viernes, 27 de septiembre de 2013

Diario de un maratón

Bueno pues como ya había mencionado, no es algo que haya decidido justo al acabar la pista, sino que viene de antes. Para ponernos en antecedentes, concretamente, la idea surgió una noche de cena allá por el 17 de abril, con mis compañeras Canguras donde hablábamos de nuestros siguientes retos, motivaciones, ilusiones, etc… viendo mi actitud del momento y mi desmotivación, me dijeron “¿y por qué no te animas a un maratón?”, a lo que contesté “¡anda! ¡menuda locura! aunque me hubiera gustado Berlín pero es que ya no hay dorsales“ y me contesta Patricia “¿cómo que no? yo puedo gestionártelo”… y me dan las siete cosas porque parecía de verdad, pero lo cierto es que quedó en eso, una idea, una propuesta que no llegó a nada.



Sin embargo, fue la tarde del 28 de abril, en la famosa comida post Maratón de Madrid que con unos amigos lanzamos el órdago y la frase mítica “¿no hay güevos a correr el maratón de Berlín?” y claro, mencionar esta frase entre un grupo de chicos que están eufóricos por haber terminado la mítica distancia en Madrid, con su celebración correspondiente y las cervecitas… pues tiene sus riesgos, al final “el que juega con fuego, se quema”.
Y aquí estoy en la última semana camino a Berlín, la semana de menos esfuerzo físico pero más tensión psicológica… aquí estoy casi concluyendo esta etapa que ha supuesto entrenar para el maratón de Berlín.

Pero hagamos resumen.

01 al 07 de julio de 2013: comienza la aventura hacia el maratón de Berlín.
Después de los meses de pista, que hubieran parecido ser una pérdida de tiempo en cuanto al objetivo que nos compete (nada más lejos de la realidad porque como ya habéis leído, me lo he pasado en grande y lo que es mejor, he descubierto una disciplina que me gusta y apasiona), llegan las semanas puras y duras para el maratón, 13 semanas en total de aquí hasta la fecha perseguida.
En estas primeras semanas, comienzan los primeros días de transición… de la pista al maratón: con el verano de por medio, vuelta a los entrenamientos matutinos a las 7:00 de la mañana por el JCI, otra vez el amanecer, el aire fresco, los aspersores mojándote al paso, los amables paseantes y la hierba mojada como colofón final… esa semana caen sólo 30 minutillos de rodaje, pero poco a poco vamos incrementando km y avisando a las piernas de lo que está por venir.
Recuerdo que en esos días la sensación era que la pista me había dejado tan feliz como cansada, pero con ganas de más, tanto que cuando comencé con los entrenos para el maratón, me dije… “¡uf! qué pereza”.

08 al 14 de Julio de 2013: ¡¡¡Bienvenido maratón!!!
¡Sí! primera semana de entrenos concluida… aumentando km poco a poco, algún ritmillo que otro y fuerza, un poquito de técnica de carrera y para rematar la semana, me hice por la sierra de Madrid una ruta súper agradable, fresca y muy bonita, a lo largo del río por la zona de Boca del Asno… ¿será nostalgia montañera? Ya me veía otra vez subiendo algún pico que otro… Entonces empecé a notar las piernas que estaban algo adormiladas a la vez que están diciéndome… “¡danos más!”.

15 al 21 de Julio de 2013: poco a poco vamos buscando la fuerza.
Rodaje, gimnasio, técnica de carrera, progresivos, más rodaje, más rodaje, gradas, más progresivos… parecía que aquello se animaba… 3 días más por el parque ¡¡¡y subiendo!!! Qué bonito es entrenar viendo amanecer, mientras te riegan los aspersores... ¿se podía pedir más?
Y como colofón de la semana, cayeron 50 minutos... pensé que me moría... ¡¡¡¡ozú qué caló!!!! Acabé bajo los aspersores de los huertos que había en los caminos por los que fui y como remate en una de las fuentes que hay en una rotonda de la ciudad... vamos, loca como una cabra.




22 al 28 de julio de 2013: empieza lo duro.
En esa semana empezaron los entrenos más duros, series en progresión, cuestas, cuestas, cuestas, aumento de km empezando a pasar de la hora corriendo y algún fartlek. La última semana antes de partir hacia las vacaciones, pero con ganas y motivada. El calor se medio soportaba, los entrenos matutinos me dejaban satisfecha pero quedaban muchos km aún.

29 de julio al 04 de agosto de 2013: en la playa.
Ya de vacaciones, en la playa y buscando cómo entrenar… los niños por un lado, Mario también entrenando para su maratón, era difícil encontrar momentos juntos por no tener cobertura con los niños o incluso buenas horas de entreno, “¿vas tú o voy yo?”, la verdad es que por Almería el ambiente es húmedo y sofocante con lo que encontrar condiciones ideales era muy complicado. Así es que sacando fuerzas para madrugar o para sofocar el calor, van cayendo más km, técnica de carrera en la arena, más series en progresión y mis primeros 75 minutos bajo el sol.

05 al 11 de agosto de 2013: más playa.
Y cambiamos de destino… nos movemos a Cádiz y allí hay que seguir con los entrenos. Ahora empieza lo más divertido, ritmos controlados, series y más km “pa la saca”. Allí en Rota tengo el honor de entrenar con “la máquina”, amigo, ironman y jefe de animación del hotel… durante un entrenaco de 15 km a ritmo con la lengua fuera (gracias campeón). Y otro día más en el que salieron las primeras series junto con dos amigos más, Aníbal y Mario… allí me vi cara a cara con 3x3000 a 4:40, dejándome las piernas como rocas. Y por fin, la primera tirada larga de 100 minutos (número redondo). Al final de la semana había hecho 75 km.

12 al 18 de agosto de 2013: de vuelta a casa.
Ya de nuevo en Madrid, continúan los entrenos… aún estoy de vacaciones, así es que todavía puedo coordinarme y gestionarme las salidas un poco a mi comodidad y mejores momentos. Esta semana pasé de madrugar pues entre los días de la playa y lo que me queda a la vuelta, no me apetecía mucho… así es que busqué tardes por Polvoranca y fui sacando los entrenos. Comenzaron los km a ritmo controlado, siguieron las series… esta vez fueron 3x4000 a 4:40, pensé que no podría hacerlas, yo sola, sin liebre, me enfrenté al ritmo, al terreno, al tiempo… y allí las hice, acabando muy satisfecha, sin lugar a dudas fue un doble entreno, por la calidad y por la cabeza (a solas y probándome si era capaz). Termino la semana con 19 km a trote recuperador que me dejaron para el arrastre... ¡ni las pestañas podía mover! Otra semana con 75 km pa’l bote.




19 al 25 de agosto de 2013: fatídico alto en el camino.
Desgraciadamente esta semana será difícil de borrar de mi cabeza, una experiencia horrible que espero no volver a vivir jamás. Una semana que pasa sin avisar, entra demoledora sobre nuestras vidas y nos deja una huella dura y para siempre.
Comenzaba la semana y me incorporaba al trabajo… “¡qué rollo otra vez de vuelta!” fue mi frase de la mañana y lo peor, es que esa frase era lo mejor del día. Por la tarde mi pequeño de 8 años se pone muy enfermo, vomitando y con un dolor de cabeza terrible; le ingresamos de urgencia, tras perder el conocimiento le hacen un escáner y le detectan una hidrocefalia que le lleva a ser hospitalizado e intervenido de urgencia en una operación muy delicada. Esa semana es horrible, envuelta en malas noticias, desesperación, no dormir, llorar y llorar, rabia, injusticia, de repente el mundo no tiene sentido, todo se para y sólo puedes gritar al cielo “¿por qué?”. Así es que a duras penas consigo salir un par de días 30 minutos, voy arrastrándome, me asfixio, me angustio, me paro a llorar, parece que me hubiera pasado un tranvía por encima… no puedo con mi alma, no puedo con la vida, pasamos momentos difíciles y duros (una vez más gracias Mario por estar a mi lado, sufriendo conmigo y pasándolo juntos porque esta vez era de los dos). Hay que sacar fuerzas para mi pequeño campeón, le miro y tengo que sonreír, “no pasa nada”, todo está bien y quiero creer que todo va a salir adelante (aunque me cuesta) y es que es un niño tan bueno, sensible y dulce que me parte el corazón sólo el pensar lo que le está pasando. Finalmente después de la operación, que aparentemente es un éxito, el neurocirujano sale contento, satisfecho y nos llena de esperanza (mil gracias Dr. H.), consigo salir ese domingo siguiente y hago 24 km por él… , … Bruno demuestra superar su propio maratón que no puede con él y nos da una lección de vida.

26 de agosto al 01 de septiembre de 2013: sigue la incertidumbre, el desasosiego, la desesperación.
De vuelta en casa hay que intentar que la vida sea lo más normal posible, “aquí no ha pasado nada”, todo debe ser como antes, vida normal, por él y por nuestra pequeña de 5 años que de repente se vio desubicada, descontrolada y demandando atención (¡otro extra más!). Así es que la semana se hace difícil para gestionar las emociones, los entrenamientos a duras penas salen, los ritmos se me van, la cabeza está en otro sitio, la ansiedad me puede y sigo sin poder levantar cabeza… “no me lo creo”. Pero en esa semana, uno de los días durante un rodaje, la Naturaleza me regala todo un espectáculo.
Un atardecer impresionante mientras corría por los caminos de Fuenlabrada (no es que sean maravillosos pero eso da igual). Mientras por el Oeste se acostaba el sol, teñía de un rojo anaranjado el cielo, recordándome el ímpetu y la vigorosa personalidad de Lola. El Este se presentaba de un azul intenso, trasmitiéndome la fuerza y sosegada personalidad de Bruno. El Sur teñido de un gris oscuro, enfadado gritaba con truenos y relámpagos por la rabia contenida en estos días. Y mientras tanto, al Norte se abría una gran puerta con un Arcoiris perfecto, como hacía tiempo que no veía, dando paso a un futuro lleno de vida, junto a Mario y los niños. Fueron 50' salpicados de viento y lluvia, con el corazón en un puño, pero con el que disfruté otra vez corriendo. Esto es para vosotros... me hubiera gustado que lo hubierais compartido conmigo.
Fue un día especial. El relato completo en el siguiente enlace:
Después de ese día, el siguiente entreno fueron series en pista, concretamente 8x1000 a 4’20, lo que supuso todo un reto mental y físico, así es que, con la motivación del día anterior allí que fui y las hice. ¡Esos entrenos te dan una fuerza moral tremenda! La semana terminó de una forma excepcional. El sábado 31 de agosto corríamos un gran grupo de amigos en la Carrera de El Espinar, así es que el ambiente fue tremendo y sobre todo, porque allí pudimos sentir todo el cariño que nos había llegado de todos, ánimos y apoyo de verdad, piel con piel, para Bruno. Pero lo mejor fue ver correr a Bruno y a Lola en sus propias carreras… Bruno enfrentándose a sus miedos después de la operación, dándolo todo y demostrando una vez más su valentía ¡bien por Bruno!. Lola corriendo como una loca, feliz, contenta y dicharachera… llegando la primera ¡enhorabuena Lola! Mario hizo muy buena carrera, el resto de amigos también y yo, me batí contra mí misma en un tira y afloja de querer y no poder… ¿o fue poder y no querer?, malas sensaciones, cansada y con ganas de abandonar en el km 2. Gracias a Susana que me acompañó y tiró de mí durante toda la carrera (menuda máquina está hecha). Como colofón una suculenta barbacoa y muchas risas. Una vez más, a todos, mil gracias por estar ahí con nosotros, por la organización y el homenaje que nos distéis (sobre todo a los anfitriones).

02 al 08 de septiembre de 2013: intentado volver a la rutina
Esta semana ya se planteaba más en serio, había que dejarse ya de tanta “excusa” y hacer las cosas bien, dándolo todo por lo que quedaba. Empezaron a caer km y minutos, los primeros controlados a 4’45 que me supusieron un gran esfuerzo, por aquello de hacerlos sola y a las 7:00 de la mañana. Y más series que siempre me estresan, pero que al final entre unas cosas y otras saco adelante (2x5000 a 4:40’), aunque eso sí, me dejan las piernas como para lanzarlas a la basura. Hasta que el domingo, por fin, cae la tirada más larga.
A las 7:30 de la mañana salía de casa en una más que grata compañía, con ganas y una inyección de motivación y alegría, poco a poco, a ritmito, cayeron 30 km a 5:10. La verdad que los dos últimos km ya iba pidiendo la hora, pero mi acompañante no me dejó rendirme en ningún momento y al final, hasta el último metro. Gracias Julio por este entreno que pintaba difícil y duro que se me pasó "volando" y sin darme cuenta. Y gracias también a Javi que nos acompañó un ratito por Polvoranca dándonos un aire fresco más ligero. ¡Qué grandes amigos!

09 al 15 de septiembre de 2013: un poco más de carga.
Así es que después de ese entreno y unas agujetas de morirme, la siguiente semana la enfrento como más o menos puedo. Un progresivo de 16 km, empezando a 4’50 y acabando a 4’40, donde no daba un duro por mí pero que al final ¡salió! Con las patas mirando a Cuenca, toca otra tanda de miles, de nuevo 8x1000 a 4’20, de nuevo la incertidumbre y de nuevo… perreando, buscando mil y una excusas para empezar, me costó ponerme con ellas… pero allí quedaron, otro entreno más… ¿o menos? Conseguí sacarlas a pesar de que me dan una rabia tremenda los miles (no entiendo por qué, pero los tengo un poco atravesados).
Esa semana la acabo con otro controlado difícil, pero más por mi cabeza y mis pensamientos, que por no poder hacerlos físicamente. Un entreno más de calidad que como de costumbre, me tuvo “acojonada” y es que definitivamente tengo un problema con mi cabeza, me bloquea y no me deja avanzar… sé que puedo pero al final ella me puede, tengo que hacer algo.
Tocaban 22 km: 4 km de calentamiento y 18 km a ritmo 4:45-4:50, pero mientras iba calentando iba pensando si podría o no conseguirlo y eso me llevó a un mal comienzo... asfixiada, acelerada y maldiciendo que no me iban las piernas, que no podría y a un ritmo lento… afortunadamente me acompañaron Fran y Mario (gracias chicos por el aguante) que me empezaron a sacar de ese túnel en el que yo sola me había metido, poco a poco fuimos sumando km y subiendo ritmo, me fui relajando y soltando lastre hasta que cayeron todos los km, unas veces más lentos (cuestecitas), otras veces más rápidos (llanos) y así hasta el final.
Total al final conseguí hacer los 18 km en 4:50 y acabando el último km por debajo de 4:35, me hubiera gustado haberlos hecho más rápidos pero la verdad, ni la noche anterior acompañó (aunque no quiero que esto sea una excusa), ni mi cabeza tampoco… esto es lo que hay y no se le pueden pedir peras al olmo.




16 al 22 de septiembre de 2013: penúltima semana.
Llego a la penúltima semana, ya poco queda de ganar, ya poco queda de demostrar, prácticamente está todo hecho… pero aún sigo sin conocer mi ritmo de maratón, más o menos tengo sospechas, pero aún estoy sin saber cómo va a ser ese “reto”. Así es que un rodaje más de una hora y un par de series más, 2x6000 entre 4’50-4’40 que por supuesto, a las 7:00 de la mañana, con el fresco y con ánimo, salieron al ritmo más rápido. Después de ese entreno que me subió bastante la moral, hubo otro rodaje tranquilo y el fin de semana, la guinda del postre. El sábado otro controlado de 17 km a 4’50, que de nuevo me puso entre las cuerdas por los nervios, pero que junto con Fran (que me acompañó hasta el final) salió a pesar del duro circuito, eso sí… de pulsaciones mejor ni hablamos. Y el domingo cierre de jornada con un rodaje de 80’ muuuuuy tranquilo con mi Ruth (a pesar de nuestras discusiones fue para mí un auténtico placer compartir uno de mis entrenos contigo, me encanta).

23 al 29 de septiembre de 2013: por fin la última semana y llena de esperanza.
Y hasta aquí hemos llegado, esta semana ha sido por varios motivos una nueva luz en el horizonte. El lunes 23 teníamos una prueba importante con Bruno donde nos dirían si la operación estaba funcionando bien, si la hidrocefalia iba desapareciendo y si las perspectivas eran buenas. Y la verdad… que así fue. La resonancia arrojó un resultado fantástico y el neurocirujano nos confirmó (satisfecho y muy contento) que todo iba viento en popa, que podíamos ir tranquilos hasta la próxima revisión y que por supuesto, corriésemos sin miedos. Así es que, no puedo pedir más al respecto y por eso estas palabras en honor a lo que nos ha ayudado y ha hecho este gran Dr., magnífico profesional y mejor persona, porque sin lugar a dudas tiene mucha razón.
“Si tras cada tempestad vienen tales calmas, soplen los vientos hasta que despierten a la muerte”.
Y es que efectivamente, después del lunes apareció en mi una calma demasiado extensa y descontrolada, aún con la alegría que suponía la noticia, yo me encontraba vacía, extraña, como en una ensoñación, sin fuerzas, débil y muy rara, sin ganas aunque por dentro quería gritar que todo iba a salir bien, gritar que “yes we can!” (canción favorita de Bruno de Bon Jovi) y gritar que íbamos a correr hasta el final, con todas nuestras fuerzas por él, por ella, por nosotros.
Cierro así esta semana de descarga, con un pequeño rodaje de 50’ y unas series cómodas que me despertaron las piernas, aunque según iba haciéndolas me iba diciendo “¿cómo voy a conseguir correr un maratón de esta guisa?” y con el último rodaje de 20’ para soltar piernas al día siguiente (esto es, hoy), me sentí igual de mal, sin fuerzas, sin poder mover las piernas, con un peso tremendo y con unas sensaciones malísimas… ¿seguro que voy a poder?


Así es que aquí y con esto termina este pequeño diario de un maratón. Un resumen que me ha llevado hasta el día de antes del vuelo, porque mañana volamos a Berlín, porque en dos días hay que enfrentarse a lo que de verdad soy, a lo que he hecho, a lo que he trabajado… porque tendré que batirme esta vez sola de verdad, 42 km conmigo misma y mis pensamientos, mis fuerzas, mis piernas, mi corazón, mi cabeza, mis hijos, las personas que me han acompañado y ayudado, mi familia, mis amigos… yo sola tengo que ir a por ello, yo sola tengo que conseguirlo porque sólo así les puedo demostrar que a pesar de todo, tenemos que seguir luchando en la vida, que tenemos que aprender de estas cosas, que todo tiene su lado bueno (aunque yo aún no lo he encontrado y espero verlo a mi vuelta de Berlín).
Gracias a todos los que me habéis acompañado en este tiempo, por facebook, por wassa, en persona, con un café o una cerveza, en los rodajes y en los entrenos… gracias a todos los amigos que habéis estado conmigo en estos momentos tan duros… gracias a mi familia que me han arropado y ayudado muchísimo (mi hermana, mi madre, mi tía, mis suegros, mis cuñados, mis tíos). Gracias.
Gracias a quien me ha llevado hasta aquí esta vez, gracias Juanjo por tu tiempo, tu paciencia, tus palabras, tus consejos… gracias por tus planes y tus ánimos, tu apoyo, tu ayuda… y sobre todo por esas últimas palabras donde me has orientado en cómo afrontar la carrera, por ese ritmo de maratón tan buscado, por ese último empujoncito. Gracias.
Y también a mis compañeros de entrenos que han estado en esos momentillos durillos… y gracias a GB que sin querer quererlo, al final se ha preocupado por mí, me ha preguntado y hasta me ha dado algún consejillo que otro. Gracias.
Gracias Mercedes por tu ayuda, por ayudarme a conocerme mejor, por enseñarme a ver qué necesito y cómo debo hacerlo, por mostrarme cómo encontrarme a mí misma. Gracias.
Gracias al Dr. H. por hacer que nuestro pequeño tenga su vida por delante, por su trabajo, su cariño, su atención, por cómo nos ha tratado y por cómo nos ha dado de nuevo luz en el horizonte. Gracias.
Gracias al grupeto que hemos formado desde que nos apuntamos a esta locura, a Nacho y a Jose con los que hemos vivido momentos de tensión, de cachondeo, de piques, de entrenos, de apoyo, de empuje, de risas… y allá que vamos los cuatro. Gracias.
Gracias en especial a Pili que ha estado tan pendiente de nosotros y por su pequeño regalo… gracias a Alessandra Aguilar por esa camiseta firmada, por sus ánimos y por permitirme llevarla como horizonte hacia la puerta de Brandenburgo (a ver si se me pega algo… je). Gracias.
Y por supuesto, gracias a Mario por compartir todos los días conmigo, entrenos y no entrenos… sobre todo por haber sabido sufrir como el que más este episodio en nuestras vidas, por haber sido un padre 100, porque a pesar del dolor has sabido encontrar siempre una palabra o un abrazo, porque a tu lado todo parece más fácil. Gracias por estar aquí día tras día, estoy segura de que vas a hacer una gran carrera y que cumplirás tu objetivo con creces. Gracias por quererme, gracias por nuestros hijos. Y gracias a ellos, a mis pequeños… a Bruno y a Lola, por aguantar las broncas de mami, las regañinas, la desesperación y los llantos. Gracias pequeñines por ser la razón de mi vida, gracias por existir, gracias por ser cómo sois. Os quiero tanto… Gracias.

No me enrollo más… hasta la vuelta… buen viaje a todos los que vais a Berlín, espero que hagáis buenas carreras y espero que todos podáis cumplir vuestros sueños. Yo de momento me conformo con que podré estar en la línea de salida después de todo lo vivido… ahora lo que queda, es correr, correr y correr con todas las fuerzas posibles.

¡¡¡NOS VEMOS EN BERLÍN!!! ¡¡¡NOS VEMOS A LA VUELTA!!!

lunes, 16 de septiembre de 2013

El último 800

La verdad es que intentar escribir una crónica o cualquier cosilla después de tanto tiempo pasado… es complicado, así es que no creo que pueda escribir mucho sobre aquél último 800 de la temporada de pista.

Lo poco que recuerdo es la sensación que tenía antes de empezar, por algún motivo extraño pensé que podría mejorar mi marca, que era mi última oportunidad y que tenía que darlo todo porque ya no habría más ocasiones (hasta el año que viene… supuestamente). Al fin y al cabo había trabajo algo más que mi primera prueba, ya tenía un poquito más de experiencia, algunas competiciones más entre medias… así es que pensé “¿y por qué no?”.

Pues nada… allá que fuimos a Arganda.

Una vez allí, lo típico, saludas al resto de compañeros y compañeras que van a correr, un poquito de charleta para eliminar tensión y a calentar… pero hacía calor, según iba calentando algo fue cambiando en mi cabeza, las sensaciones no eran las mismas. Hasta que llegó el momento de ponerse en la línea de salida, ninguna reflexión más, simplemente tenía que controlarme en la primera vuelta, intentar no pasarme (como de costumbre) y luego darlo todo, pero en lo único que pude pensar fue “es el último, hay que ir a por todas”.





Y ahí estaba, en la salida, esperando las indicaciones, esperando el disparo y dispuesta a salir… ¡bang! Y salí mal… me tocó en una posición alejada y al intentar coger la cuerda, me tropecé con varias chicas, con lo que eso aceleró mi pulso, me puso nerviosa y me descontrolé… aunque intenté recuperar ya la sensación de haber hecho algo mal no me la pude quitar de encima, así es que… pasé el 400 tres segundos por encima de lo que tendría que haberlo hecho… ¡tres segundos! Qué cifra más insignificante, ¿verdad? Algo que parece una tontería lo que puede desviarte de tu objetivo.





Ya poco más quedaba, intenté recuperar en la segunda vuelta pero me fue difícil, aunque adelanté a alguna chica y al final incluso me permití un último sprint… no fue posible, no conseguí entrar en menos tiempo que mi primer 800. No conseguí bajar esos 2’41”, me he mantenido en todas mis pruebas en ese mismo tiempo, segundo arriba, segundo abajo… pero vamos… un cierre de temporada triste y con el que acabé bastante enfadada. Una pena, después de lo que me había divertido con la pista… no haber conseguido este pequeño reto, esa pequeña mejoría… me dejó muy mal sabor de boca.




Eso sí, me llevé una pequeña sorpresita cuando en las gradas vi a mi amigo Dani con su familia… muchas gracias por ese ratito aunque “¡vaya espectáculo el que fuisteis a ver!”. Y muchas gracias también a Mario que por supuesto estaba allí conmigo (aguantando el chaparrón como de costumbre). Y como no, gracias a Juanjo por haberme metido en esta aventurilla tan loca, así como “quien pasa por aquí”, sólo por probar y ver qué pasa, porque la verdad he descubierto que el 8 me gusta… ya era mi número favorito, así es que quizás sea que estamos predestinados.

¡¡¡Hasta la temporada que viene!!!

Y cambiamos de registro… próximo objetivo 29 de septiembre de 2013: Maratón de Berlín.


viernes, 26 de julio de 2013

Campeonato de Madrid de Veteranos por Clubes

Un 800, un poco de pista, un campeonato de veteranos, más 800 y todo esto, realmente… ¿a qué se ha debido? No sería justa si no contase el por qué de esta incursión en el tartán.

Lo cierto es que después del bajón que nos quedó por no poder ir al Campeonato de España de Cross, las chicas del Canguro empezamos a recibir los ánimos y un nuevo reto por parte de nuestros compañeros. Y concretamente, todo esto empezó por nuestro compañero de club Cristóbal, que con su ímpetu y energía nos empujó a las Canguras a participar en el Campeonato de Madrid de veteranos por Clubes... con un correo en febrero que decía “NEW MISSION”, nos animaba a participar en la pista cubriendo todas las pruebas que se requerían y tras mucho darle vueltas, idas y venidas de correos, ponernos de acuerdo en las pruebas y demás historias… allá que nos embarcamos en esta aventura y más concretamente, en lo que a mí atañe… allá que fui a probar algo nuevo y a quitarme el miedo.

¡Con un par! Ahí estaba su apuesta, “yo sé que tú eres fondista... pero la velocidad es muy divertida en la pista!! La media vuelta a la pista es tuya!! 200ML ¿Cómo lo ves?”. Cuando lo leí se me encogió el estómago y pensé que estaba loco, ¡cómo voy a hacer una prueba de velocidad sin haber tocado nunca la pista!

Y sin embargo, mi respuesta como siempre entre el que sí y que no, las excusas… fue algo así como “ando a duras penas, empecé pista y no me encontré con fuerzas y la aparqué... ahora ando que pico, que no pico... me sigue llamando la atención y me apetece, pero no sé si llego a algo porque al final no le he podido dedicar el tiempo que quería… he hecho algunos 200 y me parecen muy divertidos... lo que no sé es si "daré la talla"... para cuándo sería? tengo que hacer controles? me apetece, pero me da un poco de cosilla… venga va, yo por mí encantada!!!”.

¡Qué locura! ¿verdad? El caso es que al final, por esta tontería es como acabé en la pista… por un “simple 200” al final me llevó a hacer otras cosas, empecé con el 800 y me gustó, me sentí cómoda y creo que es lo que me apetece… pero a raíz de ahí… ya sabéis la historia.

Así es que después de esto, sólo queda narrar mi pequeña crónica del Campeonato celebrado el 23 de junio de 2013.

Día tranquilo, lo cierto es que no estaba nerviosa, ya había vivido un campeonato en pista, había corrido un 200 y me dije a mí misma “¿me voy a poner nerviosa por 30 segundos?”, así es que simplemente pensé en disfrutar con mis compañeras y ya está. Los niños se fueron de excursión por la mañana, Mario tuvo que hacer unas gestiones y finalmente me acompañó mi tía María hasta Majadahonda.




Llegamos al polideportivo y tranquilamente saludé a amig@s de otros clubes, a Juanjo que ya andaba por allí compitiendo y por supuesto a mis compañer@s del Canguro. Estuvimos charlando un poco, viendo el resto de pruebas y hasta que llegó el momento de calentar. Lo normal, un trote, un poquito de técnica de carrera, unos progresivos y a ver qué sale, mi idea era bajar de 30 segundos, pero me daba a mí que no sería fácil.

De nuevo en la línea de salida, por supuesto en esta ocasión tampoco saldría de tacos… ¿para qué? no los tenía controlados y no me atreví. Un calor horrible, había buen ambiente, no se respiraba tensión, todo era como muy relajado, así es que, me encontré bien. Respiré, miré la curva y dije “a por ella”… ya no oigo nada más, “a sus puestos, listos… y bang!”, salgo disparada todo lo que me dan las piernas. Intento ir baja unos metros pero supongo que la inexperiencia, el ansia me puede y al final me levanto prácticamente en la curva. Increíble la sensación de ir a toda velocidad, de pensar que puedes más pero notar que las piernas se te paralizan, la chica de la calle 1 es mi objetivo imposible, sé que no la puedo pasar pero al menos intento ir lo más cerca de ella para no bajar el ritmo, para ir a por todas y finalmente… así hago, doy todo lo que tengo, corro tan rápido como puedo y al final, cruzo la meta la segunda en un tiempo de 30,84. ¡Madrecita qué difícil es bajar unas centésimas de segundos! Fue imposible alcanzar mi objetivo, pero bueno… no me importa, disfruté, lo pasé bien, sentí la velocidad y el vértigo en las piernas y al menos, así… algún día me vuelva a plantear conseguirlo, siempre hay que dejar algo para el futuro, ¿o no?




Después de los 200 ml tocaba la siguiente prueba. Otro reto más, otra experiencia más, correríamos un 4x100 y no basta con correr y ya está, ahí estaba “el palito”, el famoso testigo que dicho sea de paso… no es fácil entregar, sobre todo para alguien que no lo había hecho nunca. Así es que, no sólo he aprendido a “correr algo” en pista, a salir de tacos, sino que también he estado haciendo prácticas de “entrega de testigo”, vamos… ¡todo un arte! La verdad que la mañana que lo estuvimos entrenando fue muy productiva en muchos sentidos y sobre todo, muy divertida. Y ahora tocaba ponerlo en práctica.

A última hora, poco menos de una hora antes de correr, tuvimos que hacer cambios en el equipo. Las corredoras que un principio íbamos a haber hecho el 4x100 no pudieron y en cuestión de minutos tuvimos que improvisar un nuevo equipo y por lo tanto, unas nuevas prácticas… pero ¡qué le vamos a hacer! ¡así es el directo! Y lo importante era hacerlo… así es que tengo que felicitar a mis compañeras que sin tenerlo en mente, se atrevieron también con este “retillo” que por supuesto, como no podía ser menos, estuvo genial.

Llegó la hora, me tocaba salir la primera, así es que de nuevo los nervios y la tensión del momento de la salida los sufrí en mis carnes, pero no me importa, es un momento difícil de explicar pero digno de vivir. Así es que allí estaba con el testigo en la mano, agarrándolo tan fuerte que casi no me circulaba la sangre entre los dedos y pensando que 100 m se corren en un pis-pas, pendiente de que no se cayera cuando lo entregase y luego… a disfrutar del resto de la carrera viendo a mis compañeras. Y una vez más… las susodichas palabras y ¡a correr! La verdad es que no puedo contar mucho de esos 100 ml porque prácticamente ni los recuerdos, no me acuerdo de las sensaciones, no me acuerdo de mis pensamientos, no me acuerdo de nada porque todo pasa tan rápido que no hay tiempo para nada… sólo sé que corrí y que notaba las piernas duras y doloridas, que llegué a la zona de entrega y le di el testigo a mi compañera y que las vi correr dándolo todo… hasta el final.

Fue un bonito día, todas estuvimos en nuestras pruebas llevando a cabo nuestro objetivo, dando todo lo que teníamos dentro, haciendo cosas que nunca antes habíamos hecho y viviendo una experiencia que seguro volveremos a repetir. El resultado no fue maravilloso pero eso es lo de menos… lo importante es la experiencia, el haber estado ahí, haberlo intentado, haber hecho algo entre todas y por mi parte, dejándome un buen sabor de boca y con ganas de más.








Gracias Cris por embarcarnos en esta experiencia, gracias Raúl y Pepe por apoyarnos y empujarnos, gracias Pedro Pablo por tus clases y sobre todo… gracias Canguras por permitirme compartir esto con vosotras.

miércoles, 17 de julio de 2013

Un 800 sin sabor

Pues ahí voy… con mi tercera competición en pista de 800 ml. Ocurría justo el miércoles siguiente del Campeonato individual de veteranos, con lo cual aún estaba enchufada por la emoción y la adrenalina del 200 y el 400 que todavía no me habían dejado poner los pies en el suelo, sin embargo…




19 de junio de 2013: XV Reunión de Leganés.

No tengo muy claro qué me pasó en esta ocasión. Fui tranquila, iba motivada, consciente de que a pesar de los pocos entrenos, al menos había competido algo más y eso me daba un pelín más de seguridad, pero no sé, algo en mi interior… había un interrogante.

Llegué al polideportivo de Leganés, como es habitual me fui hacia los listados y confirmé mi asistencia, miré las inscritas y me dije que intentaría ir detrás del dorsal XX a ver si conseguía mejorar un poco mi ritmo, pero… al final, todo son elucubraciones. Fui a las gradas, me senté un rato a charlar con algunos nuevos amigos y finalmente, empecé a calentar.

Lo normal, un trote de 20 minutillos con Juanjo y Sergio, una charleta agradable y lo que viene siendo habitual en estas competiciones, movilidad, técnica de carrera, estiramientos y unos progresivos… y a esperar mi serie, saldría en la segunda.




“Bueno, pues ya sabes… intenta contenerte, tienes que pasar el 400 en 1:16 más o menos… podrás o tendré que atarte una losa a los pies?”, jaaaaaaaaaaaaaaaaaaa… y es que después de mi último suicidio, no me extraña que me tocara escuchar esto, así es que, intenté interiorizarlo para controlarme en la primera vuelta y no reventar al final.

Me toca, vamos a la línea de salida… la verdad es que en esos momentos todo mi cuerpo se tensa, mi mente está 20 m más allá y aguantando la respiración, sólo consigo oír el latido de mi corazón… “a sus puestos” y bang! Salgo y empiezo a correr, detrás del grupo, pero voy algo “rara”, no las tengo todas conmigo… no sé. Oigo algunos ánimos, “venga Raquel que vas muy bien” y paso el primer 400, creo que me he quedado corta, no sé en cuánto lo he pasado pero me noto “demasiado fresca”, con lo que algo he hecho mal.




Voy, sin ir, simplemente corro, hasta llegar al último 200, adelanto a una chica en la curva, lo que me hace pensar que me he reservado bastante y tengo como un bajoncillo, porque pienso que ya no voy a poder recuperar… pero llego al último 100, me animo y me digo que hay que dar todo lo que tenga, me marco un sprint y adelanto a otra chica… definitivamente si he podido hacer eso, he regulado bastante mal, demasiado corta y no he llegado, ya no me da tiempo a más, así es que… cruzo la meta sin más.

Tengo la sensación de no haberlo dado todo, de no haberme esforzado, no me encuentro mal, me noto bastante “entera”… está claro que no he mejorado mi marca y por otro lado, tengo la sensación de no haber corrido, es como… ¿un sin sabor?





Pues eso… al final 2:41.46, aunque recuperé un pelín en la segunda vuelta, ya no hubo tiempo y es que esto es muy difícil, saber regularte en sólo 400 m, donde un simple segundo es un mundo y que si te pasas, la pagas en los siguientes 400 m… ¡uf! Me parece toda una odisea casi imposible de controlar, pero supongo que al final, cuando haces muchos 800, llegas a conocerte en cada metro, en cada tramo de la pista, tus piernas te hablan y te van marcando, hasta que la cabeza aprenda. En fin… me fui a casa así como quien no quiere la cosa, un poco cabreada conmigo misma por no haberme esforzado y diciéndome “tengo que correr otro más y ya, necesito quitarme esta espinita”.

¿Habrá tiempo para otro?

martes, 25 de junio de 2013

Entre col y col... Campeonato de Madrid de veteranos

Pues va a ser que “entre col y col, una lechuga” no es el caso y que lo vamos a dejar en algo así como… entre 800 y 800, ¡allá que van un 400 y un 200!




Se me acumulan las crónicas y las pruebas, pero es que ciertamente, esto de la pista es un “no parar”, si quieres puedes estar compitiendo todas las semanas, en diario, en finde, por la mañana o por la tarde, en cualquier lugar. Pero bueno, no es mi caso… al final lo que he intentado es entrenar todo lo bien que he podido, porque no he tenido mucho tiempo, ni para hacer fuerza, series más adaptadas, técnica, etc. etc. Así es que, de momento es todo lo que ha estado a mi alcance durante este último mes.

He descubierto la pista, he descubierto una distancia que me gusta y en la que podría estar cómoda… ¡aún sufriendo! lo de las posibilidades y las marcas, habrá que dejarlo para otro año, je je je, pero bueno, el 800 es una distancia que me gusta, ¿será porque el 8 siempre ha sido mi número favorito? ¡qué casualidad! Y mientras tanto, por el camino estoy aprendiendo, haciendo cosas que nunca me habría imaginado, sensaciones diferentes, encontrando una madurez mental y descubriéndome a mí misma… increíble lo que te puede aportar el atletismo y todo por casualidad.

Así es que, de esta guisa y en este plan, llego al Campeonato de Madrid de veteranos. Pero para mi sorpresa no iba a disputar el 800, sino que en “plan entrenamiento”, me toca inscribirme a competir un 400 y un 200… ¿no querías té? ¡pero si ni siquiera sé cómo salir de tacos! ¡voy a reventar! Pues ahí estaba, afrontando otra cosa más, una competición de velocidad y es que a lo más que había llegado era a hacer series de este tipo en los entrenamiento, pero competir… eso era harina de otro costal. Y justo la semana de antes, gracias a una súper “máster class exprés” que me dio la profesora de atletismo de mi peque, estaba intentando aprender a salir de tacos, con los chiquillos de velocidad que me quitaron las pegatinas hasta de las… ¡qué manera de correr! Fue un entrenamiento bonito de dos horas en las que me di cuenta de todas mis carencias, pero me lo pasé muy bien… gran escuela de atletismo la de Fuenlabrada.

Llega el día, 16 de junio de 2013 en Majadahonda… allá que me voy con Mario y los niños, un calor de morirse, pero un ambientazo increíble… pruebas por todas partes, peso, longitud, jabalina, velocidad, medio fondo… se respiraba ganas, energía, competitividad y nervios. Como es habitual, me confirmo y después de los saludos correspondientes, unos 40 minutos antes de la primera competición, me pongo a calentar, un trote, movilidad, un poquito de técnica de carrera, lo típico y mientras, la duda “¿salgo de tacos? ¿cómo lo voy a hacer si no tengo ni idea? seguro que me estampo o cualquier cosa”. Dándole vueltas al asunto, me paro a hablar un ratito con el entrenador de las Canguras y me aconseja que si no sé salir bien de tacos que no lo haga, que voy a perder más que a ganar, no voy a saber aprovecharlo y además, en veteranos no es obligatorio… con lo que vi el cielo (gracias por ese y los otros consejos).

Por fin, la hora del 400ml, nos llaman los jueces, una única serie y a la calle 3. Veo a algunas chicas colocarse los tacos, otras van a salir también de pie (menos mal, no soy la única) y se hace el silencio, oigo mi respiración, “a sus puestos”, avanzo hasta la línea, me late más fuerte aún, “listos”, ya no oigo nada más, me concentro, aguanto la respiración mirando al suelo y se oye el disparo. Salgo todo lo rápido que puedo, todo lo que me dan las piernas, sólo puedo pensar, “una vuelta y ya está” y veo a las chicas por delante de mí, tengo que seguirlas, intentar no quedarme atrás, ya voy por el 200 y casi no me he dado cuenta, pienso que me quedan 40’’ a lo sumo, pero noto la fuerza del lactato y casi no puedo avanzar, últimos 100 m, un esfuerzo más y lo tienes, ¡qué dolor!, veo la meta y las primeras chicas que la cruzan, no paro, hasta el final no se para, ahí está por fin y la cruzo, creo que en cuarto lugar.







¡Guau! Me tiro al suelo sin fuerzas, tengo la sensación de que lo he dado todo, no sé cuál ha sido mi tiempo porque no llevaba el crono, se acerca Mario a darme la enhorabuena y me dice que he hecho 1:08.52, ¡ni me lo creo! ¡qué subidón! El resto de compis del club me felicitan también y yo flipando… con las mismas, me voy a soltar un poquito, hago unos estiramientos y me siento a esperar mi siguiente prueba que no sé cómo voy a hacerla después de haberme vaciado de esa forma.

Unos 40 minutos después, vuelvo a calentar, sólo un poquito de técnica de carrera y unos progresivos para irme a la curva del 200. Increíble la sensación, otra vez la tensión, los nervios, las chicas colocándose, esta vez corro en la calle 2 y en la primera serie (luego habría otra), de nuevo sin salir de tacos. Ya estamos todas, por segunda vez en el día escucho las palabras “a sus puestos”, de nuevo avanzo hasta la línea de salida, “listos”, sólo veo el tartán y todos mis músculos están en tensión, se oye el disparo y no sé cómo lo hago, pero mirando al suelo salgo todo lo rápido que me dan las piernas, hago la curva y escucho los gritos de ánimos, enfilo la recta del 100, el dolor prácticamente me paraliza, pero veo a la segunda chica tan cerca que decido ir a por ella, imposible, casi sin fuerzas cruzo la meta entrando la tercera.








¡Bestial! La verdad es que no soy capaz de describir el dolor de las piernas, casi bloqueadas y la sensación de haberlo dado todo otra vez, ahora sí que me había vaciado, ahora sí que no me quedaba nada, ahora otra vez… contenta y con un tiempo de 30.98. ¡En mi vida había hecho un 200 a esta velocidad! ¡nunca antes había vivido todas estas emociones y sensaciones en un mismo día! Y yo pensando que no podía flipar más, pues todavía me quedaba algo para eso, je je je. Gracias otra vez a Mario, a mis pequeños y a mis compañeros que me felicitaron y animaron, “¡menuda curva que te has hecho! ¡ha sido la caña!”, ¡jaaaa, cómo mola!.

Con estas palabras, las felicitaciones, los ánimos por seguir avanzando y mejorando, se termina el día… al final, subiendo al pódium por dos veces y según mi categoría:
-          Segunda en el 400ml
-          Primera en el 200ml







Fue un bonito día, un gran día, me lo pasé muy bien con el ambiente, con la gente, mis compañeros, con Mario y los niños, con las pruebas, con mis retos, con mis miedos… y aunque la velocidad no sea lo mío, tengo que decir que me resultó divertida y excitante, nunca se sabe dónde puede estar el sitio de cada uno.


lunes, 24 de junio de 2013

Mi segundo 800

Pues vuelta a la pista, aunque esta vez ya había pasado por aquello de las dos vueltas, fui más pardilla aún por el desconocimiento del nivel de la prueba.

Miércoles 29 de mayo de 2013, XV Trofeo de Fuenlabrada, un meeting con bastante nivel, la verdad, aun estando ahí perdido en Fuenlabrada.




Ya cuando vi en la lista de inscritos las marcas me dije “¡leche! ¿a dónde voy?” y por supuesto, estuve acojonada durante los dos días de antes, dándole vueltas, ¿tenía algún sentido que me presentase a esa prueba? pero en fin, al final la cuestión era probar, hacer de nuevo esa “media” distancia, volver a retar a mi cuerpo contra aquellos 800 m y ver hasta dónde podía llegar.

Hasta el mismo día por la mañana estuve dudando de si hacerla o no, pero al final… ¿quién dijo miedo? ¿miedo a qué? ¿al ridículo? ¿a quedar la última? bueno… ¿y? Tenía que probar si de verdad me vendría abajo con una prueba de estas características, sabía que estaba fuera de lugar, pero quería probarme a mí misma que eso no me importaba, que un fracaso así no me iba a apartar de lo que quería hacer y de lo que pretendo hacer en un futuro, tengo que encontrar la fórmula, mi sitio… me gusta el 800 y quiero ir a por él.

Es evidente que ese día no me iba a servir de mucho, poco podía sacar de provecho con el nivel que había, pero al menos conseguí vencer mis dudas, al menos conseguí vencerme a mí misma, al menos conseguí ser valiente por intentarlo y no dejar de hacerlo.

“Tú a lo tuyo, haz tu carrera”.

Así fue que me presenté en el polideportivo Fermín Cacho de Fuenlabrada por la tarde. Primero mi pequeño corría 500 ml, lo cual me emocionaba mucho porque me encanta verle correr y pensé “¡madre mía! ¡si yo sólo tengo que correr 300 m más!”, este chiquitillo sí que es valiente… porque allí salió, disparado con todo lo que tenía dentro, dando algo más que una vuelta a la pista sin desfallecer, sin parar, hasta que llegó a la meta tan feliz y tan contento, eso sí, más rojo que un tomate. ¡Bien hecho Bruno!





Y llegó mi turno, así es que me fui a calentar, un trote, un poco de técnica de carrera, unos estiramientos y por fin, los últimos progresivos… ¡qué nervios! no sabía si sería calle libre, por calles y yo sin nada de idea al respecto, con lo que me volvieron a surgir las dudas. Mientras tanto, veía a las atletas por allí entrenando, tan seguras de sí mismas, concentradas, alguna con una planta espectacular y pensé “esta tía tiene que correr un huevo”. ¡Ay, qué paquete soy! Que si corría… allí estaba Khadija Rahmouni, campeona de España de 800, mientras yo intentaba probarme haciendo el ridículo y así me pasó.

Por fin nos informan los jueces, una única serie y  por calles, yo por supuesto, ni puñetera idea de lo que me iba a encontrar, por no saber… no sabía ni cuando podía ir a la calle 1, tuve que preguntar en el último momento casi (otro síntoma más de mi ignorancia), así es que… hasta que no pasara los conos azules, nada de nada… ¡ahí clavé el pensamiento en el que sólo había cabida para el color azul! Y para remate, me toca la calle 8, nadie por delante, ninguna referencia y a ver cómo salgo yo de ésta. Así es que con todos mis nervios y mi arsenal de dudas, esperé el disparo de salida… ¡y a correr!




En mi mente sólo estaban los conos azules, así es que empecé a correr casi en su busca sin darme cuenta del ritmo, de si me adelantaban o no (aunque me extrañó que no me pasara nadie) y una vez allí, a la calle 1 que fue cuando ya me encontré con todas las corredoras. No sabía nada de cómo iba, sólo vi a Mario en el 200 gritando “¿pero dónde vas loca?” y entonces comprendí que me había pasado, mi mejor 200 en 32’’ y claro, llegué al 400 en 1’12’’ con lo que, había firmado mi sentencia de muerte… ya notaba las piernas tocadas y las corredoras se iban. En el 500 se retiró la primera chica, más adelante se debieron ir otras dos (no me di cuenta) y cuando iba por el último 200, pensé que me iba a morir, iba la última como era de esperar y entonces se me pasó por la mente retirarme, no podía, ya no me daban las piernas, me estaba resultando un auténtico suplicio y de nuevo, otra de las chicas (con la que había corrido la otra vez), se retiró justo delante de mí a unos 150 m de la meta.

Fue cuando me di cuenta de que aquello no tenía mucho sentido pero a pesar de todo, me dije a mí misma que no iba a abandonar, que eso sería lo último que haría… aunque llegara la última, casi andando porque el ácido láctico me bloqueó las piernas, aunque hiciera el ridículo más espantoso, aunque mis hijos me vieran llegar la última, era mejor eso… demostrarles que no hay que rendirse a pesar de todo, que hay que intentar vencer cualquier adversidad… que eso siempre es preferible a retirarte y bajar los brazos, que hay que luchar hasta el último aliento para sentirnos satisfechos con nosotros mismos, por el esfuerzo y por “haberlo intentado”. Ganar no es lo único en la vida y por supuesto, perder o llegar el último, tampoco es ningún trauma.




¡Qué últimos 100 m más largos! Ni oía, ni veía, parecía que la meta no llegaba nunca pero al final, la pasé… me vencí a mí misma y eso fue suficiente. Eso sí, nada más llegar tuve que echarme al suelo porque la cabeza me estallaba, increíble el esfuerzo, increíble lo que es el cuerpo, increíble la sensación de no poder avanzar nada en 800 m, increíble nuestra capacidad de sufrimiento y sobre todo de superación… increíble carrera e increíbles los abrazos y los besos de mis hijos, saben a gloria y son el mejor premio.

Así sencillamente, me inmolé en este 800, no conseguí mejorar mi primera y única marca, pero viví otra experiencia más. Ya sé lo que es ir en una serie rápida y con nivel, por mucho que quieras hacer tu carrera, el ritmo te lleva, es muy complicado regularte y sobre todo, cuando no tienes nada de experiencia como es mi caso. Pero bueno, algo aprendí de esto… procuraré mirar con más detenimiento la lista de inscritos y en otra ocasión que vea grandes nombres o grandes marcas, mejor me voy a las gradas y disfruto de la carrera desde allí.

Sólo me queda… seguir probando, seguir corriendo, seguir mejorando.