jueves, 13 de marzo de 2014

Campeonato de España de Veteranos de Campo a través - Jerez


Ahora a toro pasado te das cuenta de que el tiempo pasa rápido… cuando estás en la vorágine del día a día, tienes objetivos en mente, la fecha concreta en el calendario, el tiempo pasa lento, parece que nunca llega pero no es cierto… al final ¡vuela!
Bueno, al grano que últimamente estoy bastante perezosa para escribir y se me acumulan las crónicas pero es que a veces utilizo este blog para desahogarme simplemente por situaciones personales, laborales o lo que sea… quizás de alguna forma enmascarado por el atletismo, que al final es de lo que trata este blog “diario”.
Pues pasó el Campeonato de Madrid de cross corto en el que nos clasificamos para el de España y en principio, por seguir mejorando a nivel competitivo, me apunté también al largo, que era justo dos semanas después pero de forma individual, a ver si podía probar mi estado de forma y salir con un poquito más de moral. Dicho esto, esas dos semanas transcurrieron más o menos normal.
La semana del 20 al 26 de enero no fue especialmente dura: con días de carrera continua, los circuitos de fuerza, algún fartlek y tan sólo el sábado en el que hubo series (3000 + 2x2000) y que a decir verdad, no salieron muy bien (alrededor de 4:20 más o menos).


Así llegué a la siguiente semana del 27 de enero al 02 de febrero, en la que supuestamente competiría: dicho esto fue una semana casi de descarga, tranquila, con carrera suave y con 4x1000 el miércoles que salieron también en la misma línea (como a 4:10), con lo que la motivación era bastante poca, añadido además a que tenía molestias en el isquio y no me dejaban ir bien. Así pues, no me sentí con fuerzas de competir el domingo en el cross largo, con lo que cambié la competición por otro día de series con amigos (2x2000 + 2x1000) que al final, a pesar de mi empeño y mis molestias, salieron más o menos por lo mismo, lo que me estaba dando indicios de que algo no iba bien y no había mucha mejoría.
La siguiente semana del 03 al 09 de febrero fue algo más intensa o al menos, algo diferente: carrera continua, circuitos de fuerza y unas series cortas (dos bloques de 5x400) que no salieron como para lanzar cohetes pero al menos me fueron situando un poco. Hasta que el sábado en un entreno algo más exigente, pero también divertido, con mis compañeras de equipo: un calentamiento, técnica de vallas y unas series (4x200 + 2000 + 1000 + 500), me volví a dar cuenta lo lejos que estaba de mi objetivo y cómo mi forma física iba decreciendo. Fue un golpecito que me hizo bajar la moral, no obstante… había que seguir.
Y llega la última semana del 10 al 16 de febrero antes de la competición, el Campeonato de España de veteranos de campo a través por clubes, en Jerez. Aunque no fuera una competición clave dentro de “mi calendario”, era importante para el equipo, así es que a pesar de que estaba fatal de forma, tenía que ir e intentar dar todo lo que pudiera porque nunca se sabe dónde puedo ser necesaria. Esa semana hubo algo menos de carga, aunque se mantuvieron los circuitos de fuerza, alguna potencia aeróbica y de nuevo, unas series cortas (500 + 400 + 300 + 200) que siempre te dan un poquito de chispa y que yo creí las había hecho más o menos decente y resultó que “fueron bastante flojas” pero en fin, no se pueden pedir peras al olmo.
Con todo esto y pocas ganas, allá que me fui a Jerez en lo que iba a ser un viajecito algo accidentado. Por motivos personales de otra índole me fui sola en tren, mientras mis compañeras se fueron en coche por la mañana, con lo que fue un poco un viaje de reflexión conmigo misma analizando lo que estaba ocurriendo aquellos días… no es muy recomendable dejar que la mente vaya y venga a sus anchas, porque sacas conclusiones y te das cuenta de ciertas cosas que nos son fáciles de digerir. Y no sólo a nivel individual, sino también en mis relaciones “cercanas”, las cosas no estaban yendo bien, con lo que me invadió una tristeza y una decepción que prácticamente me controlaría todo el fin de semana.


Aún así, el viaje fue tranquilo, un AVE hasta Sevilla, otro tren hasta Jerez y en la estación mis compañeras esperándome… ¡con la que caía! ¿quién dice que en el Sur no llueve? Prácticamente se pasó toda la tarde y toda la noche lloviendo, lo que provocó un circuito blando, con barro y muy resbaladizo. En definitiva, después de la llegada al hotel (que estaba en el mismo estadio y prácticamente dentro del mismo hipódromo donde se celebraba la carrera), nos fuimos a trotar los 30 minutos de rigor del día de antes, reconociendo circuito y terreno… que como he dicho era típico de cross salvo porque era extremadamente llano y rápido, giros muy amplios sin cuestas, sólo 2 km de vuelta que recorreríamos tres veces. No había mucho ambiente, más bien poca gente, estaba muy tranquilo y tan solo saludamos a nuestros amigos del Canguro que estaban por allí rodando también. Así pues después de eso, con toda la lluvia que seguía cayendo, nos fuimos a cenar en busca de algún sitio chulo.
La verdad que poca oferta nos ofrecía Jerez, quizás por la lluvia y la oscuridad de la noche, no vimos mucho ajetreo, era un poco desolador pero no obstante, tras muchas vueltas, encontramos un italiano en el que cenamos estupendamente y pasamos un rato agradable con nuestros compañeros del CAF que también competían. Paseíto y vuelta a dormir al hotel, hasta el día siguiente.



Amanece despejado aunque fresco, con ánimos y con conjeturas sobre cuál puede ser el resultado, nos vamos a desayunar al único bar que había abierto por allí cerca, que a pesar de no tener un gran aspecto, tiene una gran variedad de desayunos… así es que por mi parte un té con leche y un rico mollete tostado con aceite y tomate son toda mi gasolina, no quise hacer experimentos y tampoco quise quedarme corta pero, sin embargo, desayuné algo tarde y con sólo dos horas de digestión con lo que me sentó mal y me estuvo pesando durante toda la carrera (en fin, tendré que aprender de estas cosas porque todavía no he encontrado el desayuno perfecto para antes de una competición, eso sí… mínimo tres horas). Terminamos, nos vamos al hotel, nos equipamos y ¡alé! ¡al circuito!
Una vez en el circuito empezamos a calentar todas juntas, pero no conseguí centrarme y viajaba entre mis propios pensamientos y la conversación con las chicas que iban analizando a los otros equipos según los íbamos viendo rodar (prácticamente sabíamos cuál sería el resultado), estaba allí pero no estaba, era un poco raro constantemente me preguntaba “¿por qué? ¿qué he hecho mal?” y a la vez me decía “disfruta y pásatelo bien”, así es que simplemente me dije “sabes dónde está tu puesto, simplemente tienes que resistir, hacerlo lo mejor posible y acabar… si puedes ayudar en algo bienvenido sea, es tu papel no pretendas nada más, sólo ¡corre!”, supongo que yo misma me había echado las cartas y no esperaba más.
Por fin vamos a cámara de llamadas, correríamos junto con los hombres de categoría M55, así es que allí estábamos todos intentando paliar el frío y las nubes de la mañana (esperemos que no llueva) con los últimos progresivos y en un ambiente distendido. Pues ale… a la salida y que se reparta la suerte. Suena el disparo y salimos a un ritmo rápido pero no excesivo, así es que me coloco detrás de mis compañeras pensando en que tengo que regular, que no tengo que excederme y que me quedan 6 km por delante que había correr lo mejor que pudiera. Allí que pongo mi ritmo y veo como Carmen, Inma, Silvia y Sofía se van, Mar estaba por detrás pero pronto me alcanzaría también y me pasaría… intenté seguirla pero me fue imposible, no iba, sólo pretendía resistir. Primera vuelta, no llevaba muy buenas sensaciones, el desayuno ya estaba haciendo estragos y eso me estaba penalizando a la hora de llevar la respiración, el circuito estaba bien, los clavos agarraban sin problemas y veía que la carrera estaba siendo bastante rápida, nombran a la primera corredora del Nerja (lo esperado). Segunda vuelta (la misma corredora en cabeza), escucho la campana y pienso “venga que sólo queda otra, tienes que aguantar”, así es que eso hago, voy prácticamente todo el tiempo con un compañero de carrera del Lynze Parla, con el que me fui dando relevos (gracias por ese apoyo), mientras escuchaba algunos ánimos de antiguos compañeros del Canguro (gracias chicos). Y con todo eso voy tirando y soportando las piernas que ya no me van hasta que escucho el final de carrera que la gana la corredora que siempre había ido en cabeza, escucho entrar a la segunda y a la tercera, ninguna es de nuestro equipo, pienso en mis compañeras y me digo “¡guau, vaya nivel que hay aquí entre veteranas! ¡venga chicas a por todas, corred!”, sé que ellas pueden hacerlo y lo harán muy bien. Último giro, últimos metros, intento apretar y mi compañero de carrera me dice “tira tú que yo no puedo seguirte” y aunque intento animarle y tirar de él, se queda y yo voy con todo lo que me queda hasta el final, por fin entro después de todas mis compañeras, en un tiempo de 24.45, bueno… satisfecha por haberlo conseguido, por no haber abandonado y por haber corrido algo más de 6 km a ritmo de 4:03 (algo casi impensable para mi estado de forma del momento).




Al final la carrera fue bastante disputada, aunque las primeras posiciones estuvieron cubiertas por la mayoría de chicas del equipo de Nerja, el segundo equipo de Cantabria metió a sus corredoras más seguidas con lo que finalmente ganaron por un punto y se clasificaron primeras. Nosotras fuimos las terceras, tal y como habíamos pronosticado durante el rodaje los dos equipos primeros fueron de una calidad magnífica… así es que mi enhorabuena. Por nuestra parte, nosotras estábamos muy contentas y con un subidón de impresión porque siempre mola ganar algo, siempre es una pasada subir al pódium, es el premio al esfuerzo y eso es algo muy reconfortante. Total que nos dicen que los premios se darán al final de todas las carreras, con lo que teníamos tiempo de ir al hotel, ducharnos y recoger las cosas para salir pitando de vuelta a Madrid en cuanto nos colgaran las medallas. Y sin embargo… mientras estamos terminando de recoger escuchamos por megafonía, en la lejanía, que nos están llamando, nuestros compañeros nos llaman por teléfono para avisarnos… “¡pero qué dicen! ¡si nos dijeron que era más tarde! ¡vamos chicas a toda leche!”, así es que con esas salimos como alma que lleva el diablo del hotel y corre que te corre hasta la zona de entrega de premios, ¡qué estrés! ¡vaya ajetreo el nuestro! Llegamos con un solazo de impresión, el día había cambiado radicalmente y la temperatura era magnífica, así es que los chicos de la última carrera iban a disfrutar de un buen clima. Subimos al pódium, recogimos nuestro premio, nos hicimos las fotos de rigor, vimos y animamos en la última carrera y por fin de vuelta a casa “a ver si podemos llegar pronto, mejor no nos entretenemos”.
Pero qué bonitas intenciones esas porque a poco y no llegamos a casa. Y es que cuando estábamos a 30 km de Jerez, el coche se nos estropea, empieza a calentarse, huele a quemado, nos paramos y nos damos cuenta de que pierde agua… ¡uuuuusshh, mal rollito! Pero nada más lejos de la realidad, el ambiente, la tranquilidad y los buenos ánimos con los que afrontamos la situación, hicieron que aquello fuera una gran experiencia, así es que paramos en un restaurante y aprovechamos a comer mientras gestionamos “la asistencia”. En fin, os podéis imaginar… viene la grúa que se lleva el coche, luego nos recoge un taxi que nos lleva de vuelta a Jerez (creo que el taxista acabó bastante escandalizado), pillamos un coche de alquiler y aquellos 30 km los recorrimos tres veces entre risas, bromas y la alegría de haber pasado un buen fin de semana, por haber corrido como campeonas, llevarnos nuestro premio y desde luego, una experiencia más a la mochila… yo sigo flipando.














Yo por mi parte, estoy muy orgullosa de pertenecer a este gran equipo, no solo por su calidad atlética, que es mucho, sino por la calidad humana que tienen estas chicas, demostrando que no hay problema grande, que todo depende de cómo se afronten las cosas y sobre todo, de que la actitud lo es todo para ver el vaso medio lleno o medio vacío… sí, algo que sabemos todos pero que muy pocas veces ponemos en práctica. A pesar de llegar casi a las doce de la noche y reventadas, de tener que madrugar al día siguiente… me llevo un gran recuerdo de ese fin de semana, pensamientos madurados y muy contenta de haber estado allí.
¡Gracias chicas! ¡Sois grandes!
Y por supuesto mi enhorabuena a todos los equipos que participaron, que lo dieron todo y que subieron a esos pódiums porque entre ellos había grandes amigos, como los chicos del Canguro, Sporting de Hortaleza, AD Marathon… ¡felicidades amigos!



viernes, 14 de febrero de 2014

Campeonato de Madrid de Cross Corto 19-01-14

Pues una semana después… estamos de nuevo en harina. El domingo se presentaba una de las citas más importantes del calendario: Campeonato de Madrid de Cross Corto.


Así pues, con los nervios que esto conllevaba, preparamos la semana con todas las ganas que pudimos. Intentamos que fuera una semana suave, con algo de descarga para no quemar las pocas energías que en estos días estaba teniendo y que de este modo, fuera fácil afrontarla. Lo intenté… además contaba con el buen rollo del equipo, las chicas estaban llenas de ganas y de energía, con mucho ánimo, así es que intenté contagiarme de ello.
La semana del 13 al 19 de enero de 2014 transcurrió, como digo, con entrenamientos algo más suaves: carrera continua para lavar un poco “las patas”, los circuitos de fuerza habituales, un poco de PA y de nuevo… a rodar suave con vistas al domingo.
Y llegó el domingo.
No sé qué decir al respecto porque lo cierto es que últimamente mis entradas no brillan por su alegría, ni buenas sensaciones, ni nada similar… pero no por los resultados en el atletismo, sino porque últimamente mi vida personal está en una constante montaña rusa que como habréis podido leer, entre mal estar general, resfriados, desmotivación, bajones, etc. no me permiten centrarme, disfrutar, no me dejan volar, con lo cual… el domingo simplemente me levanté y fui a la carrera porque había que ir.



El día era gris, lluvioso y frío, un típico día de cross sin duda, pero que no me invitaba a correr. Llegué allí con mi tía María (gracias una vez más por acompañarme en tantas ocasiones) y bueno, el ambiente es lo que tiene… te envuelve, te engulle, te arrastra y en cuanto llegué, se me pasaron los malos pensamientos que me rondaban por la cabeza y me fui a calentar con las chicas. Dimos una vueltecita al parque Polvoranca entre charla y lluvia, risas y conjeturas, “pues yo calculo que quedaremos quintas o así”, “está la cosa complicada pero podríamos ser cuartas” y bla bla bla.
Y llegó el momento. No hubo cámara de llamadas y en esta ocasión percibí como un poquito más de desorganización, aún así… últimos progresivos, movilidad y “a filas”. En ese momento el corazón se te acelera, intentas que parezca natural pero te falta el aire… incluso ahora que lo estoy escribiendo y tengo el recuerdo, noto como me sube el pulso y el corazón se quiere salir. Es el tercer año que compito en este cross y siempre me produce la misma sensación, respeto, miedo, ganas y mucha expectativas, pero este año sabía lo que había y tenía bastante claro lo que iba a suceder, con lo que sólo me quedaba correr lo que pudiera y ya está.
Disparo de salida y a correr. Los primeros metros rectos y llanos están acompañados de los ánimos de la gente que está allí viendo el cross, te llenas de fuerza y de repente te encuentras en la primera bajadita que aunque no tiene mucha pendiente, este año estaba a tope de barro. Intenté pisar fuerte, pero me fue imposible no resbalar así es que casi con más miedo que otra cosa, corrí lo que pude por el sendero entre árboles, cerca del riachuelo, estrecho y sinuoso que en esta ocasión, era un auténtico barrizal. No sé cómo expresar esa sensación de contradicción en la que me sentía insegura por el barro, torpe, pesada pero a la vez me lo estaba pasando genial, el esfuerzo que me estaba suponiendo todo ese barro salpicando hasta el tobillo era algo indescriptible. Con todos esos pensamientos fui adelantando algún puesto, llegó la subida que este año se alargó un poco más (creo que el circuito era algo diferente) y en ese instante vi a Mario que había aparecido allí de repente como un fantasma, lo que me sorprendió y animó al mismo tiempo, el recorrido gira, vuelve y te enfrentas a las temidas “S” que tanto me fustigan mentalmente. Y es que este año aún fueron más difíciles porque como he dicho, el barro te atrapaba, te cogía de las piernas hacia dentro de la tierra y no te dejaba avanzar, “déjame que tengo que seguir corriendo” y bajas con más miedo que vergüenza. Subes la última y enfrentas la recta hacia la segunda vuelta mientras Pedro y algun@s compañer@s del club te animan.



Venga, respiro hondo y voy a por la segunda vuelta. Son sólo dos kilómetros pero las piernas me pesan una barbaridad y lo que es peor, me falta el aire… siempre esa presión en el pecho que no me deja ir, siempre esa sensación de pérdida. Otra vez la recta, la bajada y plas, patino y me doy contra un árbol, “¡joder qué daño!”, pero sigo hasta la subida, otra vez está ahí Mario animando (eso creo) y las “S” y el barro que te atrapa, la temida bajada, mientras oigo “¡déjate llevar Raquel! ¡no te contengas!”, así hago, avanzo, adelanto y subo otra S más, bajo de nuevo y siento que me van a alcanzar pero no puedo dejar que lo hagan, la última subida y llevo dos chicas delante, de nuevo oigo “venga el último esfuerzo, ahí las llevas, no dejes que se escapen” y a pesar de mi agotamiento intento apretar, pero ya es demasiado tarde, quedan pocos metros y sólo consigo adelantar a una de ellas, “¿y qué más me da si el resultado va a ser el mismo? ya está hecho Raquel, no puedes hacer más”, así es que con las mismas la otra chica se me escapa, la dejo ir y detrás de ella, cruzo la meta.



Todas mis compañeras de equipo ya habían llegado, en esta ocasión perdí la referencia, no supe dónde estaban, no las vi en todo el recorrido (o al menos no me fijé) y creo que esta carrera fue más que por el equipo, fue una carrera contra mí en la que tenía que demostrar que a pesar de todo, podía hacerlo. No sé ni el tiempo en que lo hice, entré la sexta de mi equipo y la 33 en la general, así es que precisamente una actuación muy brillante no fue, pero en fin… es todo lo que pude.




Felicitaciones en meta con las compañeras que habían hecho una gran carrera, unas fotos de recordatorio y me fui a cambiar para enfriar. Entre tanto corrían los chicos y después los niños, con los que en un principio iba a haber corrido también Bruno, pero dado y como estaba el tiempo y la situación, no fue. El no verle allí me hizo sentir una punzadita de rabia, no sabía muy bien qué estaba pasando, Mario estaba (o quizás ya no porque desconocía que había hecho) y él tampoco, mientras los niños disfrutaban de esa mañana fría, lluviosa y embarrada. Así es que con las mismas, algo desolada y con un sentimiento extraño por esa mirada en la subida, me fui a trotar, pero algo en mi interior me decía “vete a casa” y esa fuerza pudo conmigo. No encontré a las chicas, no me despedí, no supe nada del resultado, no me importaba lo que pudiera haber pasado y en mi cabeza sólo martilleaba una imagen, una visión… así es que, me fui.
Todo lo que vino después…
Simplemente felicitar a este equipo de campeonas porque al final el Fuenla subió al pódium, en ese tercer cajón que nos ha dado billete directo para el Campeonato de España.



Esta vez sí, espero que en esta ocasión pueda disfrutar de un Nacional más (mi segundo), sin ningún contratiempo. Poder disfrutarlo como premio a toda esta temporada que para mí está siendo difícil, de adaptación, que me está suponiendo mucho esfuerzo pero que a la vez me está resultando emocionante, me empuja a querer mejorar, me lo estoy pasando bien y sobre todo, porque me está dando la oportunidad de conocer un nuevo grupo de chicas estupendas y muy majetas, con un gran sentimiento de equipo, bromistas y sobre todo, con muchas ganas de correr, competir, disfrutar y por supuesto ganar.
¡Aúpa Fuenla! ¡vamos a por ese Campeonato de España! Nos vemos otra vez en Oropesa.

jueves, 30 de enero de 2014

12-01-14 Cpto de Madrid de veteranos de Campo a Través

Tengo que decir que a pesar de mi premio a mis estrenados 40 años, pronosticaba que la cosa no iría bien en las semanas siguientes.
La semana del 06 al 12 de enero fue algo especial, entre vacaciones y actividades complementarias. Nos fuimos a esquiar unos días, con lo que los entrenos no fueron precisamente los más apropiados para afrontar lo que vendría a partir de ahora. Así pues, un día de rodaje largo, cuatro días de fuerza y tan sólo un par de trotes de 30-40 minutos fueron todo el entrenamiento que pude hacer.


A esto le sumaba el cansancio del viaje, un poco de estrés y un malestar general que terminó siendo de nuevo sinusitis regada con antibiótico. Así llegué al domingo 12 de enero de 2014, prácticamente sin saber si correría o no esa mañana… no obstante, me levanté como pude, con el frío de ese día y con un dolor de cabeza impresionante que prácticamente me anulaba por completo las fuerzas, las ganas, la motivación y sólo me enrabietaba.
Llegamos a Villalba, era la primera vez que corría este cross (en estos últimos años por una cosa u otra, siempre se me ha escapado), la gente que lo había corrido decía que era muy bonito, un cross muy chulo y la verdad, estaban en lo cierto. Una gran dehesa perfectamente señalizada, con todo muy organizado y por supuesto, un gran ambiente deportivo. Corrían todas las categorías, pero además, este cross es campeonato de Madrid de veteranos, con lo que había gran afluencia de “esta edad”. Así es que, dicho y hecho… llegué, dejé las cosas, me preparé y me fui con mis compañeras a calentar a la par que recorríamos el circuito.


Hasta que llegó el momento. No las tenía todas conmigo, según estaba entrenando la cabeza me iba golpeando, apenas podía respirar y me faltaba el aire, con lo que me propuse “lo intento y si me veo muy mal, me retiro... creo que es razón más que suficiente para hacerlo llegado el caso”, es algo que me cuesta, no me gustaría tener que retirarme de una carrera porque sí, creo que el día que lo haces… entras en un círculo vicioso difícil de parar, por eso siempre intento llegar, acabar, sea como sea, pero terminar… hay que entrar en meta cueste lo que cueste. Pero el pensamiento, estaba ahí.
Últimos calentamientos, unos progresivos junto con algo de técnica de carrera, unas risas de última hora y a la línea de salida. Allí estábamos las 300 veteranas alineadas y dispuestas a correr a todo lo que daban nuestras piernas. Casi no me percaté del disparo de salida cuando ya estaba corriendo, en ligera pendiente, me posicioné bastante delante porque justo me pilló el primer giro a favor, con lo que me dije “¡noooooo! ¡alto ahí! no estás ni para excesos, ni para heroidicidades… así es que regula, mantente por detrás de tus compañeras y si al final te queda algo, pues ya veremos” y así hice. Empezamos a subir y de repente vi a Sofía que iba la primera junto con Recuerdo Arroyo (aquello me pareció una locura pero no lo pensé más), me pasaron de inmediato Silvia, Inma y Carmen… y al poquito pasó Margot, yo me mantuve a la cola simplemente intentando aguantar el ritmo. No sé ni el ritmo que llevaba, ni el tiempo, ni nada (se me había olvidado el reloj en casa), así es que fui por sensaciones… ¡y vaya sensaciones!. Tras la subida el terreno es más blando y peligroso, aunque algo más llano, giros y más giros, iba intentando respirar cuando oigo a Pedro “¡suelta esos puñitos!”, intenté relajarme pero iba demasiado ahogada. Sigo corriendo y llega el tobogán, baja, sube, aprieta y el puentecito por encima del río, otra vez bajada con terreno muy blando, sube de nuevo, me cuesta respirar, las piernas no van mal, giro y enfilo la recta hacia la segunda vuelta.



Llegados a este punto ya sé lo que me queda, dos kilómetros más aguantando como pueda, no veo a las chicas (deben ir muy delante), pero al menos no me adelanta nadie, intento aguantar mi posición. Subida de nuevo, giros, adelanto a un par de chicas y me tuerzo el tobillo “¡mierda! no puedo parar, tengo que llegar aunque me cueste”, duele pero intento no pensar en ello. Llevo a otras dos chicas delante y Pedro de nuevo que me dice “¡venga! no te conformes, poco a poco en progresión”, pero la verdad, no tengo fuerzas suficientes para eso aunque no me rindo. Llega el tobogán de nuevo, el puente sobre el río, la subida y veo cerca a Sofía y a Margot, me sorprende verlas pero yo voy francamente mal y mi única obsesión es coger a esas dos chicas que tengo delante… el giro y la última recta, venga el último esfuerzo, intento apretar, acelero un poco y al final adelanto a una de ellas… ¡cachisssss, la otra se me escapó! pero es que no pude hacer más. Al final entro en meta y al parar, siento como la cabeza me explota, con ganas de vomitar e intentando recuperar el aire, llego hasta mis compañeras.
Grandes atletas estas chicas del Fuenla, imparables tengo que felicitarlas una vez más por ese carrerón que hicieron todas ellas, subiendo al pódium en sus respectivas categorías y proclamándose así como las mejores veteranas de Madrid. Yo no puedo hacer otra cosa que conformarme con mi octavo puesto en mi categoría y la decimo octava en la general.


Quizás al año que viene haya más suerte… o simplemente el trabajo dé mejores frutos.

lunes, 20 de enero de 2014

Carrera de Reyes en Yuncler

Pues lo dicho… ¡Feliz Año Nuevo!
Estamos de vuelta… año nuevo, vida igual… jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, porque en lo que a mí respecta, ni me he hecho propósitos nuevos, ni retos nuevos, ni empiezo ninguna colección nueva, ni nada de eso… yo sigo a lo mío como siempre, como el año pasado, como ayer.
Al día siguiente, después de la San Silvestre tocó rodar, pasar página e intentar entrenar un poquito, entre excesos de comida y bebida, porque todavía quedaban unos días de vacaciones y de seguir acumulando kilos. Con lo cual, esto fue un “non stop” y esa semana la terminé con los entrenos planificados: rodaje, fartlek y las sorpresas que pusieron la guinda al fin de semana. Como podéis imaginar, después de mi desastrosa actuación el día 31, mi moral no estaba lo que se dice precisamente en auge, sino al contrario, por los suelos, desmotivada, cabreada, sin ganas y en resumen… aquella expresión prohibida “no puedo” golpeaba mi cabeza. Llegó el sábado, entrenamiento de potencia aeróbica con el grupo de compañeros en el Cerro y puf, empecé mal el día, negativa, agobiada y con “bronca” incluida, empiezo un entreno que no conseguí hacer como estaba planificado y que por supuesto, me dejó totalmente insatisfecha y con ganas de tirar la toalla… ¿pero por qué tengo que estar siempre igual, debatiéndome entre lo que me gusta hacer y lo que creo que puedo hacer? Mal día.
Pero peor parecía el día siguiente, 05 de enero de 2014, mi cumpleaños… ¡qué horror! ¡40 tacos! No sé por qué se me han atravesado y por aquello de “hacer balance”, el resultado que voy obteniendo no es muy favorable… pero no voy a entrar a debatir en este blog esta cuestión. El tema es que aparentemente este día se preparaba como otro cualquiera, levantarme tranquila, hacer algunas compras para la merienda, perrear… cabalgata de Reyes y poco más, pero… al final entre Mario y los compis de entreno, me convencieron para ir a Yuncler a pasar la mañana, a hacer una carrerita de 8 km y comer migas con huevos fritos con todo el pueblo… pues nada, no parecía que hubiera un plan mejor, así es que… allá que nos fuimos los cuatro a correr y a comer, pasar un rato con los amigos y a que los niños se divirtieran.



En fin, llegamos a Yuncler y allí estábamos todos, el grupito de entreno de Joaquín al completo, César, Cristian, Fran, Javi, Mario, Noelia, también el cuñao Alfre y yo, con toda la familia al completo, así es que, quisiera o no, tenía que intentar disfrutar de esa carrera y bueno, darlo todo hasta donde pudiera, porque básicamente no sé hacer otra cosa… yo si compito, compito y si no… me quedo en casa. Después del ratillo previo de calentamiento y demás, unas risas, unas charletas… nos pusimos en la salida intentando mitigar el frío entre la gente, hasta que se produjo el disparo de salida y ¡a correr!. Yo salí a mi ritmo, por delante de los chicos, pero sin ninguna intención de nada, sabía que me adelantarían en breve, así es que, simplemente intenté poner ”mi ritmo de crucero” independiente de ellos que irían mucho más rápido y olvidarme un poco de por dónde irían para no agobiarme. Así fue, en la primera cuesta nada más salir, me empezaron a adelantar todos… qué dura se me hizo, 200 m de subida para luego bajar un poquito, llegar a la iglesia del pueblo y volver a subir una pequeña cuesta, de ahí… son otros dos km de cuesta tendida, no muy pronunciada pero sin descanso. Ya iba mal de respiración, me ahogan las cuestas y en ese momento, me alcanzó Cristian que al final, vendría conmigo toda la carrera. Se me hizo difícil la primera vuelta, pero bueno… tras la subida, un descenso que te permite recuperar aire y luego un poco de llano hasta la meta. Ahí estaba la primera vuelta, no sé ni al ritmo que iba, pero estaba cansada y encima, sabía lo que me quedaba aún, un sube-baja constante nada fácil. Sin embargo al pasar oigo ”¡tercera mujer!” y eso me anima, pero más aún me animan los gritos de mis amigas “¡venga Raquel!”, de nuestros chiquillos y chiquillas, oigo hasta un “¡vamos Wonder!” que me hace reír, pero sobre todo de mis pequeños “¡venga mami!”, entonces aprieto puños y dientes, levanto la cabeza y me digo, “venga, a por la segunda vuelta, vamos a mantener el ritmo y al menos, intentemos no perder la posición”.

 

Y así, con todo y con eso, con la ayuda y los ánimos de Cristian que fue regulando y controlando la carrera con respecto a otras chicas… fuimos pim pam, pim pam subiendo y bajando, asfixiada y con un dolor de piernas considerable. Reconozco que los últimos dos km se me hicieron duros, a pesar de ello intenté incrementar el ritmo porque Cristian iba tirando de mí y mi máxima obsesión era no perder puestos, me daba igual el tiempo, pero ya que estaba allí y que tenía la posibilidad, no quería que se me escapase de las manos… así es que, di todo lo que pude y lo hice lo mejor que pude. Iba algo nerviosa porque veía a Cristian mirar para atrás, no me decía nada, lo que no sabía era si habría alguna otra chica cerca, pero no me atrevía a mirar para atrás, así es que sólo corrí más y más, hasta que al final en los últimos metros vi ya la gente cerca de la meta, de nuevo vi al señor que “preanunciaba” que era la tercera mujer haciendo el gesto con los tres dedos y por fin la meta… apreté en un último sprint, pasé y oí por megafonía mi nombre y mi resultado. Fue fantástico recibir a todos los chiquillos abrazándome y dándome la enhorabuena, “¡campeona! ¡tercera!”, “¡mami has ganado!” con sus besos y abrazos emocionados… y al resto de amigos y amigas, también dándome la enhorabuena, gracias a todos por esos momentos porque en verdad que no es para tanto. Y gracias por supuesto a Cristian me acompañó, animó, me guió y fue dándome conversación para que se hiciera más liviana, fue un placer.



Después de ahí, pues lo normal, disfrutamos de unos riquísimos huevos fritos que habían preparado para todo el pueblo, las migas ni las vimos (debieron comérselas los espectadores), cerveza y refrescos, risas y preguntas, la chiquilla de César diciéndome “ahora sé por qué te llaman Wonder”, lo cual me hizo mucha gracia, Bruno corriendo después, Lola sin despegarse de mí como loca y como no… la subida al pódium, por dos veces, tercera de veteranas con copita incluida y tercera de la general (mismo pódium por cierto) con copón y chorizaco incluidos. Ahí están las fotos de rigor, entre ellas con el subcampeón mundial de 1.500 m José Luis González Sánchez que estaba entregando los premios.





La mañana terminó comiendo y bebiendo en un bar en Yuncler con todo el equipo, después nos fuimos a casa para descansar un poquito, para después ir a la Cabalgata de Reyes Magos con los niños y finalizar el día con la merienda típica de mi cumpleaños. Unos celebran sus 40 años con fiestas a lo grande, otros con algún viaje, otros quizás ni lo celebren… yo simplemente ese día corrí y luego no hice nada especial, sino lo que hago normalmente, en casa con la familia una merienda… “deseos pedidos y velas apagadas” ahí queda la celebración de mis 40 años, ahora a esperar a que lleguen los Reyes Magos.






viernes, 17 de enero de 2014

San Silvestre Vallecana Internacional 2013

Bueno, bueno, bueno… ¡vaya retraso el mío! Fin de año, comienzo de año… ¡Navidades de por medio y Año Nuevo!
En resumen, que ya casi ni me acuerdo de estas semanas porque lo cierto es que han estado llenas de sensaciones, algunas carrerillas, entrenos, bajones, regalos, fiestas, etc. etc. etc.
En mi última entrada os contaba ese “pequeño estreno” de temporada con el cross en las Rozas, pues bien… a este estreno, le siguió la ya mítica y tradicional despedida de año corriendo la San Silvestre Vallecana, este año de nuevo en su versión Internacional.


Así pues, tras la competición, retomé la siguiente semana con los entrenos allá como pude, entre nervios y tensión… no consigo saber por qué esta carrera me estresa tanto, si al fin y al cabo ni me juego nada, ni voy a conseguir nada pero lo cierto es que no consigo disfrutar de ella al 100%. Al final creo que es una de las pruebas más claras en las que mido mi esfuerzo, mi trabajo y por lo tanto, el resultado obtenido… es la prueba que me lleva a un enfrentamiento real conmigo misma, porque es la prueba que año tras año marca la pauta de mi evolución como corredora; entonces cuando pienso que el resultado puede ser peor que el año anterior, mi cabeza empieza a decirme que he llegado a mi tope y que por lo tanto, el camino ha llegado a su fin y que ya no existe ningún sentido por el que seguir. Pero esto, lógicamente son mis elucubraciones, mis conclusiones, etc… que pueden o no ser reales, certeras o simplemente, paranoias mías, por aquello de ir poniéndome la zancadilla una y otra vez.
Dicho lo cual, la semana anterior a la carrera, del 23 al 30 de diciembre de 2013, los entrenos fueron algo caóticos y salieron de aquella manera, pues no conseguí ceñirme al plan de ninguna de las formas: prácticamente no hice calidad salvo algunos cambios de ritmo y un día de potencia aeróbica que me dejó KO, bloqueada, con muy malas sensaciones, poco más y carrera continua. Así es que, de esta guisa… poco podía pretender. Si lo físico no había acompañado, lo mental era aún peor, mi cabeza no estaba o más bien estaba “out”, pero si me había inscrito, había que hacerlo.
Llegó el día y todo tranquilo, ese día ya de vacaciones es de relax total, haces las pocas cosas por la mañana que te apetecen y te preparas para la noche. Es cierto que me da mucha pereza esta versión de la San Silvestre, es muy tarde, hace frío, sabes que llegas casi con la hora “pegada al culo” para cenar, el ambiente cuando llegas al Bernabéu es casi desolador, mientras desmontan todo lo referente a la popular, poca gente, unos 800 corredores que además sabes que irán delante de ti, en fin… un mogollón de ventajas. Pero bueno, íbamos varios amiguetes, nos veríamos allí en la salida y luego… pues poco más porque cuando llegas al estadio de Vallecas no te quedan ni ganas, ni tiempo para más. ¡Eso sí! al menos yo este año corría con compañía y es que durante toda la carrera me acompañó mi “salao amigo” gaditano Aníbal, que me fue animando y llevando el ritmo durante toda la carrera… ¡gracias guapísimo! En verdad que disfruté de ello muchísimo, a pesar de lo jodida que iba, je je je.


En fin, en resumen… salida bastante controlada, después de un calentamiento por los alrededores del Bernabéu, con los amigos, las bromas y unas risas… empecé a correr. La primera subida siempre se hace un poquito rápido por aquello de que es la salida y de verdad, eso se paga porque llego a Serrano tocadilla. Pero ahí ya había hecho un grupeto con varias chicas, a la cola de la carrera y más o menos, pim pam, pim pam… fui manteniendo el ritmo, al menos eso creo porque no suelo mirar el crono mientras corro, pero era mi sensación. Mientras Aníbal iba diciendo “¡si seguimos a este ritmo, hacemos 41’!”, pero yo no las tenía todas conmigo y mis sensaciones no eran muy buenas. Intenté controlar la respiración, me notaba muy justita y las piernas me molestaban bastante, no iba cómoda, oía comentarios como “los últimos serán los primeros”, no me sentía ligera ni motivada, pero con todo ello, llegué hasta la Puerta de Alcalá. Hasta entonces la animación había sido justita, pero aquello fue todo un espectáculo, iluminada como nunca, un grupo de góspel cantando y mucha gente. Eso sí anima y te sube un poquito la moral, pero mis sensaciones eran que iba justita a pesar de que quedaba el mejor km de bajada y también los peores de subida, en ese punto prácticamente dejé al grupo de chicas con las que iba. Así fue, llegamos a Cibeles, Neptuno, Atocha y por fin empezamos a bajar por Avda Ciudad de Barcelona, donde la gente te hace pasillo y te sientes fuerte, escuché a Gonzalo animarme y entonces, corres como nunca y te dejas todo, hasta el punto de que luego lo ganado, lo pierdes. Justo al pasar bajo el puente de Vallecas, el grupo que allí estaba tocando se despedía, era su última canción y a la vez, eran mis dos últimos km… ¡lo peor! Y es que allí, la gente ya no te es suficiente, aunque te animan por todo lo alto y el griterío es espectacular, tus fuerzas están mermadas, las piernas duelen mucho, no puedes más y tus pensamientos se intercalan entre llegar y abandonar.
Son dos km infernales, entre giros, subidas, algún repechito que te deja respirar, no ves nunca el final y a pesar de que quieres correr, no puedes. Aníbal me iba animando, intentaba sacar todo lo que quedaba de mí, pero yo me resistía al esfuerzo, sin embargo, en esos últimos metros conseguí adelantar a un par de chicas, eso te da fuerzas pero las piernas duelen. Por fin el último giro y ya ves el estadio, por fin las vallas que lo rodean, por fin la entrada y la alfombra verde, allí está la gente en las gradas, allí está el arco de meta, el césped, los últimos 200 o 300 m, no lo sé y aprieto, mi último sprint y entro, junto con Aníbal… y veo a Mario, como siempre esperando mi llegada, veo al resto de amigos y veo el crono… 43’29’’, ¡qué decepción! casi un minuto peor que el año pasado… y entonces pienso, “¿será este el final? ya está, no puedo mejorar, se acabó” y me recorre una rabia por todo el cuerpo.




Lo cierto es que me duró poco porque como despedida nos hicimos unas fotos allí en el pódium, nos deseamos feliz año y a otra cosa mariposa… ¡para casa y a por las uvas! ¿y mañana? Ya veremos qué pasa mañana.
¿Y al año que viene?

jueves, 26 de diciembre de 2013

I Cross de Navidad PÁRIS-MIACUM

¡Al fin! Esta semana ha llegado ese estreno, ese primer cross de la temporada, aunque no haya sido un “cross al uso”, típico y habitual con mucha gente compitiendo, con la adrenalina a tope, con esa sensación de nervios… ha sido algo diferente, pero en fin.


Semana del 16 al 22 de diciembre de 2013: para empezar no es que haya sido una semana muy guay, lunes y martes en “el dique seco” por motivos varios, así es que, me quedaba poco más que hacer el resto de días. Un día para un entreno de cambios de ritmo y otro en el que pude hacer circuito de fuerza y 10 km… el viernes un trote de 30’ y al final, el sábado el cross, terminando la semana con 13 km de carrera continua para soltar la tensión del día anterior.
Ahí voy, intentaré no enrollarme mucho… empecé la semana con tanto ajetreo y sin poder casi entrenar, que lo cierto es que el sábado me notaba bastante cansada y casi sin ganas de competir. Aún así, nos levantamos, no parecía un día muy frío y estaba algo soleado, nos fuimos dirección a correr este primer Cross de Navidad organizado por los clubes Páris y Miacum en la Dehesa de Navalcarbón (Las Rozas).
Al llegar se veía el ambientillo, se estaban celebrando las carreras de las categorías inferiores y lo cierto es que no parecía que hubiera mucha gente, pero sin embargo me encontré con dos de mis excompis del Canguro a las que me alegró mucho ver. Después de los saludos, recogimos los dorsales y nos dispusimos a calentar mientras reconocíamos un poco el circuito. ¡Dicho y hecho! Empezamos a rodar por el circuito en compañía de nuestro amiguete Jose Luis que andaba por allí entrenando y la verdad, fue en ese momento cuando empezaron a entrarme todos los nervios y las dudas al respecto de qué hacía yo allí. Después de unas semanas bastante de bajón y cansada, no me veía con las fuerzas para afrontar ese cross que ciertamente no era nada fácil. Es un cross que discurre en un fantástico entorno entre pinos y de terreno quebrado, pero ofrece un circuito exigente y duro, con cuestas largas llenas de trialeras, muy revirado y el terreno, en esta ocasión estaba bastante seco, con lo que no hicieron falta los clavos. Así es que a medida que iba subiendo y bajando cuestas, me iban temblando más y más las piernas, me estaba pareciendo demasiado duro y empezó a faltarme el aire hasta que me dije: “qué más da Raquel, estás aquí, es un lugar bonito, es el primero, no hay casi gente, salga lo que salga tómalo como un entreno, corre, da todo lo que puedas y disfruta”. Y eso fue lo que intenté, simplemente correr.
Después del calentamiento, un poquito de técnica de carrera, unos progresivos y a la línea de salida… no soy capaz de describir la sensación del momento porque por un lado estaba nerviosa pero por otro, estaba un poco en plan pasota, así es que sonó el disparo de salida y casi sin darme cuenta, me puse a la cola del grupo intentando regular. Creo que prácticamente fuimos juntas todas las chicas el primer km, a partir de ahí ya se hicieron los grupos, en cabeza iban las Canguras y yo intenté quedarme en algún grupo pero me fue imposible… las chicas se dispersaron mucho y al final, casi corrí sola (lo cual tampoco era difícil debido a las poquitas que éramos). Empecé a adelantar algún puesto en las subidas, precisamente esas que tan duras me parecieron y recorté en alguna bajada, pero iba sin aliento, me faltaba el aire y las piernas no me daban mucho, el estómago lo tenía fatal con ganas de vomitas (el desayuno no me había sentado muy bien, creo que voy mejor cuando apenas como), entonces… me acordé de mi primo y le dije “lo siento primo, esta no va a ser mi mejor carrera pero salga lo que salga, será por ti” y de repente me sentí algo más ligera. Pero aún así, no me notaba yo muy metida en harina y prácticamente sola fui bajando, subiendo, llaneando hasta que a unos 300 m, escuché por megafonía como entraban mis dos amigas… ¡enhorabuena chicas otra vez, muy buena carrera la vuestra!


Llegué a meta, en un último esfuerzo apreté un poquito más para tener la sensación de haberlo dado todo, pero lo cierto es que no me sentí así… no me sentí como en esas otras veces que no puedo apenas respirar, que casi no puedo sostenerme en pie porque tengo las piernas cargadas, no… no me sentí satisfecha con el resultado, independientemente del puesto (eso me daba igual), era mi sensación de no haberlo dado todo, era mi sensación de estar allí “de pasada”, era mi sensación de haber perdido el tiempo.
Finalmente felicité a mis amigas y me fui con ellas a trotar un poco para soltar, tras una agradable charlilla, vimos la prueba de Mario y cómo había sufrido lo suyo… ¡bien por ti Mario, tú sí supiste darlo! Y después de eso, terminé con él trotando unos 5 km más.
Al final quedé la tercera de mi categoría, subí al pódium pero con la sensación de no ser merecido, casi hasta me daba vergüenza subir, pero… al final, fue por y para él. Y lo divertido, en representación de las ganadoras, subió un Canguro a recoger ambos premios.