domingo, 16 de septiembre de 2012

Calentando motores


En estas semanas poco tengo que contar… de momento seguimos calentando motores, rodando y rodando, en busca de la “forma perdida”.

Otra semana más por el parque, con la temperatura ideal de las mañanas, con el amanecer de fondo y probando en algún que otro progresivo hasta dónde podía llegar. Unos entrenos que van buscando despertar el corazón, subirle de pulso y encontrar esa chispa que todavía está tan dormida.

Pero no están siendo fáciles, arrancar es complicado, ponerse en marcha cuesta, el estado de ánimo se viene abajo, el entorno y las situaciones diarias te confunden, te llevan a malgastar energía y al final… no estás segura de que lo que has hecho, haya merecido la pena o sirva para algo.

Semana del 27 de agosto al 02 de septiembre: 45 minutos suaves de entre ellos, dos días en progresión acabando a 4:50.

Esa semana da paso a otra en la que bajamos carga, volviendo a los 30 minutos suaves. Sigo buscando ese puntito, se trata de hacer menos tiempo pero intentando ir más rápido… sigo buscando la forma pero cuesta, no la encuentro, me pesan las piernas, el pulso va muy alto y sólo consigo rodar a 5:15. Estos días cambio la rutina y en lugar de los entrenos matutinos, paso a hacerlos a última hora de la tarde, cambiando de recorrido, otro parque… ¿será que mi cuerpo no está adaptado a otros horarios?



Al final, la semana del 03 al 09 de septiembre acabo haciendo 5 entrenamientos de 30 minutos algo menos suaves, pero con malas sensaciones. Molestias en la rodilla me hacen pensar en el “otra vez la dichosa adaptación… ¿y ahora qué más?”. Intento no prestarle atención, descargamos piernas, pero el dolor sigue latente… al menos no me impide correr, molesta, quizás me está avisando, pero de momento puedo seguir… y mi corazón sigue entre las 185-195 ppm. No veo avance.

La última semana de entrenos ha sido un mix de ritmos, lugares, horarios, sensaciones… y seguimos. Volvemos a subir a 40 minutos, esta vez algo más rápidos pero de la misma forma, difíciles, con pesadez y con la sensación de que me falta el aire.

Un par de entrenos en el JCI, los últimos de la pretemporada… cambio de rutina, cambio de horarios, no hay más madrugones y paso a partir de ahora a los entrenos del medio día. Me despido de mis amigos los abueletes, que todas las mañanas me saludaban, me animaban, se paraban a charlar conmigo y a los que echaré de menos… “hasta el año que viene señores, ha sido un placer encontrarles cada día”.



Otro entreno por el parque al lado de casa, a duras penas consigo un ritmo de 5:05 y las piernas que siguen pesadas… “¿pero es que esto no termina nunca?”. Tranquilidad, respiro y consulto si esta situación es o no normal… parece que sí, así es que intento concienciarme que es lo “que toca” y que poco a poco llegará… “tranquila Wonder, hay tiempo”.

Termino la semana con dos entrenos que me dejan bastante satisfecha… “¡por fin consigo rodar por debajo de 5:00!”. Parece una tontería, pero al final es una inyección de moral y de ánimo… y te das cuenta que rodar en compañía es mucho más fácil, no te das cuenta cuando lo estás haciendo, no te percatas de tu ritmo o de tu pulso, aunque voy sin aire, al final consigo sacar ese poquito más que me está faltando. ¡Qué fácil es ir a rebufo! ¡Pero qué bien sienta!

Termino así la semana del 10 al 16 de septiembre, con rodajes de 40 minutos más alegres.

Y seguimos calentando motores… esto todavía no ha empezado, ¿vamos a por un poquito más?. Nos vemos dentro de poco.

viernes, 24 de agosto de 2012

¿Estás de vuelta?

Aquí estoy otra vez, como dice el título de esta entrada, de vuelta… ¿y tú lo estás?




Después de tres semanas de descanso, tras un completo parón deportivo, toca volver a la carga. En estas tres semanas de viajes, de sol y de playa, de familia y de amigos, de excesos alimenticios y también de alguna que otra reflexión… no ha habido ni un solo km al que haya sucumbido y por el que haya tenido intención de ponerme las zapas. Y es que, directamente y por “prescripción médica”, no las eché en la maleta, para evitar tentaciones.

Ha sido una desconexión total, mis músculos han estado tan dormidos y lejos de mi mente durante tanto tiempo, que ahora no se acuerdan de cómo empezar, se han olvidado del movimiento, de los madrugones, de los impactos, de los estiramientos… y están demasiado vagos, la pereza me invade y me está costando mucho arrancar.




Y creo que la conclusión es que, en relativamente poco tiempo, puedes llegar a perder tanto la forma, que no te explicas cómo y cuándo, si será posible volver a la “normalidad”, si podré de nuevo trotar sin que me suban las pulsaciones a casi 180 ppm a un ritmo de 5:30, si llegaré a ese punto óptimo para poder atacar mis próximos objetivos y por supuesto, poder hacerlos realidad… porque a día de hoy, según me encuentro ¡parece imposible!

Al menos yo, pienso que en ese sentido, este deporte es muy desagradecido… cuando paras, pierdes mucho y luego cuesta una barbaridad volver, coger ritmo, llegar y estar… porque esta última parte, mantenerse, es verdaderamente complicado, correr sin lesiones, sin dolores, dándolo todo, yendo a por más, sin parar, sufriendo y disfrutando por ello… es un auténtico milagro.




Así pues, volvemos a la carga… eso sí, con muchas ganas, con objetivos nuevos, con más entrenamientos, con una buena planificación, desde cero, desde el principio y bien hecho, con una pretemporada como Dios manda y rezando porque no haya lesiones, porque mi cuerpo aguante, por hacerlo bien, por conseguirlo y por “querer seguir queriendo”.

De momento no tengo mucho que ofrecer, estas dos semanas han sido muy tranquilas, para empezar a despertar a esos músculos que tan perezosos están, volver a la rutina, a los entrenos de las 7:00 de la mañana, los madrugones, el frescor del parque y los amaneceres, para avisar a mi cuerpo de que esto no es ni el comienzo, aún no hemos empezado ni la pretemporada… es sólo un preludio de lo que tiene que venir, porque me consta de que habrá mucho y muy duro… será un año fuerte y hay que estar preparada, así es que… let’s go!!!





Semana del 13 al 19 de agosto: 30 minutos suaves.
Semana del 20 al 26 de agosto: 40 minutos suaves.

Dos semanas de rodaje muy tranquilo por el JCI… y sus amaneceres (que os dejo en fotos).

viernes, 20 de julio de 2012

On Holidays!!!

Parece que no fuera a llegar nunca, pero te das cuenta de que el tiempo no se detiene, sigue su curso imparable y todo llega tarde o temprano. Y aquí está, lo que podría considerarse el último día del año laboral, el último día de la temporada, el último día de este intenso ciclo.

Hoy es momento de hacer un balance, de mirar hacia atrás y analizar lo que he hecho, porque creo que las vacaciones, en algún sentido y en muchos ámbitos, son como un “punto y aparte”, un “vuelta a empezar”, un “reset” y tras su disfrute un “suma y sigue”… hoy en día no es tan típico tomar como referencia el año natural de enero a diciembre, depende de lo que medimos, así pautamos y el ciclo, se repite.

Aquí estoy, reflexionando sobre lo que ha sido este año deportivo (del laboral no voy a hablar, no me apetece), porque hoy toca colgar las zapas y descansar, hoy ha sido el último entrenamiento por el parque (11 km muy agradables con mis compañeros de trabajo), así es que toca dejar que la mente vuele hacia otros lares distintos de los caminos, los parques o el asfalto… que el cuerpo vaguee, que apenas se mueva, que duerma…

Aunque no lo parezca, ha sido un año complicado y duro, pero también he vivido y disfrutado mucho. Ahora que echo la vista atrás me digo “definitivamente ha merecido la pena, estoy satisfecha de mis decisiones”.

Si la temporada empezaba en septiembre, ese mes fue un punto de inflexión en mi vida, por motivos personales que quizás algún día cuente, tuve que tomar una serie de decisiones que han marcado mi camino hasta ahora (probablemente hasta más allá, hasta el futuro), en lo personal y en lo deportivamente hablando… un giro inesperado, un alud de sensaciones, una auténtica montaña rusa de la que creo todavía no he conseguido bajar. Septiembre del 2011 lo recordaré toda la vida… y vino la primera decisión importante, seguir adelante, luchar hasta el final, “morir” por lo que de verdad importa.


Octubre no fue mucho mejor (como podríais ver en las entradas de aquellos días), pero estuvo lleno de emociones, de entrenamientos difíciles y en la mente, un gran objetivo… eran los últimos días antes del maratón de Nueva York. Como dice el refrán “cuando se cierra una puerta, una ventana se abre” y es que donde yo creía un apocalipsis, se abría todo un nuevo mundo de posibilidades, cosas inexploradas, grandes retos… empecé a aprender, empecé a comprender, descubrí dónde está el valor de ciertas cosas y tomé la siguiente decisión. Hoy tengo mucho que agradecer aquellas palabras que todavía leo de vez en cuando: “ser atleta significa no darte nunca por vencido, poner tu cuerpo más allá de la extenuación para conseguir la victoria, que la derrota sea un aliciente para volver a ponerse de pie y regresar a la lucha, un verdadero atleta jamás se rinde”. Empezaba una nueva etapa.

Con aquél empujón llegué a noviembre y al NYM, un sueño realizado y altamente cumplido (tenéis mi crónica), con todo lo que ello envolvía y suponía… no fueron unos simples 42 km, significaron mucho más. Un ligero descanso y vuelta a la carga, había decidido dar un salto cualitativo y cuantitativo, sabía que me iba a costar mucho, sabía que no sería coser y cantar, pero me dije… “¿Y por qué no? Si no lo hago ahora, quizás nunca tenga la oportunidad. Prefiero probar y estamparme, a vivir eternamente en la duda por no haberlo intentado”.

Y tomé una nueva decisión: dejar el club en el que estaba y empezar etapa en uno nuevo. No me fue fácil dejar a unos amigos con los que nací como corredora y compartí algo más de 3 años de carreras y experiencias, despedirme con explicaciones efímeras lejanas a la verdad, dejando una imagen de “la sobrada que va en busca de altos vuelos” y que para nada se correspondía con todo aquello… me dolió mucho, pero no tuve opción, hoy no me arrepiento porque gracias a “esta cadena de casualidades” estoy ahora viviendo el atletismo desde lo más profundo y entre otras cosas, me mostró el cariño de quienes siguen a mi lado a pesar de todo… ¿amigos o conocidos? A veces utilizamos las palabras de forma gratuita y arbitraria, pero la vida te las enseña de verdad. A finales de noviembre, fichaba por el que es mi club de atletismo actual.

Tampoco fue fácil llegar al nuevo grupo porque a mi edad, con mi carácter, el pudor y el miedo, encontrar tú sitio… algunas cosas se hacen complicadas, pero me ayudaron mucho. Siempre atentos, encantadores y amables, fomentando la integración dentro del equipo, con ánimos y motivación por todos lados… me han convencido, estoy a gusto y creo que son una gran familia de auténticos atletas (he flipado viéndolos correr a ritmos de escándalo) y mejores personas. Desde diciembre, cuando debuté en mi primer cross (todavía recuerdo las ganas de vomitar en tan solo 4 km) hasta el Campeonato de España en febrero, otro sueño impensable para una simple corredora como yo (me temo que no soy consciente de la dimensión de todo esto, también tenéis la crónica), he disfrutado y vivido lo que es estar en un club que está en grandes competiciones, en infinidad de disciplinas y modalidades, con personas de todo tipo que se dejan la piel por sus colores y al que espero corresponder por mucho tiempo.


Y el tic de la cuestión: para recorrer todo este camino he trabajado y entrenado duro (al menos a mí me lo ha parecido aunque pueda no haber sido suficiente), he tenido momentos dolorosos y de flaqueza, llenos de tensión, de nervios e incluso llantos… pero aún lesionada o cuando creía no tener fuerzas, me he levantado y luchado con ilusión, no he parado, he seguido ganas y con esperanza… ellos han sabido sacar lo mejor de mí con paciencia, cariño y mucho apoyo. Así es que puedo decir que lo he conseguido, porque ha sido una experiencia increíble donde me he divertido, me he enriquecido y hasta he llorado de alegría.

Esto no ha acabado… como he dicho, es sólo un punto y aparte, después de las vacaciones vendrán más entrenos, más competiciones, más nervios, más alegrías, más… intentaré controlarme (sobre todo emocionalmente), ponerme a la altura de mis compañer@s y darlo todo, aunque sé que tengo un duro trabajo por delante, que este año será aún peor, que habrá muchas más cuestas y series, más fuerza y calidad, más entrenos… pero no me importa, es lo que quiero, es lo que he decidido y aunque sufra… ¡disfruto con ello! Qué paradoja, ¿verdad? ¡Cómo mola poder sufrir corriendo! Y es que todo tiene su explicación, porque sin esfuerzo no hay recompensa, sin sufrimiento no hay victoria, sin trabajo no hay resultado… y no hay nada como sentirse realizada, satisfecha con una misma cuando después de todo ese sacrificio, cuando notas que te falta el aire y el corazón se te escapa, consigues cruzar una meta y decirte “lo he logrado, he podido”. Insisto, lo más importante: poder correr.

Y termino contando mi final de temporada. Después de marzo y abril prácticamente parada (es cuando aprecias ese “poder correr”), en mayo trotando de poquito en poquito, recuperarme de la lesión, la adaptación a las plantillas (se me va un dolor y me aparece otro) y demás historias, empecé a salir de nuevo a correr, cuando me veía con ganas o me apetecía. Llegó el calor y con él, los madrugones y los entrenos por el Juan Carlos I a las 7:00 de la mañana, con la fresca, poco a poco pero de forma regular y con calma, fui cogiendo algo de forma (no mucha la verdad, para que nos vamos a engañar), pero suficiente como para permitirme hacer alguna carrerilla a primeros de junio y sobre todo, volver a sentir ganas por entrenar y esforzarme… podría decir que junio y julio (hasta hoy), ha sido cuanto menos, curioso y muy divertido: 8 semanas de entrenos algo más fuertes, volver a despertar y mi primer contacto con la pista.

Me lo he pasado en grande, ante todo por volver a disfrutar de los entrenos sin dolor, recorriendo un parque donde daba los buenos días a Madrid en compañía de mi hermana; por haber realizado algunos entrenos “sorpresa” con muy buena (y también nueva) compañía, consiguiendo que lo duro parezca fácil; por ese primer contacto con la pista que ha hecho “me pique el gusanillo”, aunque he de decir que me parece durísima y requiere de un gran trabajo físico y sobre todo mental (esto va a ser lo más difícil), me gusta y me apetece, eso sí… con mucho respeto, no es cualquier cosa, además en el último entreno me puso en mi sitio y me enseñó quién manda (no me doy por vencida). Y en definitiva por haber llegado hasta aquí, porque hoy aparco las zapas con la sensación de que he trabajado estas semanas a tope, hemos llevado mi cuerpo hasta un pico de forma con un objetivo claro (que puede o no ser entendido, pero a mí eso me da igual porque yo sé en quién confío) y aunque haya reventado, me sienta cansada y agotada (esta última semana ha sido para rodar libremente), me voy con la sensación de no haber perdido el tiempo en la última fase de la temporada, de que ha merecido la pena y sobre todo, con muchas ganas de volver a por más.

Gracias a tod@s los que me habéis acompañado y soportado en este ciclo… por vuestros ánimos, apoyo, ayuda, paciencia, cariño… todo eso y más. ¡Disfrutad de vuestras vacaciones y ese merecido descanso que seguro os habéis ganado! Yo desde luego, lo necesito.


Y como supuestamente este blog es sobre atletismo (aunque parezca una novela), para los más interesados en la materia, os dejo mis entrenos de las últimas semanas. Seguro que a algunos os parecerán “de nenas” y flojos, otros los podréis criticar, espero que alguno piense que menudo trabajo y “¡qué caña!”, os podrán gustar o no… pero ahí están y a mí me han costado “sudor y sangre”. Yo los he vivido y sufrido, vosotros podéis discutirlos… ;-)

Semana del 11 al 17 de junio
1- 25' suaves + 10x100 progresivos
2- 30' cómodos + 15' progresivos
3- 50' suaves
4- 50' suaves
5- 5 km calentamiento + TC en cuesta + fuerza

Semana del 18 al 24 de junio
1- 30' suaves + fuerza de tren inferior
2- 45' progresivos
3- 50' suaves
4- 30' suaves + 4 x100 progresivos
5- Test: 1.500 + 1.000 + 400 (primer contacto con la pista: hecho en 5’50 + 3’50 + 1’19 y casi vomito por el esfuerzo, ¡qué largas se me hicieron las vueltas!)

Semana del 25 de junio al 01 de julio
1- 30' suaves + fuerza de tren superior
2- 20' calentamiento + 10x100 cuestas al 80% + 15´en progresión
3- 35' suaves + fuerza
4- 10 km progresivos
5- 10 km suaves + 5x200 pista sub 38´´ (segundo contacto con la pista: series en 33", 35", 37", 36", 32" y con dudas… me lo pasé bien… eso sí, tengo que mejorar mucho mi técnica porque… ¡uf!)

Semana del 02 al 08 de julio
1- 4 x (2 km 5:00 + 1 km 4:45) + TC
2- 10 km + progresivos + fuerza
3- 4 km calentamiento + 2x15 PA
4- 10 km a 4:50 + 4x100 + fuerza
5- 4 km + 3x1.000 (tercer contacto con la pista que me puso en mi sitio: los 2 primeros miles sub 4:00 pero en el tercero, colapsé, me bloqueé mentalmente y paré en el 600 m, no sé si iba demasiado deprisa o simplemente… no era el día)

Semana del 09 al 15
1- 10 km suaves
2- 10 km en progresión acabando a 4:30
3- 6 km a 5:00 + 4 km a 4:35 + 2 km a 4:20
4- 6-8 km suaves
5- 6-8 km suaves

Semana del 16 al 22 de julio: trotando a gusto del consumidor.




Nos vemos a la vuelta.

jueves, 12 de julio de 2012

10 K Correcaminos

La verdad es que hace ya más de un mes que corrí esta carrera, de hecho, fue a la semana siguiente de la Carrera de los Amigos, pero es que… me he dormido en los laureles y no sé por qué, al final ni escribí crónica, ni memorias, ni pensamientos, ni sensaciones… y es que ya, casi ni me acuerdo.

Así es que, para no ser muy pesada y simplemente por tener un registro de mi actividad atlética, jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, voy a escribir una breve crónica de esta carrera que además de ser divertida y solidaria, para mí especialmente fue un punto de encuentro con antiguos compañeros del cole… qué cosas, verdad? Y es que me estoy dando cuenta de que esto “de correr” tiene muchas ventajas y une muuuuuuucho o ¿debería decir reúne?.


En fin, pues eso… domingo 03 de junio de 2012, se levanta el día muy soleado y caluroso, me levanté muy tranquila porque al ser una carrera cerca de casa y además como no la iba a competir (no estaba el horno para bollos), no me pegué un madrugón excesivo y tampoco me estresé con la “adrenalina de la competición”.

Llegamos Mario y yo a la zona de salida, había bastante gente, era la primera edición de la carrera pero creo que consiguieron con creces sus objetivos (además de la recaudación por la causa que se defendía). Me encontré con viejos compañeros del cole a los que hacía años que no veía (fue un día muy agradable chicos, además de la carrera y la comida de después, fue divertido rememorar viejos tiempos), por allí estaba Sebas que haría las fotos de la carrera (gracias Sebas por tu trabajo y por esas fotillos “personalizadas”), nuestro amigo Javi y algún amiguete más de Mario, vamos… lo que viene a ser una carrera de reencuentros con amigos.

Así sin más nos pusimos en salida Luis, Javi y yo, Dani se quedaría por detrás y Mario que no consiguió dorsal, nos esperaría unos metros por delante. Lo dicho, como era una carrera por tierra venía muy bien como entreno, así es que me dije “a dar lo que pueda, sin prisa pero sin pausa”, ya he comentado muchas veces que aunque sea entrenando, aunque no sea importante, siempre doy todo lo que tengo… no consigo regularme, al final en este caso aunque no fue mucho, volví a dar lo que tenía.

Salimos, hacía mucho calor y 10 km se extendían por un camino de tierra y piedras, con un paisaje seco y árido, con alguna que otra cuestecilla. Mario iba conmigo así es que me ayudo a regularme, a ir tranquila, pensando, guardando en las subidas y dejándome ir un poco en las bajadas, “Raquel, con cabeza, piensa… no te precipites” me decía. Y es que claro, a pesar de mi mala forma física, siempre hay chicas cerca con las que batirse algún puesto, nunca sabes lo que puede significar que te pasen o que adelantes, pero hay que tratar de ser consecuente con el esfuerzo y no perder mucho para que no te pase factura.



Fuimos bastante tranquilos (Luis, Javi, Mario y yo), regulando mucho tiempo hasta que alguien cantó “tercera y cuarta chica” cuando pasábamos una chica y yo… lo que me puso nerviosa, Mario me miró y me dijo “con calma, deja que tire ella… adelanta sólo si te sientes con fuerza”, esto debía ser el km 6 más o menos. Y eso hice, me puse a su rueda dejando que hiciera ella la carrera, sin perderla y sin pasarla, hasta el km 8 en el que notamos que flojeaba y entonces me dije “ahora es cuando tengo que sacar todo lo que me quede… ¡voy!” y la pasé. Ella me siguió unos metros, Mario me preguntó si estaba segura, le dije que sí y apreté más… hasta que poco a poco me fui despegando. No recuerdo si Luis nos seguía, sin embargo Javi hacía tiempo que se había ido por delante (no pude seguir su ritmo).

A falta de un km, de repente me adelanta otra chica (a la que ya había visto muy fresca durante toda la carrera) y me digo “vaya por Dios, pues creo que no voy a poder ir más… otra vez será” y es que ya iba muy al límite y no me encontraba con fuerza de seguir su ritmo, pero al pasar me dijo “tranquila que sigues tercera… ¡ánimo que puedes!” (al parecer no iba compitiendo), pero aún así apreté, creo que no la creí y dije que tenía que intentarlo (no sé por qué).


A falta de un km Mario me dice que como no lleva dorsal él se va a retirar (para evitar conflictos), va a buscar a Javi que iba unos 200 m por delante y le dice que me acompañe hasta meta, que voy tercera pero que me “pisan los talones”. Así es que ni corto ni perezoso, no se lo piensa y me espera… adelantamos a la chica que supuestamente no iba compitiendo y como Javi no lo sabía, me llevó apretando a toda leche hasta meta, dándome ánimos y exprimiendo todo lo que me quedaba para que esta chica no nos cogiera (debía estar a unos 100 m más o menos). Creo que acabamos rodando a 4:00 los últimos 500 m, entre el calor y el sofoco, el cansancio y las piernas cargadísimas… cruzamos la meta en 47:38, no es un tiempazo lógicamente pero satisfecha con el resultado… siempre es divertido subir a pódium y más si estás “en casa”.


Y como siempre, gracias Mario por tu compañía, paciencia, apoyo y ánimos… a ti Javi por ese último km tan extenuante y divertido con un gran sprint final, al resto de amigos por animarme y estar allí aguantando al sol por verme subir al pódium, a Sebas por tus fotos tan chulas y míster…




martes, 29 de mayo de 2012

La Carrera de los Amigos

Y nunca mejor dicho, ni nunca mejor llamada… porque lo cierto es que esta carrera es sin lugar a dudas eso, una carrera de amigos, de buen rollo, buen ambiente, amabilidad y de buenas intenciones.

Cuando hace un mes me apunté a esta carrera, lo hice con el único pensamiento del “por si acaso” y es que dada mi evolución en estos meses, no podía plantearme otra cosa que no fuera el simplemente “a ver si puedo correrla, aunque sea en plan entrenamiento y tranquilamente”.

Precisamente por todo eso, como ya he dicho, llevo mucho tiempo sin entrenar regularmente debido a mis molestias y “enfermedades” varias, a la adaptación a las plantillas y para más inri, a la alergia que me afecta en esta época del año… vamos, que estoy “como una rosa”. Sin embargo, en estas últimas semanas he ido poco a poco consiguiendo algo de estabilidad, al menos he podido hacer entre 35 y 40 minutos al trote cuatro o cinco días, no estoy siguiendo ningún plan por el momento evidentemente, simplemente salgo a trotar, a escucharme y a conocerme… lo que viene a ser “por sensaciones”, si me apetece salgo y si no, pues no lo hago y no pasa nada. Voy analizando cada una de mis molestias para ver si van remitiendo, se incrementan, si van variando o simplemente, permanecen inalteradas conviviendo conmigo hasta que consiga adaptarme completamente y por supuesto, recuperarme y ponerme en forma.

Dicho lo cual, esta carrera iba a ser, como muchas otras en estos días, un entrenamiento más, no podía exigirme nada, no podía pedirle a mi cuerpo ningún esfuerzo más, tendría que dejarme llevar por lo que él ordenase y al menos, intentar disfrutar del entorno, del día, de la causa y sobre todo, de la compañía… un día en el parque con los niños y mi familia con una paellita como colofón final.

Hice esta carrera en el 2010 y recuerdo que lo pasé muy mal porque la alergia en ese año me dio muy fuerte, pero me pareció muy entrañable por quién la organiza y por la causa por la que se hace. La carrera la organiza Club Amigos, una asociación sin ánimo de lucro dedicada a ofrecer un servicio de ocio para personas con discapacidad intelectual. Es por esta causa que se corren dos distancias, 5 o 10 km que puedes decidir sobre la marcha; lo habitual es que las personas con discapacidad hagan los 5 km y el resto, en función de nuestras capacidades y/o intenciones, escogemos entre una u otra (una o dos vueltas al circuito). Su recorrido es todo por tierra, en Polvoranca, parque en el que entreno algunos fines de semana, me conozco el circuito, sus subidas y bajadas, giros, llanos, ventajas y desventajas… esto a veces ayuda, otras no tanto porque sabes “lo que te espera”. 

Así pues, con este cóctel, durante la semana y viendo cómo iba, con mis dudas habituales antes de una competición, llegué a la carrera sin saber qué distancia hacer, según me encontrase de fuerzas, si me notaba muy asfixiada, según las ganas… haría los 5 km o los 10 km. El día antes había decidido con mi hermana que haríamos juntas los 10 km, sin prisas, tranquilamente, pero justo por la mañana recibo un mensaje suyo para decirme que no viene, con lo que me encuentro sola, de nuevo con mis dudas… “en fin, ya que me he levantado habrá que ir, ya veré lo que hago… doy una vuelta y si tengo ganas, doy otra” y con esas me fui al parque.

Llegué, aparqué, fui andando hasta el lugar de salida y entrega de dorsales, hacía mucho calor y eran las 9:40, me coloqué el dorsal y el chip, dejé las cosas en el ropero y llamé a unos amigos que sabía estarían por allí. Estuvimos calentando un poco, estirando y charlando nos fuimos hasta la salida. Ellos harían los 10 km, yo seguía sin saber qué hacer, les dije que según me viera, lo único que tenía claro es que no iba a ir “a tope”, pero quedamos en que nos encontrábamos en meta. Así es que, sin darnos cuenta se produjo el disparo de salida y como nos habíamos colocado muy atrás, tardamos en cruzar el arco de salida, eso sin contar la cantidad de gente que había delante que iba muy lenta y andando.


Prácticamente el primer km no pude correr, porque nada más salir hay un giro con un estrechamiento y con tanta gente cómo había, no se podía ni pasar, no me agobié y cuando pude, por los laterales del camino, empecé a adelantar poco a poco a los corredores. Veo a Sebas encaramado en la tapia haciendo fotos, le saludo y me anima. Creo que fue a partir del km 2 que ya empecé a ir más rápido, miré el pulsómetro y vi que llevaba un ritmo de 4’40 y aunque hacía calor, me encontraba bien, no iba ni muy asfixiada ni sofocada, tocaba una subidilla con lo que me dije que me mantendría así o bajaría el ritmo según me apeteciese, al fin y al cabo el día anterior había hecho un rodaje de 9 km y no tenía muchas más ganas de esforzarme.



Familias que iban a pasar el día en el parque animaban, gente que estaba entrenando en sentido contrario, ciclistas… y por fin veo a los míos, mi madre y mi tía con los niños. Siempre es un subidón verles porque sus ánimos te hacen sacar fuerzas cuando no las tienes (aunque yo en esta ocasión no iba mal del todo), los niños gritan “¡mami, mami… vamos mami que vas a ganar!”, se acercan a abrazarte y besarte, emocionados y entusiasmados porque para ellos siempre soy una heroína.

Me preguntan si voy a dar la otra vuelta, les digo que es probable, giro y casi al minuto veo de nuevo a Sebas (en otro punto) que también me anima a ir a por los 10 km, vuelvo a ver a los niños y les digo que al final voy a la siguiente. Desde ese punto queda una vueltecita a un lago de aproximadamente 1 km y se llega a meta o se sigue. Así pues, ya sin dudas, llego a la intersección y me lanzó de nuevo al circuito.

Cojo agua y bebo sólo un traguito, lo suficiente para matar la sequedad de la garganta y el resto me lo echo por encima. El calor es sofocante pero esa pequeña “ducha” me revive y me sienta muy bien, con lo que vuelvo a aumentar el ritmo. En otras ocasiones me voy fijando en otras chicas, si adelanto o me adelantan, pero en esta ocasión, sin perspectivas de nada, voy todo el camino con una de ellas a la que no pretendo adelantar en ningún momento. Y así llego al km 7 donde empiezo a doblar a los corredores con discapacidad, los voy animando y como respuesta, me animan ellos a mí también. ¡Qué grandes son! Es increíble su capacidad de superación y el entusiasmo que le ponen, para ellos recorrer 5 km andando es el mismo esfuerzo que para nosotros hacer 10 km o superar nuestras marcas… sus gritos y palabras me hacen sonreír, me ayudan y pienso “cuánto tenemos que aprender”.



Hasta que de nuevo, como un “dejá vu”, veo a mi familia, Bruno como loco viene hacia mí, Lola más cortada se queda expectante, mi tía hace fotos, mi madre me anima… y vuelvo a girar, vuelvo a encontrar a Sebas que me dice “al final has hecho los 10 km, lo sabía Raquel… ¡qué bien!” y me encuentro otra vez con los niños, que me paran, me abrazan, me besan y les digo que me esperen cerca de la meta para entrar conmigo. Y de paso, la chica con la que iba todo el tiempo, se aleja, pero no me importa porque “no me estoy jugando nada”.

Y de esta guisa, recorro el último km bordeando el lago y como a 100 m antes de la meta, busco a los niños, les veo nerviosos y emocionadísimos, les doy la mano y les llevo volando conmigo. ¡Qué momento tan mágico! Van súper contentos, Bruno que intenta coger una botella de agua, Lola que va flipada y finalmente, cruzamos la meta con los brazos levantados y les digo “qué bien lo habéis hecho, habéis corrido mogollón… ¡sois unos campeones!”.



Un achuchón, más besos y paro el crono en 47’29’’, acto seguido me pregunta Bruno… “mami, ¿has ganado?”, a lo que le contesto que no siempre se gana, que las carreras son muy difíciles y que siempre hay gente que corre mucho y más… así son, ellos piensan que mami es invencible, como he dicho antes, para ellos siempre soy Wonder Woman.

Pero qué curiosa es la vida, a veces cuando menos te lo esperas te da alguna sorpresa. Me vuelvo a ver con mis amigos Óscar y Eva, comentamos la carrera y charlamos un poco, llega Sebas que me dice que ha ido contando y que he podido entrar entre las 6 o 7 primeras, me resulta gracioso pero no obstante me voy a ver las clasificaciones. No las ponen, pero pregunto al chico que las estaba controlando y me dice que soy 4ª de mi categoría… “¡vaya! si lo sé me esfuerzo un poco más… cachisssss”.


Aún así, como nos íbamos a quedar a comer la paella que hace la asociación para todos los corredores, de paso vimos la entrega de premios (muy chula porque hay premios para los discapacitados, para la distancia de 5 km y para todas las categorías en los 10 km) y cuál es mi sorpresa cuando en tercer lugar de mi categoría me nombran. ¡Qué emocionante! Siempre es un regalo el poder subir a un pódium y más cuando no te lo esperas. Y entre gritos de mis amigos y mi familia, los aplausos, Bruno que viene raudo y veloz conmigo, subí a por mis premios: un trofeo y una caja de langostinos. 



En conclusión, una bonita mañana deportiva, haciendo algo que me gusta, disfrutando con ello, compartiendo divertidos momentos con mi familia y amigos, comiendo paella, jugando por el parque con los niños y además algo más aprendido ¿o quizás simplemente confirmado?

Por muy relajado que vayas en una carrera, por muy tranquilo que corras, aunque sea sin expectativas y sin objetivos… no hay que dejarse nunca nada guardado, hay que ir a por ello hasta el final y cuando tengas un rival cerca, siempre hay que intentar alcanzarlo, no hay que dejar que se vaya, hay que superarse, nunca puedes saber lo que te espera al otro lado del arco de meta… aquella chica que se fue en el último momento, entró segunda y podría haber sido tercera, yo podría haberme quedado fuera y mis pequeños no habrían tenido a su heroína.



Aunque en esta ocasión no era mi intención ganar nada, no me había preparado a conciencia y disfruté muchísimo con mis hijos… una cosa está clara: una carrera siempre es una competición, da igual contra quien, contra uno mismo o contra otro, da igual la causa por la que corras, no importa que sea un deporte entre el que se respira muy buen rollo o percibas compañerismo… al final te das cuenta de que es un deporte individual y que todos somos competitivos y el sabor final puede ser muy diferente dependiendo del resultado, con o sin pódium, batiendo tu propia marca o simplemente adelantando a ese corredor en el último sprint… la cuestión es quedar satisfecho con uno mismo.