo, del fracaso o del ridículo. Tenía que demostrarme que a pesar de todo, podía cumplir con la promesa que me había hecho a mí misma y que no dejaría que “ella” me venciese una vez más.

La verdad es que me levanté tranquila, con la sorpresa de unos consejitos que me vinieron muy bien y que tuve muy presente en la línea de salida. Desayuné con mis pequeños, hice las típicas tareas matutinas y cuando llegó la hora de irme a la pista… me entraron los nervios, ¡ja! ¿cómo no? Vamos, lo normal en mí, es inevitable sentir esa sensación aunque sea consciente de lo que puede pasar, que no es nada, que no importa, bla, bla, bla… pero es que una competición, siempre, siempre… me hace sentir viva.

Llego a la universidad y claro… ni idea de lo que tenía que hacer, menos mal que enseguida llega la ayuda, así es que, me confirmo en mi asistencia y distancia y ale… a disfrutar un ratito en las gradas del ambiente y del resto de competiciones. ¡Qué ambiente más distinto! Se nota la tensión de los atletas, la concentración, la motivación y las ganas, veo llantos y frustración, pero en el fondo es un ambiente agradable y deportivo, me gusta.

Llegan Mario y los niños, que enseguida se quieren bajar a la pista a correr (es increíble cómo se contagian), estoy un ratito con ellos y por fin, me voy a calentar (hace calor). Empiezo a trotar y me doy cuenta de que estoy dando vueltas sola, concentrada, pensando en lo que voy a hacer, en ese momento veo a una de mis compañeras de equipo que va a disputar un 100 ml, me paro la animo y cuando termina hablo un ratito con ella (¡qué bien Ana, una campeona! Luego haría también el 200 ml). Sigo trotando, los niños se bajan y quieren correr conmigo (me cuesta pararles y hacerles ver que no puede ser), me encuentro con las chicas del Fuenlabrada y charlo otro poquito con ellas, me vienen bien sus palabras porque puedo comprobar que sienten lo mismo que yo ante esos momentos. Analizo la situación e intento encontrar mi lugar, no me puedo comparar con chicas que sólo entrenan única y exclusivamente para esto, no quieren ni intentan abarcar todo (cross, pista, maratones, diez miles), están para lo que están y yo he venido a lo que he venido. Sigo con mi calentamiento, un poquito de técnica de carrera, unos progresivos, unos estiramientos y llega el momento.

El día que estaba soleado, ahora se empieza a nublar y comienza a chispear un poquito, incluso se levanta algo de viento… y pienso ¡vaya por Dios! ¡con lo bien que se estaba! Pero por lo demás, me da un poco igual porque como no tengo referencias de nada, no sé si me van a afectar las condiciones climatológicas o no, si pueden cambiar en algo, ¿me restará segundos? ¿y qué? La verdad, me da igual. Llegan los jueces, somos unas 16 chicas (no lo sé con exactitud), nos dan instrucciones y hacen dos series, me toca la segunda… pues nada, a disfrutar de la primera carrera, un par más de progresivos más y a esperar, ¡qué nervios!




Termina la primera serie, ¡qué bonita carrera! Y ahora, cojo aire y ¡uf! me toca a mí, espero a oír mi nombre para colocarme, voy, calle libre y entonces dejo de oír, ¿dónde se ha ido la gente? Sólo oigo al juez dando las últimas instrucciones, no pisar la línea, el pie detrás, oigo latir mi corazón, respiro, miro al frente, recuerdo lo que tengo que hacer, lo memorizo, está en mi cabeza… calle 1, que no me toquen, no adelantar en las curvas… debería pasar por el 400 en 1´18´´ (no sé si seré capaz de mirar el reloj) e intentar no perder mucho en la segunda vuelta, si alguien me puede llevar la carrera mejor. ¿Cómo se pueden pensar tantas cosas en fracciones de segundo? Cojo aire, respiro, ¿cómo es posible que el tiempo vaya tan despacio? Y por fin esas palabras “a sus puestos” y en posición, noto que se me sale el corazón, ya sólo espero escuchar el disparo… y se produce, le doy al crono y salgo.

Voy corriendo sin saber muy bien ni cómo, me voy a la calle 1, veo a la chica del Fuenlabrada con la que había estado hablando que va tirando de la carrera, intentaré no perderla mucho (aunque me será difícil porque es muy buena, de hecho mis felicitaciones porque ganó la serie), sigo corriendo sin pensar en el ritmo, creo que debo ir la quinta (no estoy segura) y tampoco sé cuántas chicas van detrás, oigo los ánimos “¡venga Raquel que vas muy bien!”, voy a pasar el 400 y creo oír a los niños y a Mario, suena la campana y no sé en cuánto lo he pasado, “¿me habré pasado? ¿habré llegado bien?” pero yo sigo, no miro el crono (luego me enteraría que lo pasé en 1´16´´) y al paso me pego a la chica que va delante, llega la curva y pienso “no aquí no, espera a salir de la curva”, pero no puedo parar, me la como y si me espero tengo que bajar la velocidad, la paso, me quedan 300 m, más ánimos “muy bien, genial Raquel, muy bien, un poco más”, llego a los 200 m, las piernas no me van, me duelen, me asfixio, me falta el aire, ¡qué largos se me están haciendo!, pero sigo, no bajo (al menos eso creo), pienso que sólo son 40 segundos más, me quedan 100 m y “venga un último esfuerzo, vamos”, los niños gritan, Mario y creo, tengo la sensación, de que incluso aprieto un poquito más, ya está casi, ¡qué dolor! ¿seguro que no están alargando la pista? veo la línea de meta, ahí está, es mía… la cruzo casi de un salto y paro el crono en 2:41.42.

¡Uf! ¡qué sensación! No puedo respirar, ni apenas andar pero lo he hecho, no sé si es buena o mala marca, me da igual, he llegado la cuarta de mi serie (al menos no fui la última), estoy contenta, estoy satisfecha… ¡qué subidón! Ha sido mi estreno, posiblemente no ha sido en las mejores condiciones, seguro, pero es mío, mi primera competición en pista, he podido hacerlo… le doy un sorbito a mi bebida especial que esta vez me sabe a orgullo (la he vencido) y ahora… me apetece más.

Después de un par de vueltas para soltar un poco, nos quedamos un ratito más por allí viendo las series de los chicos, disfruté mucho viéndoles correr, parece que vuelen y que no les cuesta, sus zancadas… más ahora que sé el esfuerzo que supone por haberlo vivido minutos antes en mi propia piel. Por cierto, mis felicitaciones a Juanjo por su carrera y por quedar primero en su serie… ¡y gracias!




La mañana terminó con los niños saltando “longitud” en la arena, con los aplausos de la gente en las gradas, Ana haciendo el 200, ¡felicidades por esa marca! y por último, con una lluvia bastante refrescante que cerró el acontecimiento y nos envió a casa.

Ahora que me he adentrado un poco más en el túnel y que esa lucecilla está más cerca, no voy a parar hasta conseguir mi objetivo… aunque tenga que ir bebiendo poco a poco de esa coctelera con lo que ello pueda suponer.

Siempre es mejor saborear el camino, aunque a veces no nos guste su sabor que pasarlo por encima, sin darte cuenta de ello.

viernes, 8 de marzo de 2013

On your mark, get set, go!!!!


Aquí estoy “de vuelta al ruedo”, aunque quizás esta expresión no sea la más adecuada para lo que pretendo expresar, pues precisamente su significado viene a ser lo contrario. 
 


 

Y buscando, buscando… lo que encuentro es “premio concedido al diestro por el público, en agradecimiento a una buena faena. El torero recorre el ruedo, tras lidiar al toro, recibiendo el aplauso de los espectadores. Igualmente se concede la vuelta al ruedo, durante el arrastre, a los toros que han tenido buena condición para la lidia”

Entonces… ¿toro o torero?

Si echamos la vista atrás y hacemos resumen de mi última etapa, ciertamente lo que no me siento es torero. Últimamente se me hace todo muy cuesta arriba, desde mi lidia en la San Silvestre y lo que vino después, el bajón de forma, el esfuerzo, aunque consiguiendo más o menos los objetivos, al final una mala faena y por lo tanto… ni premio, ni vuelta, ni aplausos, ni agradecimiento. Hoy desde luego, no soy torero.

¿Entonces es el toro quién ha dirigido mi camino? Un ser irracional que se ha dejado llevar por un color, que se ha visto acorralado en esa jaula redonda, que ha embestido de forma impulsiva y por instinto.

“¿No ves el toro que cava la tierra con su pezuña?
Antes de embestir al hombre ya le abre la sepultura”
Juan de Iriarte.

Ha sido ese toro quién ha cavado mi propia tumba. Ha peleado hasta el punto en el que me ha dejado sin fuerzas, me ha llevado al límite sin pensar, dejándome en un estado de forma del que no consigo salir.

Después del campeonato en El Escorial, dado que no pudimos ir al Campeonato de España, paré una semana para descansar, recuperarme de mis molestias, reflexionar y tomar decisiones… otros objetivos y nuevas experiencias.

Dicho todo esto, cambio de tercio y de coso.

“Desde la talanquera huchea al toro cualquiera; en medio del coso es donde ha de hacerlo el valeroso”.




Sinceramente, últimamente me apetece más quedarme detrás de la barrera, mi cabeza me bombardea constantemente para dejar el valor a un lado y no afrontar más retos. Lo intento, salgo a correr, intento buscar mis ritmos, sensaciones que me hagan sentir bien, pero no me encuentro… las piernas me pesan, vuelven las molestias, no puedo respirar, me ahogo… ¿qué me está pasando? Lo sé, soy consciente de que el mérito está en torear en los medios, en los terrenos de la plaza más alejados de la barrera, ponerse bajo la lluvia o contra el viento, respirar el aire frío de este invierno, ponerme otra vez en una línea de salida y hacerlo.

Así es que, una vez más me levantaré y lo intentaré (disculpe Sr. Maestro Yoda), me apetece probar, voy en busca del valor para enfrentarme a ese toro interno que no me deja dar la vuelta al ruedo, cambio de tercio, voy al centro del coso y allí entraré a matar.

Decididamente tengo que olvidar, tengo que intervenir, no puedo dejar que siga siendo mi mente la que domine la situación… ¡voy a por ti!

On your mark, get set, go!!!!




La pista me espera, sé que será dura, los entrenamientos serán más exigentes todavía, requerirá una nueva forma de pensar, requerirá más esfuerzo y más valor. Pero quiero vivir esa experiencia y sentirme un poquito más atleta, saber que se siente cuando te colocas en la línea, concentración, esperando el disparo de salida, quizás el silencio y correr a todo lo que las piernas puedan dar. Soy consciente de que es dura a nivel psicológico y emocional, que voy a tener momentos de duda en los que me preguntaré si es para mí o no, flaquearé y sufriré pero espero que me ayude a encontrarme, a ponerme en mi sitio y que la satisfacción personal de haberlo intentado siga manteniéndome enganchada a este deporte.

Por ahora han sido dos semanas de entrenamientos las que me están llevando a mi nuevo objetivo. La primera de ella, tras el descanso, ha sido bastante dura, porque me he sentido lenta, como decía muy ahogada por la respiración, con la sensación de no llegar, con la sensación de que no voy a recuperar la forma, con la sensación de haberlo perdido todo. Empezando con rodajes y con circuitos de fuerza que han conseguido que vuelva a tener ¡otra vez agujetas! No me lo puedo creer. Y la segunda semana metiendo un poquito más de calidad, rodajes más rápidos, algunas series cortas… aún así todavía, no encuentro mis ritmos, no sé lo qué me espera, quizás hasta toque la pista pronto, porque de momento sigue siendo para mí la “gran desconocida”.

“Veinte mil corazones laten en un silencio claro y caliente. Brindis.”
Manuel Machado.

“…no hace aún cuarenta años que los toreros de profesión, al ir a brindar la muerte del toro al rey o reina, hincaban la rodilla en tierra, saludando humildemente."
La Lidia, José Sánchez de Neira, 1890.

Gracias por enseñarme el camino, gracias por ayudarme a seguir en él, gracias por acompañarme y estar a mi lado, gracias por aguantarme y comprenderme… va por ustedes.

A vosotros os brindo este toro.




NOTA: aunque en esta entrada he utilizado terminología taurina, quiero decir que ni entiendo de torear, ni de toros, que no me gustan y por supuesto, que no estoy a favor del trato que reciben los animalillos. Las he utilizado porque hoy en día hemos incorporado muchas de sus expresiones a nuestro lenguaje coloquial y habitual, la metáfora del valor del torero ante el toro es un reflejo de cómo afrontamos los problemas y las situaciones en nuestro día a día. Así es que espero no molestar a nadie y si lo he hecho, pido mil disculpas.


martes, 19 de febrero de 2013

Mission: Impossible

Pues parece que al final es que NO, resultado: una misión imposible.




Está claro que cuando los astros se alinean, tienen la fuerza suficiente como para derrocar hasta un imperio… así que, con más razón si es mi pequeño “reino”.

Dicho lo cual, este año no se volverán a dar aquellas escenas… no existirá esa emoción, ni ese estrés que se ocasiona el estar en la línea de salida… ni giros, ni subidas, ni los clavos en la arena, ni la respiración entrecortada o el dolor en las piernas… no se oirá la campana avisando que comienza la última vuelta… no habrá meta.





Adiós Oropesa… adiós al Campeonato de España.

Al final sólo queda un vacío inmenso.





“Tanto nadar para al final morir en la orilla”




lunes, 11 de febrero de 2013

¿Apostamos? Sí, no, sí, no...

“No hay nada como escupir para arriba… siempre te acaba cayendo”.

Y es que últimamente esta frase la escucho más a menudo de lo que querría, pero como soy cabezota y testaruda, me la gano a pulso, está claro.




¡La vida te sorprende y te da oportunidades constantemente! Sólo tenemos que aprender a aceptarlas, cogerlas o no es cosa de cada cual, son decisiones que hay que tomar… ahí está la libertad de cada uno. ¿Qué podía esperar el lunes siguiente al Campeonato de Cross Corto de Madrid? Mi actuación en esta carrera fue lamentable (ya conocéis la crónica), mi estado de forma era aún peor porque después del esfuerzo me quedé bastante más tocada de lo que estaba y en cuanto a mi estado de ánimo, pues eso… por los suelos, pero sin embargo, estaba tranquila.

Y estaba tranquila porque la siguiente carrera la iba a afrontar y disfrutar sin presión, como “reserva”, como apoyo “por si acaso”, iría a correr porque me gusta, disfruto compitiendo dentro de un club pensando que puedo aportar algo, me gusta el cross aunque me parece muy duro (creo que esto ya lo he dicho alguna vez… ups), me gusta el compañerismo y el ambiente, en fin. Así es que el domingo 27 de enero, íbamos a disputar el Campeonato de Madrid de Cross Largo en El Escorial con un equipazo de impresión, grandes corredoras con muchas posibilidades… y ¿en juego? ¡en juego estaba la clasificación para el Campeonato de España! Y ¿por qué no? incluso hubiéramos tenido opción de pódium si no hubiera sido por…

Yo era la sexta corredora, por lo que estaba tranquila, mis compañeras harían un excelente papel, la clasificación estaba asegurada (para la clasificación puntúan las cuatro primeras corredoras de cada equipo), así es que al menos yo no tenía ninguna duda, sinceramente pensaba que el equipo era excepcional. Por eso arriesgué con mi participación en el cross corto, no pensé que pudiera poner en peligro al equipo, no era más que eso… “un apoyo”.





Pero lo que son las cosas, lo que es la vida y cómo te cambian los planes en cuestión de segundos, porque justo ese lunes siguiente al cross corto nos invaden las malas noticias… ¿cómo es posible? ¿que no viene quién? ¿que tampoco estará quién? ¡no me lo podía creer! Nos fallaban dos corredoras, de seis que éramos nos estábamos quedando justo las cuatro mínimas para poder puntuar, para poder hacer algo e intentar clasificarnos.

Me empezaron a temblar las piernas, me puse muy nerviosa, apenas podía ser consciente de lo que estaba pasando… ¿que sólo somos cuatro y encima yo soy una de ellas? ¡pero si mi estado es lamentable! ¡si no puedo apenas correr! ¡si voy arrastras por la vida! ¡jooooooooooooder, definitivamente la he cagado! Así es que ¡zas! En cuestión de horas toda mi perspectiva a cerca de la carrera había cambiado completamente, no podría haberme imaginado una situación así… ¡ya es mala suerte! ¿o no?

En fin… ¿veis? Ahí estaba la famosa frasecita… y es que en esta vida, es mejor estarse calladito ante lo que pueda pasar porque al final, a la vuelta de la esquina te la devuelven. Yo pensaba que era una carrera más, disfrutar sin presión independientemente de mi estado de forma… ¿y qué más daba? La cuestión es que el esfuerzo que hice en el cross corto me pasó una factura mayor de la que yo esperaba, ahora entendía eso de “poner en peligro al equipo” porque últimamente mis recuperaciones estaban siendo bastante nefastas, después de un entreno de calidad o más aún, una competición, la recuperación no me llegaba.

Así es que, os podéis imaginar cómo fue la semana… un desastre. Entre los nervios y la ansiedad generada por la importancia que de repente había adquirido, apenas pude entrenar debido al cansancio, a mi bajón de forma y a la sobre carga muscular (estaba bastante tocada de piernas). Tan sólo tres rodajes de 10 km durante la semana, lentos, muy lentos y pesados, que me hicieron venirme más abajo aún por el ritmo cansino que no conseguía superar y 20 minutos con unos progresivos el sábado, fue todo lo que pude hacer esa semana.




Llegué a plantearme si tenía algún sentido intentarlo, si no conseguía ni rodar por debajo de 5:30, ¿qué se supone que podía esperar el domingo? ¿con qué cara (o mejor dicho piernas) me presentaba yo en la carrera? Pero claro, no podía hacer eso a mis compañeras, no podía dejarlas tiradas, yo no me encontraba en disposición de hacer mucho pero si no iba, entonces ya sí que estaba todo perdido, no habría ni opción y la verdad, no tenía derecho a hacerles eso, al menos había que darles la oportunidad de intentarlo porque son buenas y se lo han currado, se lo merecen aunque mi cabeza insistía, ¡no estás para correr! ¿qué hago? ¿voy? Sí, no, sí, no, sí, no… eternamente.

Así es que después de marear y marear a mi entrenador, de tensar la cuerda y de charlar con Patricia, decidí que había que ir pasase lo que pasase y “¡qué sea lo que Dios quiera!”.

Y llegó el domingo, habíamos quedado a las 11:00 en Las Rozas para ir las cuatro juntas. Menos mal porque sólo de pensar que tenía que ir yo sola (con mis pensamientos) hasta El Escorial, me estaba dando de todo y así fue mucho más fácil, de charleta las cuatro se te pasan un poco los nervios, le quitas hierro al asunto y ni te das cuenta. Una vez en El Escorial, ya se respiraba el ambiente, el circuito, los corredores y corredoras, la música, nuestra carpa y compañeros… hacía frío pero el aire se había calmado ¡venga vamos a calentar! Y eso hicimos, nos dimos una vuelta por el circuito, ¡no lo recordaba tan duro!, nos cruzamos con las chicas de los otros clubes y hasta troté un ratito con Raúl que me tranquilizó algo con los últimos consejos y ánimos (gracias de verdad porque estaba como un flan). Tras unos estiramientos nos ponemos el dorsal y nos vamos a cámara de llamadas.




Os puedo asegurar que ese momento es uno de los más extraños, es una mezcla entre el sumun de los nervios (parece que voy a explotar definitivamente) y la calma que me produce ese último empujón con los últimos progresivos hasta la espera para que se produzca el disparo de salida, momento en el que toca correr y pensar en la carrera… ¿apostamos? ¿nos clasificaremos? Había que quedar sextas, con eso era suficiente, pero éramos cuatro, no podíamos lesionarnos, teníamos que entrar las cuatro, yo tenía que conseguir acabar y había muy buenos equipos, grandes corredoras, mucho nivel… ¡al cajón! ¿el número 13? Y pensé ¡2013, nuestro año! ¡vamos a por ello!.




Cuando me quise dar cuenta estaba corriendo, ya no tenía frío, ahí estaba la primera recta y vi a todas las corredoras salir disparadas, yo me mantuve atrás, reservando y justo al finalizarla, apoyándome y dirigiéndome estaba de nuevo el míster (¡jo qué subidón! ya te he dicho muchas veces lo que significa para mí). En mi mente sólo había una cosa, “es una carrera larga, regula, no te pases al principio o lo pagarás en los últimos kilómetros, tienes que aguantar y si queda algo… darlo todo al final, regula, regula”. Intenté coger grupo y seguir los consejos que me habían dado y que Joaquín me iba dando, ritmo, “¡pégate al grupo!”, no abandonarlo, “la subida tranquila, regula” y así di las dos vueltas al circuito pequeño y enfilé el circuito largo. Sube, baja, giro, no recordaba tanta cuesta, la hierba, el barro, las chicas, “no puedo dejar que se vayan”, escuchaba los ánimos de compañer@s del club y amigas que estaban por allí… y llegué a la primera vuelta, ya notaba el cansancio, había abandonado algo al grupo que se había quedado atrás, no me sentía fuerte pero al menos no me dolían las piernas, empecé a adelantar chicas, eso me hizo sentir bien y escuché de nuevo al empezar la última vuelta en la cuestecita “venga muy bien, vas muy bien… no te cogen, tranquila”, pero yo pensaba “¿cómo me voy a tranquilizar? no puedo relajarme, no puedo permitir que me cojan… ¡uf! otra vez las cuestas, venga vamos a por ellas… voy a por aquella chica, otra que adelanto, venga a por otra” y así poco a poco fui llegando, recuerdo que en la cuesta más larga se quedan bastantes chicas, luego llegan otra vez los giros (pensé en no cebarme), más ánimos, pasé alguna chica más (lo que te da bastantes fuerzas), ya llego, veo la última bajada y de nuevo esos ánimos del míster y de compañeros del club… así es que como a 500 m de la meta adelanté a la última chica que después me metió una lijada justo 100 m antes de llegar a meta (¡qué caña!), quizás una tontería que no me llevaba ya a nada pero tenía que intentarlo… mis compañeras ya habrían llegado, ¿qué habrán hecho?, aunque estaba convencida de que habría sido una gran carrera para ellas y yo iba a entrar… al menos había conseguido correr los 6.800 m sin caer, al menos había una posibilidad… ¿apostamos?

Así es que crucé la meta y allí estaban Patri, Marine, Niusha que me recibieron una vez más con esas felicitaciones y alegría que les caracteriza… “muy bien Raki, lo has hecho”. Les abracé y les pregunté por su carrera (que por cierto fue bestial, ¡enormes chicas!) y enseguida llegó Pepe que nos felicitó y nos dijo “por cierto, que sepáis que este año se clasificaban los 7 primeros equipos, una sorpresita que hemos aguantado hasta el final”, así es que… teníamos algo más de posibilidades aunque al final, por méritos propios y aunque raspadas por muy poquitos puntos, incluso nos quedamos a 9 puntos del pódium (es curioso como en determinados puestos, tan sólo unos poquitos puntos deciden algo tan importante como estar en el pódium o quedarte fuera del campeonato), quedamos sextas y así nos clasificamos para el Campeonato de España.




Finalmente… ¡nos vemos otra vez en Oropesa del Mar el 24 de febrero de 2013!

¡Aúpa Cangur@s! Y sobre todo felicitar al equipo de chicos que hicieron un carrerón quedando los terceros de la clasificación.

Una vez más, gracias a los que estuvisteis allí animando y apoyando y también además a Cris por las fotos.