jueves, 23 de febrero de 2012

Vitamina C

Había pensado comenzar con la definición y las propiedades de la vitamina C, pero además de ser un poco tostón, es demasiado larga y supongo que sólo sería interesante para los puristas de la nutrición, algún químico interesado en su estructura molecular o algún médico estudioso de sus beneficios en salud… y la verdad, creo que no es el caso, así es que os voy a evitar este rollo.

¿Por qué esta vitamina?

De todos es conocido que esta vitamina se encuentra en gran medida en los cítricos, típicamente en las naranjas y este es precisamente el motivo principal, las naranjas y su lugar de procedencia, la zona del Levante. Y más concretamente en la provincia de Castellón, en Oropesa del Mar donde se construyó Marina D’Or ciudad de vacaciones, que este año se ha convertido en la ciudad de atletas, pues albergaba el Campeonato de España de clubes de campo a través. Pero no sólo por este motivo… ¿sabéis que existen varios tipos de vitamina C?

El lunes 13 de febrero me encontraba con el primer tipo de esta vitamina, comenzaba la Cuenta atrás, sabía que sería una semana difícil, tensión, nervios, dolores musculares… desde que supe que iría allí, las emociones me invadieron, la ansiedad me controlaba y mis pensamientos iban a mil por hora, aunque me encontraba con energía, con ganas y con fuerza, mis típicos dolores estaban ahí, los tibiales y el isquio me molestaban y además me levanté con el cuello algo rígido, pero el lunes tenía descanso y eso, me dio un poquito de tregua.

Hasta que por la noche me topo con el segundo tipo, “tienes las Catecolaminas por las nubes”, ¿qué tengo el qué? Directa a Wikipedia me dice que son neurotransmisores, un grupo de sustancias que incluyen la adrenalina, la noradrenalina y la dopamina, bla, bla, bla… sustancias relacionadas con el estrés, la ansiedad, con la frecuencia cardiaca que suele acelerarse (aaaahhhhh vale), en definitiva, que estaba cómo una moto por la Competición, he aquí otro tipo bastante importante, menudas amigas me eché para toda la semana.

El entreno del martes fue el único que hice en condiciones, 12 km a 4’45 de media, con algunos compañeros que salían, me dicen que “a rodar tranquilamente” (chicos recordadme que os explique la diferencia entre lento y rápido, porque ir a 4’20 no sé dónde encajarlo), pero a partir de ahí, la cosa empeoró y los entrenos no fueron precisamente satisfactorios, sino que más bien fueron un desastre. Además el martes no fue un día fácil, algunas pruebas médicas con las que lo pasé bastante mal me dejaron muy tocada, cerrándolo con una sesión de fisio a última hora que precisamente no fue lo que se dice “relajante”, sino de descarga y con mucho dolor. Cómo era de esperar, eso me afectó el resto de semana, empezando por el día siguiente donde me fue imposible hacer las series que tenía programadas y sólo conseguí rodar con mucho dolor, muy lenta, con muy malas sensaciones y acabando con pensamientos demasiados negativos que me llevaron a llorar de impotencia y preguntándome si tenía mucho sentido todo aquello, lo único bueno del miércoles es que entrené con mi hermana (siempre me gusta compartir ratitos con ella). Aunque sabía que después de una sesión de fisioterapia la musculatura se queda afectada, no conseguía pensar con claridad y tranquilizarme, afortunadamente las palabras de ánimo de Mario y de Joaquín (gracias chicos y disculpadme por la paliza que os doy) consiguieron dominar algo “mi espíritu” y volví a motivarme por lo que me esperaba, estaba dispuesta a disfrutarlo, era mi premio al esfuerzo, al trabajo, a la superación en el día a día… no dejaría que nada me arrebatase ese momento y me dije “¡voy a disfrutarlo al máximo, salga lo que salga, porque estaré allí!”.

Llegó el jueves, mi último entreno y con dolores aún, rodé unos 8 km a 5’15, sola y pensando que el trabajo estaba hecho, que tenía que seguir tomando la vitamina de la Confianza que hasta ahora no había fallado… ¿por qué iba a hacerlo ahora? El viernes fue de descanso y me pasé toda la tarde tirada en modo “ahorro de energía”, no tenía ganas de nada, estaba agotada y al día siguiente me iba de viaje. Durante toda la semana la Cabeza había estado trabajando a destajo intentando modular los pensamientos negativos y los positivos, unas veces con más éxito que otras, pero sin parar (hay que controlar la toma de esta vitamina).

Sábado 18 de febrero, a las 9:00 de la mañana, habíamos quedado para salir rumbo a Oropesa, salvando el incidente que tuve dando vueltas durante 20 minutos porque no encontraba el lugar, los nervios por llegar tarde y el estrés, me encontré por fin con mis compañeros del Canguro, recibiendo un buen chute de vitamina energética, llena de ganas y de entusiasmo, haciendo un viaje muy divertido en dos furgonetas, una con las chicas, 2 de los chicos y el Presi y en la otra, el resto de los chicos y Pepe. Cuatro horitas después, llegamos a Oropesa donde comimos un arrocito en el puerto marítimo con el resto de cangur@s que habían llegado por otro lado. Fue una comida agradable, amena y distendida, en la que empecé a conocer más a mis compañeros de equipo y en la que además, me lleve alguna sorpresita. Como he dicho soy una novata y aún no me conozco las reglas y normas de este tipo de eventos; en primer lugar, me entero de que tengo que correr 1,5 km más de lo que yo pensaba, “¡pero eso es una barbaridad!“ (y dando gracias porque tenían que haber sido 8 km pero por características del terreno no salieron y nos regalaron 500 m) y en segundo lugar, para añadir más emoción, tengo que entrar en meta en los 7,5 minutos siguientes desde que entra la ganadora… así es que ¡toma chute de vitamina de presión! que me puso los pelos como escarpias porque dado el nivel que habría, tenía mis dudas de que consiguiera cruzar la meta dentro del Control (o incluso que me doblasen y eliminasen), así es que rápidamente mensaje al míster para desahogarme… “¿y ahora qué?”. Ya por la tarde nos fuimos rumbo a los apartamentos, dejamos las cosas, nos cambiamos y fuimos a reconocer el circuito trotando un ratito por sus giros y su césped, este momento es muy chulo porque le saludas diciéndole “vamos a tratarnos bien, ¿vale?” y además decides si te pones o no los clavos, después de eso y algunas consultillas, decidimos que por sus características era lo que requería (la verdad es que me dan mucha seguridad en los giros).

La competición se respiraba por todas partes, miles de atletas entrenando de un lado para otro, tensión, nervios, motivación, el ambiente era insuperable y desde luego no dejaba indiferente a una novata como yo en un Campeonato de España, ¡estaba cómo en una nube! El viaje en sí era un sueño, el buen rollo con mis compañeros, estar entre grandes atletas españoles, poder competir entre ellos fuera cual fuera el resultado, en definitiva la experiencia global, el viaje y el objeto de ello, la gente, la organización… ¡todo!

Después de la cena que hicimos todos juntos con las últimas conversaciones, consejos, bromas y risas, nos fuimos a descansar. Yo, por mi parte, a dejar preparada la equipación con el dorsal colocado, las zapatillas con el chip y por supuesto, a intentar dormir porque la verdad es que me era bastante difícil, aunque al final, cómo es lógico, después de todo el día, el cansancio te vence y te dejas llevar hasta el día siguiente.



Y llegó el gran día: domingo 19 de febrero a las 8:30 h, me levantaba tranquilamente, habíamos quedado a las 9:15 h, la competición era tarde y teníamos tiempo de sobra para desayunar, preparar las cosas, ir al circuito, ver alguna carrera, a los compañeros, calentar y estirar, sentir la brisa del mar y el sol… emborracharme del atletismo en todas sus dimensiones. Así es que, de camino hacia la playa, donde estaba colocada nuestra carpa, vimos categorías inferiores compitiendo, algunos atletas que ya habían terminado que iban descalzos por la arena o metiendo los pies en el agua, algunos rostros alegres y otros no tanto, risas y llantos (es impresionante la pasión con la que lo viven y es que les entiendo), otros miles calentando y de nuevo ese ambientazo.



Llegamos a la Carpa (más vitamina energética), dejamos nuestras mochilas, nos hicimos alguna foto, les deseamos suerte a los chicos del corto que competían antes y las chicas nos fuimos a calentar. Si mis catecolaminas estuvieron por las nubes durante toda la semana, desde luego en esos momentos debían estar ya a punto de romper los límites, estás ya tan cerca que intentas concentrarte, relajarte, pensar que puedes hacerlo pero lo único que sientes es una flojera de piernas y que te duele todo el cuerpo y sin embargo estás deseando estar en la línea de salida para afrontar el reto y que pase cuanto antes… ¿cómo será? ¿cómo me sentiré? ¿podré recorrer los 7,5 km? ¿entraré en control? ¿conseguiré puntuar? Miles de preguntas que se verían resueltas algo más de media hora después del disparo de salida.

Ahora que lo estoy escribiendo se me vuelve a disparar el Corazón, fantástica vitamina esencial para poder llevar a cabo cosas como ésta (y no me refiero por su función física y orgánica) y es que me estoy viendo allí, dentro de la carpa azul, la luz y el calor, preparándome para ir a cámara de llamadas, poniéndome la camiseta con mi dorsal, fuera mallas y dentro zapatillas de clavos… eran las 12:45 h. En la puerta del control se escucha “¡que pase el próximo equipo completo!” y allá que vamos las chicas del Canguro, dispuestas a correr la distancia larga en la categoría femenina y a darlo todo, disfrutar y sufrir. Ya dentro, rodeada de las grandes atletas con las que te cruzas en los últimos calentamientos o en las últimas progresiones, ves las caras de concentración de todas ellas y te sientes verdaderamente especial porque “da igual cómo acabes, estás compitiendo en un campeonato de España” y eso son palabras mayores (estás entre los mejores de tu país), unos estiramientos, suena el silbato y al cajón (el nuestro el 29), nos deseamos suerte y a esperar el disparo de salida.

Miro de nuevo a mi alrededor, prácticamente silencio, alguna risilla o comentario nervioso, todas preparadas y se oye el disparo. Desde este momento las sensaciones y los recuerdos no son tan claros, veo a todas las chicas salir cómo alma que lleva el diablo y yo me quedo por detrás pero me centro en correr lo mejor posible, voy pensando en que tengo que regularme, ir de menos a más, no vaciarme, llevar la respiración e intentar afrontar las tres vueltas que había que dar al circuito, con fuerza y con un único objetivo, pasar dentro de control. Alcanzo la parte de arena (no me gustó, es difícil, pesada y casi no puedes avanzar), de ahí a la primera rampa y pienso “tengo que entrenar más las cuestas”, voy oyendo ánimos (algunos de los chicos del equipo que están repartidos por el circuito, nuestra compañera que estaba por allí y alguna conocida más) pero no veo a nadie, voy centrada en la carrera, en los giros, en los pasos por las maderas, voy con Lourdes y voy escuchando los ánimos que le dirigen, hasta la siguiente rampa, más giros, subidita y pasamos por debajo del arco con el escalón que te enfila a la recta que lleva al paso de meta… primera vuelta.

Comienzo la segunda vuelta, no he ido tan mal, no sé a qué ritmo he ido porque no miro el reloj en ningún momento, me encuentro con fuerzas, se va repitiendo todo pero Lourdes se me escapa y escucho a Jose gritarme “¡vamos Raquel pégate a Lourdes, no te descuelgues!”, vuelvo a recuperarme, me pego a ella de nuevo y vamos adelantando a algunas corredoras, hasta coger a un par de chicas del Moratalaz y entonces me acuerdo del Escorial y de Joaquín cuando me dijo que fuera a por ellas (eran las mismas chicas y eso hice). A duras penas las aguanto, a duras penas voy pasando las rampas, a duras penas llego otra vez al paso de meta y escucho la Campana que avisa que es la última vuelta, un poquito de vitamina motivadora, pienso “sólo te queda una vuelta, ya que estás aquí y tienes que acabar” y me acuerdo de Mario que me dijo que me empujaría en los momentos difíciles.

Así afronto la tercera y última vuelta, como buenamente puedo porque ya prácticamente no siento las piernas, el pulso lo llevo súper disparado, no me entra el aire, el viento de cara ahora me molesta, pienso en dejarme llevar y Lourdes se me vuelve a ir, pero otra vez escucho a alguien que me dice “¡pégate a tu compañera!” (luego supe que era Pilar que estaba de delegada con su equipo, gracias guapa y felicidades por vuestros triunfos) y eso hago, última rampa, giros y cómo a falta de 1 km más o menos, hago un cambio de ritmo para intentar apurar las pocas fuerzas que me quedan (quería probarme), Lourdes me sigue y casi se va, pienso que ha hecho una buena carrera y me dejo ir, ya da igual, está todo hecho, entonces llegamos al arco con el escalón, quedan 200 m para meta más o menos y no sé lo que me pasa, de repente me acuerdo de Pegasus y su consejo “no te quedes con las ganas”, me acuerdo de Joaquín y su “tenemos algo pendiente”, me acuerdo de Mario con “para mí eres Wonder y ya está”, así es que arranco las últimas energías, aprieto los puños y esprinto, me dan ganas de vomitar pero “tengo que hacerlo”, adelanto a mi compañera, creo que ella acelera pero ya no veo nada, sólo el arco de meta con el reloj aún en marcha y la alfombra a la que intento llegar aunque el corazón se me salga por la boca… las piernas me duelen, el pulso está en 198 ppm, aprieto un poco más, lo saco de dentro y finalmente cruzo la meta en 32’33, cerrando equipo.

Justo en meta están el resto del equipo, Patricia, Piedad y Marine (que habían hecho una gran carrera), esperándonos y animándonos, me lanzo hacia ellas con un abrazo, intento respirar y cuando me siento capaz de incorporarme me doy la vuelta para ver el reloj que en ese momento me pareció que se ponía a cero, ¿había entrado dentro del control entonces?, ¿puntuaría el equipo? No pude contener más la tensión, la emoción me embargó y en ese momento rompí a llorar entre los brazos de mis compañeras (gracias chicas y especialmente a Lourdes, con la que fui durante los 7,5 km e hizo una magnífica carrera). Ha sido una experiencia enorme e inolvidable, de las mejores vividas hasta ahora en “mi mundo” del atletismo, mi primer Campeonato de España y os puedo asegurar que es una de las mejores vitaminas que he tomado nunca, porque el maratón de NY fue grandioso, pero tu país… ese sentimiento es incomparable, las raíces son lo que son y te atrapan desde muy adentro.


De los 32 equipos que compitieron en el campeonato, se clasificaron 18 y entre ellos el nuestro en la posición 17ª, pero más importante que el puesto, es el Compañerismo que se siente y como se vive en estas competiciones y sinceramente, es otra vitamina que nunca debería faltarnos. Y esto ha sido posible porque este club, lleno de grandes y magníficos cangur@s atletas, me ha dado la oportunidad de poder estar ahí y vivir todo esto.

Es cierto que el esfuerzo y el trabajo tienen su recompensa, pero no todo el mérito es mío porque cuando alguien que siente con pasión este deporte, te lo transmite y te anima, pero sobre todo Cree en ti y te hace tomar esta vitamina capaz de generarte la confianza que necesitas, estás dispuesta a afrontar cualquier cosa y yo le acepté el reto. Así es que, gracias Coach, la vitamina necesaria para construir el camino que llega hasta los pequeños objetivos de una corredora… lo viste cuando me dijiste “¿estás dispuesta a dar un salto Cualitativo y Cuantitativo?” (vaya par de vitaminas) y me trajiste hasta aquí y eso vale más que todas las naranjas del Levante.

Y cómo siempre en mis momentos más importantes, hay tres vitaminas que siempre tomo y nunca me faltan, me apoyan y me soportan, mis pequeños Children y mi Couple cuando me dijo “si no lo haces ahora, quizás no puedas hacerlo nunca” y fue el punto de partida.

Este es sólo el principio, porque pienso seguir tomando mucha vitamina C para correr más competiciones de la mano del coach, dentro de este gran club que es el Canguro para con la confianza que lo requiere, volver a llevar a mis C&C a otro Campeonato de España porque cuando se cree se puede (hasta que sea posible y el cuerpo aguante).

viernes, 3 de febrero de 2012

2 km son suficientes

¿Son 2 km más, suficientes para decidir que es largo?

Podréis recordad que así terminaba mi entrada anterior, en el aire quedaba la pregunta que cómo era de suponer, no tardaría en tener respuesta… tan sólo, una semana después. Si el 22 de enero competía en el cross corto, el 29 de enero lo hacía en el Campeonato de Madrid de Cross Largo absoluto que se celebraba en El Escorial.

Había pasado una semana rara, no sé, mis sensaciones eran diferentes a las que había tenido con respecto al cross corto; quizás la tensión que se me generó con respecto a éste, competir en equipo y por el equipo, primera vez en un absoluto, un entrenamiento y una preparación exigentes, con unos objetivos más o menos definidos, dolores y molestias “del después”… me dejó algo vacía, con una sensación de “¿esta carrera va conmigo?”.

El entrenamiento durante estos 7 días no fue excesivamente duro, fue una semana de rodajes bastante cómodos, excepto uno de los días que hice series con un amigo al que agradezco mogollón su apoyo y ayuda, pues en este tipo de entrenamiento que son tan duros y lo paso mal, siempre es bueno tener a alguien de referencia que te lleva cómo un reloj y casi sin pensar. Además, había prometido no quejarme de mis molestias (no veas lo que me tuve que morder la lengua), no pensar mucho en la carrera para no ponerme excesivamente nerviosa y tratar de tener control sobre mí misma en esos días pre-competición. Con lo que, no sé por qué, me sentía “algo fuera”, sin sensaciones para competir… no estoy segura de si fue una mezcla por intentar relajarme y desconectar de ello o porque cómo en esta ocasión competía de forma individual, la presión que siempre me genero a mí misma era menor, aunque por supuesto he de decir, que esos 2 km más no dejaban de martillearme la cabeza. De cualquier forma, lo único que tenía claro era que iba a estar en la línea de salida a las 12:30 h y que lo daría todo, fuera como fuera, en las condiciones que fuera y que acabaría como fuera.

Llegó el domingo y me levanté con los niños tranquilamente, desayunamos y nos preparamos todos para ir al Escorial. Una vez más llevaba la mejor compañía y apoyo que podía pedir, los niños y Mario, además sabía que también estarían mi tía Maria y mi tío Claudio haciendo fotos y animando (gracias de verdad por vuestro cariño). ¡Qué frío! el pronóstico eran unos 4 grados, pero no eres del todo consciente hasta que estás allí y además te ves envuelta por el viento. El ambiente aún con todo ello, era fantástico, todos los clubes preparados con sus atletas calentando y por supuesto, allí estaban las chicas y chicos del Canguro, cómo siempre con ganas, ilusión y una energía que desborda… dicho lo cual, salvando los nervios y la tensión por no saber si el equipo de chicas que tenía que competir estaría completo (al final fueron 5 en equipo y dos corrimos en individual), nos fuimos a rodar reconociendo el circuito y deliberando si correr o no con clavos. Al final por las características del circuito y por cómo estaba el terreno, decidimos que no eran necesarios… “¡cachiss y yo sin zapatillas voladoras!”, había llevado los clavos pero en esta ocasión, se me olvidaron las Aegis con las que suelo competir últimamente en asfalto, así pues… me apreté bien las que llevaba de entrenamiento y dije “que sea lo que tenga que ser” y hasta que llegó el momento de entrar en cámara de llamadas.


Entramos, cómo siempre mostrando dorsal, equipación y chip colocado, hacemos los últimos calentamientos y nos colocamos en el cajón de salida. Cómo en esta ocasión no competía en equipo, consideré que lo mejor era colocarme la última, pero un par de compañeras prefirieron dejarme delante porque ellas irían algo más lentas, así es que salí en 5ª posición. Casi no me di cuenta de la salida, estaba aún charlando cuando se produjo el disparo (¡ups, no volverá a ocurrir!) y salí casi sin pensar. En ese momento vi a mi familia y cómo sorpresa, a mi entrenador con la suya también (mil gracias por acompañarme y guiarme, para mí es muy importante, es todo un detalle que estés en esos momentitos), así es que por todos ellos y por mí misma, pensé que tenía que ir a por esos 2 km de más, que no se me podían resistir y que tenía que acabar dignamente, dando todo lo que tenía dentro hasta reventar.

La carrera era una vuelta al circuito de 900 m y dos vueltas al de 2.500 m, este último algo complicado, con muchos giros, cuestas, piedras… vamos, lo normal y típico de un cross, así es que tenía que pensar, regular y no quedarme sin fuerzas para correr los casi 6 km. Pensando en las palabras del míster, fui buscando grupo e intenté que otras chicas me llevaran en carrera, pero la verdad es que no conseguí ubicarme muy bien porque los grupos que iba cogiendo, se iban dispersando, así es que al final, acabé corriendo por mí misma, según mis sensaciones y cómo podía. Entre giros y subidas escuchaba a mis compañeros de equipo animarme, a Cris haciendo fotos, a mi tío y eso me dio mucha energía. Fui adelantando a algunas chicas, lo cual me dio bastante fuerza hasta completar la primera vuelta, más o menos entera y consciente, por el paso de inicio de circuito escuché a Joaquín que me decía que me agrupase a las chicas que llevaba justo delante y las dejase tirar, con lo que eso hice… apreté dientes y me fui hasta ellas, las seguí un tiempo hasta que empezaron a quedarse y yo seguí, no me podía creer que fuera tan bien, ¿quizás no me estaba esforzando lo suficiente? De ese grupo se quedó una chica con la que hice casi 2 km, hasta que se quedó atrás y me lancé del todo a por los últimos 500 m.




Llegué a la última cuesta y escuché a Mario decirme que tenía que darlo todo, que me cogían por detrás, que tenía que realizar un último esfuerzo… así es que, no sé cómo volví a sacar fuerzas de mis piernas y apreté para no dejarme coger. Pensé que quedaba poco, que ya estaba en meta, pero me equivoqué porque debían quedar aún unos 300 m (se pierde la noción de la distancia totalmente) y algún giro que otro más, me vine un pelín abajo porque pensé que me había pasado derrochando los últimos ápices de fuerza y creí que no llegaría, que al final me cogería la chica que venía detrás, pero vi a Joaquín que me volvió a animar y a decirme que no podía dejar que me cogieran, que el puesto era mío, que tenía que darlo todo, así es que deseché los pensamientos negativos y volví a arrancar lo que me quedaba en las piernas… y de nuevo vi a Mario diciéndome “¡venga, ahora tienes que hacer el cambio!” y no sé cómo pero así hice, los últimos metros arranqué con todas mis fuerzas y terminé esprintando… y pensé en las palabras que una amiga me había dicho por la mañana “no te quedes con las ganas”.

Verdaderamente, la sensación que te queda de haberlo dado todo, de haber terminado con cierto orgullo, de cruzar el arco de meta con el corazón todavía a 198 ppm… vale más que todo el esfuerzo que te supone ponerte en la línea de salida, los nervios y llegar hasta allí.

Al final, entré la cuarta entre las canguras, lo que me deja muy contenta porque lo cierto es que en este club hay mucho nivel y estos logros me dan mucha fuerza y confianza en mí misma, en un tiempo de 25’39’’ y en la posición 41 de la general, que no está nada mal para ser mi primer campeonato de Madrid absoluto.

Eso sí, para terminar, decir que efectivamente 2 km más se hacen muy largos, efectivamente son más que suficientes para determinar el nombre de la prueba, vamos… un adjetivo más que merecido, porque para mí esos 2.000 m se me hicieron eternos.



Y por supuesto, lo más importante, decir que tanto el equipo femenino que quedó en 5ª posición ¡sois las mejores! Y el equipo masculino que quedó en 4ª posición ¡qué grandes sois chicos!, se clasificaron para el Campeonato de España… ¡FELICIDADES a todos y ENHORABUENA!

Ahora… próxima parada: Campeonato de España de Cross Largo el 19 de febrero (gracias equipo, gracias chicas por confiar en mí y dejarme estar con vosotras en esta competición tan importante).

viernes, 27 de enero de 2012

Corto y cambio


Lo sé, lo sé… así no es, todos conocemos esa mítica expresión entre dos interlocutores que dice “cambio y corto”, se cierra la conversación y “a otra cosa, mariposa”.

Bueno, pues podríamos encontrar una similitud, aunque en este caso ese “corto” no se refiere a un verbo, sino al adjetivo. Una palabra que define, identifica, refleja la peculiaridad o característica de algo.


De entre las definiciones que podemos encontrar, yo me quedo con tres de ellas:


1. Dicho de una cosa que no tiene la extensión que le corresponde.
2. Dicho de una cosa que es pequeña en comparación con otras de su misma especie.
3. De poca duración, estimación o entidad.

Parecen afirmaciones claras y contundentes, ¿verdad? Sin embargo, cuando las analizas en profundidad, todo es relativo. “Algo que no tiene la extensión que debe”, pero, ¿quién decide cuál es esa extensión correcta? ¿por qué es corto? ¿corto en base a qué?, ¿corto para quién? He aquí la siguiente acepción “en comparación con otras de su misma especie”, cuando existe algo similar con qué comparar, es cuando se puede decidir si es corto o no. Y para remate final “de poca duración, estimación o entidad”, una vez más, ¿comparado con qué?

Y todo este juego de palabras o casi trabalenguas, para deciros que el domingo pasado 22 de enero, corrí el Campeonato de Madrid de Cross corto absoluto que a mí, me pareció eterno. Y es que de momento, 4 km de campo a través, con subidas y bajadas, giros por aquí y por allá, me siguen pareciendo más largos y más duros, que los 42 km del maratón de NY que hice en noviembre.

Toda la semana preparándome para enfrentar este reto, era muy consciente del nivel que allí habría. Un campeonato absoluto con todas las categorías, estaba claro que estaría lleno de jovencitas que corren cual gacelas, ligeras, rápidas y además, por equipos y clasificatorio para el Campeonato de España… uf! Me temblaban las piernas cada vez que pensaba en ello, porque además, había que hacer un buen papel dentro del equipo, con lo que la presión, era el doble… había que puntuar, entrar entre las 4 primeras del equipo e intentar hacer una buena posición en beneficio del equipo.


Entre los entrenos habituales (había que seguir trabajando), un entrenamiento mental (que fue divertido y motivador), todos los dolores habidos y por haber (que yo creo no eran imaginarios), mi cuerpo en modo ahorro de energía… transcurrió la semana y llegó el momento. Llegué a Polvoranca acompañada de los mejores animadores que se podría pedir, mis hijitos, mi mamá, mi hermana y mi sobri, mi tía y mi entrenador… ¡uf, qué emoción!, con un día espectacular que no podría haber salido mejor, soleado, cálido, buen ambiente… y dispuesta a darlo todo, hasta reventar.



Después del calentamiento con las compañeras, antes de entrar en la cámara de llamadas, los nervios ya empezaban a hacer estragos, así es que una última charlita con Joaquín que me orientó en cómo afrontar el circuito y la carrera, me tranquilizó (mira que eres zorro sabio) y allá que fui, con mis compañeras al cajón que nos correspondía. Decidimos que yo fuera la tercera, aunque hubiese preferido otra posición, puesto que aún no sé regularme y creo que deberían ir delante mis compañeras que son mucho más expertas y tienen más que ofrecer al equipo, pero bueno, así me tocó y salí disparada.

A los 100 m más o menos, cuando ya se enfrenta el circuito, oí los ánimos de mi familia y un “tranquila Raquel, tranquila, con calma”, así es que pensé que ya iba demasiado deprisa, que tenía que bajar un pelín el ritmo y que podía hacerlo. Pensando en que la primera vuelta tenía que ser de reconocimiento, que tenía que reservar un pelín para el final, encontrar un grupo, llegué al primer km y ¡zas! la sorpresita del circuito, una serie de zigzag en cuesta que me dejaría bastante tocada, subo asfixiada y cómo puedo, bajo alargando zancada y dejándome caer. Mientras tanto llegan mis compañeras (Alex y Lourdes) y se ponen a mi lado, si no recuerdo mal, ya completamos juntas la primera vuelta. Así es que en la siguiente vuelta no tenía que pensar mucho, sólo tenía que seguir corriendo, dándolo todo y sobre todo, intentar no despegarme mucho del grupo. Mientras tanto voy escuchando los ánimos de mi familia, “¡corre mami!”, “¡venga Raquel!”, del compi Cris que fue haciendo fotos y corriendo de un lado a otro “¡muy buen grupo chicas, seguid así!”, del resto de chicos y compañeros del equipo, los consejos de Joaquín para enfrentar el último tramo… hasta llegar de nuevo al zigzag, donde ya voy con ganas de vomitar y casi sin poder subir (tengo que trabajar más las cuestas).

Ahí Alex se lanza y se separa, Lourdes y yo las seguimos prácticamente juntas, pero al finalizarlas, ella también se va y yo ya no me veo con la capacidad de seguirla, ya voy casi vacía y no me queda mucho para afrontar los últimos metros… así es que, no sé si me abandono un poco o realmente, no tenía más… pero ni alcanzo a Lourdes, ni a otra chica de otro club que iba junto a nosotras.
Escucho los últimos ánimos y a mi hermana corriendo a mi lado, aunque casi no tengo noción de la gente que había, no veía caras, sólo oía los gritos y me dejo llevar hasta el arco de meta… donde nos esperaba Patricia que había llegado la primera tras una excelente carrera, dándonos ánimos y felicitándonos… “muy bien Raquel, ¡hemos cerrado equipo contigo!”.

¡Qué subidón! Lo he vuelto a hacer, he corrido y he terminado, he cumplido con otro objetivo, entré la cuarta de mi equipo y en un tiempo de 15’55’’… no está mal, ¿verdad?

En cuanto a la clasificación del equipo, creo que teniendo en cuenta el nivel y las edades de las corredoras, no está mal nuestra actuación, hemos quedado las cuartas con posibilidad de ir al Campeonato de España en la repesca, a ver si hay suerte y podemos estar allí.


Y volviendo al principio, ¿creéis realmente que el momento es de una intensidad corta? ¿que el estado de ánimo que se te queda es de corta duración? ¿son 4 km un recorrido corto? Pues es evidente que depende de para quién, depende con qué lo compares, porque siempre, siempre… depende.

Y ahora, después de todo esto… “corto y cambio” o ¿cambio y corto? ¿qué toca ahora? ¿a qué cambio? ¿cierro etapa? ¿descanso? Siguiente prueba: Campeonato de Madrid de Cross largo absoluto.

Cross largo, ¿cuánto de largo? ¿son 2 km más, suficientes para decidir que es largo?



 

domingo, 15 de enero de 2012

Adiós 2011, hola 2012

Medio mes de enero cumplido y yo todavía sin pasar por aquí y felicitar el año… ¡qué despiste! Lo dicho, espero que todo el mundo haya tenido unas bonitas fiestas navideñas y que el 2012 se presente lleno de ilusiones, retos, objetivos y ¡muchos km que recorrer!

¿Y cómo acabé yo el año? Pues cómo era de esperar, corriendo. Aunque no sea la mejor carrera para batir marca, aunque no sea la carrera más cómoda, que si la organización esto o lo otro, para mí es una tradición (desde que llevo corriendo), hacer la San Silvestre Vallecana y despedir así el año. Una carrera que tiene miles de seguidores y otros tantos detractores, pero en fin, es cuestión de gustos, todo es respetable y yo no voy a entrar en ello. A mí, simplemente me gusta correrla, ir por esas calles de Madrid el último día del año, con esa magnífica animación… es más que suficiente.

Después de haber pasado la mañana en la San Silvestre Vicalvareña, donde corrieron mis dos pequeñuelos y algunos amigos, nos dispusimos Mario y yo a participar en la que como digo, es nuestra última carrera del año. Prisas por llegar a casa, comer, organizar las bolsas, chequear todo y buf te das cuenta que falta la pulsera del ropero… ¡vaya por Dios! Más tiempo perdido para sacar los justificantes, corre que te corre en coche, “vamos tarde y encima se me ha olvidado el pulsómetro… ¡qué desastre!”, ir hasta el metro (que va lleno de gente) y por fin… llegamos al Santiago Bernabéu dónde habíamos quedado con un par de amigos que no sabríamos si al final veríamos. Llamadita a Charo que iba a animarnos y quién siempre está dispuesta a ayudar en caso de complicaciones (gracias guapa) y al final a la que no vimos (una pena). Dejamos la ropa y nos fuimos a los cajones, trotando, tranquilamente a calentar y donde coincidimos 5 minutos con Jesús y José Luis. Muchos nervios por llegar a tiempo, pero este año ha sido en el que mejor nos hemos organizado, entramos cómodamente y sin aglomeraciones, bien situados entre las primeras filas, habiendo calentado y además, dispuestos a ir “por sensaciones” porque justo en ese momento, el pulsómetro de Mario también se quedó sin batería… ¡ay, vaya par!

Sabía que no podía esperar mucho de esta carrera, no podía pretender mejorar mi marca, la semana había sido una semana más de entrenamiento, incluso el día anterior había corrido la San Silvestre de Humanes acompañando a mi hermana (muy divertida), pero aún así, iba con la esperanza de poder hacer algo digno, intentando darlo todo, aún a sabiendas de que mi cuerpo estaba a tope de carga y cansado. Emoción en la salida, disparo y ¡a correr! Siempre con Mario de referencia, sin reloj, fuimos cogiendo ese ritmo de competición que mis piernas y mi corazón me permitían, en el km 2 nos pasa mi compañera Patricia (menuda máquina) y la veo irse, pero yo a lo mío; fuimos bastante constantes, un motorista de la organización nos anima un rato, veo a Pedro y a Antonio que nos dan ánimos (siempre se agradece una cara amiga), en el km 7 nos pasa Lourdes otra compañera (muy buena carrera), vamos bajando y oigo gritos, pero nada claro… ni siquiera me voy dando cuenta de la gente, tengo la sensación de ir en un túnel y así llegué más o menos hasta el Puente Vallecas, donde toca enfrentar la subida más dura de la carrera. Respiro hondo, las cuestas siempre me penalizan, pero intento no bajar mucho el ritmo y apretando dientes tiro hacia arriba mientras oigo las palabras de ánimo de Mario y su “¡venga bracea!”. No sé cuánto tiempo tardo porque se me hace eterno, pero al final llegamos arriba, giro a la derecha y ahí está el km 9, aunque hay un poquito de bajada no da para recuperarse, queda poco pero ya voy agotada, sin fuerzas y quiero parar. ¡Qué largos los últimos 500 m! Aunque voy con los ánimos de Mario y de un grupo de chicos que empiezan a gritar mi nombre (me parecieron cientos), voy con la sensación de no tener más fuerzas para enfrentar la última cuesta. Último giro, ahí está, veo el crono, el corazón no me da para más, me falta la respiración, pero Mario me coge de la mano y tira de mí para pasar bajo el arco de meta juntos. Necesito coger aire, me apoyo sobre mis rodillas y me giro para ver el reloj, a duras penas veo un 43’45’’ y me digo… “¡pues vaya marca!”. Sabía que no podía exigir más a mi cuerpo, pero a pesar de ello y cómo de costumbre, no pude evitar pensar que lo había hecho fatal. Al final un 43’33’’ (a 20 segundos de mi mejor marca) cierra el año y mi semana de entrenamiento, pero con un sabor agridulce y una reflexión “Bekele no bate el record del mundo cada vez que corre”.

¡Nuevo año! El 02 de enero abre la siguiente semana de entrenos, se plantea chula y expectante por el habitual entrenamiento sorpresa, me digo… ¡a por ella! Pero a media semana, llegan propuestas y alternativas, “¿te apetece un cross este fin de semana?”, empiezo a preguntarme si estoy preparada, si puedo… “¿pero cuántos km?”, “¿y eso?”, “¿por qué?”, “¿seguro?” y al final, entre idas y venidas, debates, apuestas, bromas y retos… acabamos decidiendo que competiría en el Trofeo del Paris cómo entrenamiento de calidad. Así pues termino la semana con alguna modificación y me presento el domingo 08 en el Parque Lineal del Manzanares con mi amigo Carlos y Mario, que tendría que hacer un ritmo controlado a 4’15’’ y que yo debía aprovechar para seguirle, ayudándome como liebre.

El día es ideal, soleado, no hace frío… cogemos el dorsal, saludamos a varios amigos, llevamos las cosas al coche, un último té y empezamos a calentar. Había pasado la noche dando vueltas, “bajar de 45’, ¿ritmo 4’15’’?... ¡eso es un 42’30’’! ¡qué locura!”, estaba nerviosa, en la salida la última charla con Belén e Iván, pienso que tengo que bajar un minuto el resultado de la semana anterior y a seguir a Mario en lo que pudiese, no desfallecer, correr y correr, darlo todo… ¿sería capaz?

Salimos rápido, para mi sensación demasiado, recorremos el primer km con bastantes corredores alrededor y alguna chica delante (entre ellas Belén), giros, vueltas, íbamos por debajo de 4’00 seguro porque me faltaba el aire, por el km 3 veo a Joaquín animándonos (gracias por la sorpresa), voy algo pasada y en torno al km 4 o 5 que me adelanta una chica, empiezo a decaer, bajo el ritmo y Mario se empieza a ir… primera vuelta y empiezo de nuevo, pero ahora yo sola. En esta ocasión casi no recuerdo el paso por los km, los mismos giros, las mismas subidas, voy con un chico bastante rato, asfalto, arena… escucho a Joaquín “vamos Raquel que tienes a la 5ª ahí delante” y sigo corriendo mientras pienso si seré o no capaz de cogerla, lleva un buen ritmo y la veo correr muy bien, no me creo capaz pero sigo corriendo, otra vuelta y de nuevo “venga, venga, vamos Raquel que está ahí mismo, un último esfuerzo”, aún no sé cómo, tengo que hacerlo, así es que saco fuerzas y meto un cambio de ritmo, alcanzo a la chica en torno al km 8 y pienso “espero que no me pase factura este cambio y me alcance”.

El chico de antes ya no me acompaña, ahora es otro chico el que se pone a mi lado y empieza a animarme cuando me ve adelantar a la chica… “venga muy bien que sólo quedan dos km”. Casi no recuerdo esos dos km finales, sé que iba muy escasa de fuerzas, no sabía el ritmo que llevaba porque no quería mirar el reloj, el chico me iba animando todo el tiempo, “vamos te queda un km y vas muy bien”, yo sólo pensaba en llegar y no me atrevía a mirar para atrás por si me adelantaba la chica, pero de reojo iba al tanto de los corredores que me pasaban… por fin veo los últimos 500 m, respiro, más ánimos “ya lo tienes, un último esfuerzo con sprint, entra alegre” y enfilo los últimos 200 m por las tablas, pequeña subida, veo a Mario animándome, oigo a Joaquín felicitándome y cruzo el arco de meta casi sin respiración, con el pulso disparado y con el crono en 42’45’’. Muy contenta por mejor marca personal, cojo aire y respiro profundamente, mi compañero de los dos últimos km me da la enhorabuena (gracias por tu apoyo) y entra Carlos al momento con una muy buena carrera también. ¡Objetivo conseguido!

Casi no me puedo creer que tan sólo a una semana de haber competido, haya podido mejorar marca personal. Van llegando los resultados de mi trabajo, poco a poco, aunque parece que aún quedan más por venir… y yo empiezo a estar ansiosa por descubrirlos.


Finalmente, 5ª general femenina y cómo colofón final (debido a las normas de la carrera), subo al pódium en el segundo puesto de veteranas, compartiéndolo con mi amiga Belén Díez que sube al primer cajón (excelente carrera, enhorabuena) y con Paloma Ruiz en el tercer puesto.


Próxima parada 22 de enero: Campeonato de Madrid Cross Corto. 


jueves, 22 de diciembre de 2011

El debut

¡Hecho! Otra prueba más y la verdad, mira que me lo decía mi mamá… “Manolete, ¿pa qué te metes?”.

Evidentemente esto es una broma porque ni yo me llamo Manolete, ni tampoco ha sido tan catastrófico como podría parecer, es más, en líneas generales estoy contenta con el resultado.

La semana del 12 al 18 ha sido dura y no sólo a nivel de entrenamientos. Aunque supuestamente esta semana era de descarga, no ha sido así del todo. Ya os conté que la anterior estuve un poquito tocada muscularmente y no pude realizar el plan bien, con lo que ha habido algún que otro cambio y en esta ocasión le hemos dado un poco de “vidilla” al cuerpo. Han salido tres entrenos exigentes pero que me dejaron muy satisfecha, con rodajes de 12 km a 4’45 y algún progresivo bajando de 4’00 en compañía de mi amigo José Luis, si no hubiera sido por él, seguramente no habría llegado a ese ritmo yo sola (y es que todos entramos al trapo en cuanto nos pican un poquito). Aún así, continúo con las molestias musculares. Y decía lo de que no sólo a nivel de entrenamiento porque el pensar en el debut me ha presionado, me he pasado toda la semana nerviosa y pensando en ello, la distancia, la modalidad en sí, el ritmo, el terreno y en definitiva… en qué es exactamente un cross y cómo afrontarlo (todo porque mucha gente me ha dicho que son muy duros).

Para remate, además, esta semana ha estado llena de acontecimientos lúdicos festivos que han penalizado un poco mis energías y mis fuerzas, pero es lo que tiene la Navidad y me gusta disfrutar de ella. Así pues, cerraba la semana precisamente con una cena de amigos en la que tenía que controlarme para poder estar fresca al día siguiente y con una llamada que me decía “menos mal que vienes mañana, se nos han caído dos de las chicas y al final sólo somos tres para formar el equipo y no hubiéramos podido competir”.

¿Quería presión? ¡Pues toma “dos tazas”! Si ya tenía mis sospechas de que no dormiría la noche del sábado (ya sabéis que me pasa siempre antes de una competición), ahora ya era confirmado que no lo conseguiría. He estado nerviosa por el estreno tanto en el cross, cómo por el club (primera vez cómo cangura), pero al menos existía un pequeño relax porque el equipo que llevábamos al campeonato estaba sobradamente preparado y yo sólo era “el quinto elemento”, ahora la cosa se complicaba y tenía una responsabilidad que me puso los pelos de punta… era la tercera y no podía fallar.

La noche no fue fácil, dolor de cabeza, revuelta por la cena, un sueño interrumpido… ¿nervios? Todo lo que se puede pedir como pre-competición, pero que fue inevitable.

Y amanece el domingo 18 de diciembre. A las 8:30 h estaba en pie, no parecía que los nervios me dominasen excesivamente pero después de la noche tan intensa, me encontraba algo cansada y apenas pude probar bocado (un zumo y medio plátano). Me despido en casa y con las mismas, me fui a Parla dónde había quedado en torno a las 9:15 h con mis compañeras de equipo. Llegué al parque donde se disputaría el campeonato y busqué entre todas las carpas que allí había, la azul del Canguro. Iba algo ensimismada cuando oí que me llamaban y allí estaba Pepe (el delegado) con Lourdes, una de mis compañeras. Nos saludamos, nos presentamos y esperamos a que llegaran más compañeros para terminar de montar la carpa, lo cual hicimos al ratito, pues llegaron Patricia y Marine junto con otro compañero de quien no recuerdo el nombre (perdón por mi memoria pero espero aprenderme pronto el de todos).

Terminada la faena, dejamos las mochilas dentro, le dimos nuestros DNI a Pepe para que nos pasara el control, nos entregó los dorsales y el chip, nos fuimos a calentar, busqué por los alrededores a mi tío pero no le encontré, inspeccionamos un poco el circuito (formado por una parte de 500 y otra de 1.500 m a las que se darían dos vueltas) y he aquí la primera cuestión, ¿clavos? ¿sí o no? Yo estaba flipando, entre el ambientazo que había, el buen rollo que se respiraba, las categorías inferiores corriendo y dándolo todo, animación, el nuevo reto a punto de producirse, el circuito con el sube y baja, giros, barro, césped y además… a ponerse las zapas de clavos que tan sólo había probado el día anterior haciendo unos progresivos y pensé “¿sabré correr con esto? Espero no quedarme clavada o caerme o ¡qué sé yo!”, pero confieso que me apetecía mogollón estrenarlas y ver de verdad qué era eso de correr con unas zapatillas que no pesan nada y que llevan clavos. Así es que a pesar de los nervios, estaba muy emocionada y por supuesto, dispuesta a darlo todo.

Así pues, unos 10 minutos antes pasamos por el control de atletas, comprueban que estamos todo el equipo y nos vamos a la cámara de llamada, de dónde ya no puedes salir. Hacía sol, buen día, aunque frío pero yo no lo notaba y en esos momentos se me vinieron a la cabeza los últimos consejos, “intenta regularte, si al principio sales muy fuerte, frena y piensa en coger un ritmo que no te vacíe”, “deja para el final todo lo que tengas” “suerte y disfruta!”. Últimos momentos de cháchara, algunas fotillos y por supuesto un abrazo entre todas las chicas para desearnos suerte, donde me dijeron “tranquila Raquel, en este cross hemos debutado todas, disfruta del momento” y para atrás hacia la salida.

En la salida, sé que no seguí todas las instrucciones (intentaré no volver a hacerlo), pero es que me sentía muy violenta poniéndome al frente en una prueba que no sabía cómo iba a resultar, en la que era una novata, con vergüenza pensando que podría hacer el ridículo, que si me ponía la primera me pasarían todas las chicas y sobre todo, saldría disparada y descontrolada como una loca. Así es que, me puse en segunda línea y no “saqué mucho codos”. Con el corazón a 200 (supongo porque no llevé pulsómetro) escuché el disparo de salida y arranqué cómo pude, a toda velocidad y con fuerza detrás de las primeras chicas, detrás de dos de mis compañeras. No sé a qué ritmo iba, no lo puedo asegurar, quizás por debajo de 4’ porque me sentí que se me salía el corazón prácticamente al hacer la primera vuelta de 500 m, ¡qué sensación! Giros, subidas, bajadas y cada vuelta escuchaba los ánimos, mi nombre y un “¡vamos cangura!” hasta hacer las dos vueltas de 500 m, donde me adelantaron chicas y una compañera más. Y se inicia la primera vuelta a la parte de 1.500 m, escucho otra vez “¡lo estás haciendo muy bien Raquel, ánimo!”, aunque las zapatillas me dan cierta seguridad, me siento rara e inestable, se me tuerce un poco el tobillo pero no le hago mucho caso, me voy sintiendo cada vez más vacía, sin fuerzas y pensando que me he pasado en ritmo, de poco me sirven los consejos, empiezo a flojear pero sé que no puedo parar y en ese momento me pasa una de mis compañeras que me dice “venga, pégate a mí y vente conmigo”, así es que lo intento, pero no consigo aguantar su ritmo y aunque la sigo de cerca, se me va y entonces, en uno de los giros, veo a mi tío haciendo fotos, lo que me infunde unos poquitos más de ánimos. A partir de ese momento me quedaba la última vuelta de 1.500 m, sin apenas fuerzas, pero sin dolores musculares, aunque las piernas me iban, el corazón no me daba más y casi no podía respirar, pensando que no podía parar y a punto del colapso, con unas ganas de vomitar terribles, me vinieron a la cabeza esas palabras “lo de mañana es fácil, menea el culo hasta que te entre ganas de vomitar y cuando te entre, sigue corriendo”. ¡Vaya si era cierto! pero, ¿cómo seguir corriendo? ¿seguro? ¿podré? Y me dije que tenía que seguir hasta el final, costase lo que costase, aunque bajase el ritmo pero había que cruzar la meta y luego “ya respiraré”.


Tramo final, vuelvo a ver a mi tío que me anima y acto seguido, la última subida hasta la meta, “venga aguanta, un poquito más y ya está”, subo cómo puedo, casi arrastrándome pero veo la meta y me lanzo hacia ella, corro sin fijarme en mi alrededor, no sé si hay chicas delante o detrás, me da igual, sólo quiero llegar, no oigo nada y por fin… cruzo el arco y me digo “¡bien!”, paro el crono en 16’40’’ y aunque no es lo que esperaba, me conformo con no haberme rendido y haberlo terminado. Al menos acabé por encima de la mitad, la 16ª de 34 chicas… ¿qué más se puede pedir? Siendo la primera prueba de estas características, sé que tengo que estar orgullosa del resultado, pero aún así… ¡quiero más y mejor!
Casi no puedo ni quitarme el dorsal para dárselo a la organización, con el corazón todavía a 1.000 por hora llego hasta donde estaban mis compañeras, abrazos por la carrera, Patricia y Piedad con muy buen resultado llegando las segundas en sus categorías (¡enhorabuena chicas!) y finalmente nos vamos hasta la carpa donde nos felicitan por nuestra actuación. A continuación, correrían los chicos.

Fueron los 4 km más largos y duros que he corrido en mi vida, lo pasé mal, sufrí mucho, casi hubo momentos de pensamientos negativos que conseguí desechar, pero en resumen disfruté y lo pasé genial. Creo que lo más importante es la sensación de satisfacción que te invade cuando cruzas la meta porque te das cuenta de que el esfuerzo y el trabajo que estás realizando día a día, tiene unos resultados y una recompensa.

Eso es indescriptible.

Y el resultado final no podría haber sido mejor, los dos equipos femeninos quedamos subcampeonas y en cuanto a los equipos masculinos, dos de los tres que se presentaron, también se erigieron como subcampeones.



Y ahora… ¡a por el siguiente!